24 Oct 2018

Si nos movemos, lo cambiamos todo

Han pasado ya 10 años desde el estallido de la última crisis financiera mundial. Desde entonces, hemos visto un deterioro acelerado de los derechos humanos en todo el planeta y muchos pasos atrás en la sostenibilidad medioambiental.

Pero la crisis financiera no es la única responsable de un sistema enfermo: mientras la economía mundial creció en un 75%, también lo ha hecho la desigualdad en este mismo período. El 1% más rico de la población mundial tiene ya más riqueza que el 99% restante. 8 hombres multimillonarios acaparen la misma riqueza que la mitad de la población del planeta, 3.600 millones de personas.

En 2017 los beneficios de las empresas en nuestro país se incrementaron casi un 11%, cien veces más que la subida de la nómina media por trabajador, que solo creció un 0,1%, y el 26,6% de la población estaba en riesgo de pobreza y exclusión.

No podemos permanecer impasibles. No nos lo podemos permitir.

A pesar del fin macroeconómico de la llamada crisis, España es el cuarto país más desigual de Europa y el 70% de los hogares afirmaba que no estaban notando la recuperación. Incluso tener un trabajo ya no es garantía digna y hay gente que tiene que decidir en invierno si enciende la calefacción o come.

Sabemos que las causas de las desigualdades, de la pobreza, y del deterioro del planeta tienen responsables. También reconocemos que como ciudadanía tenemos un papel importante en construir un presente y un futuro que se base en los derechos, y en el que las personas y el planeta estén por encima de los intereses corporativos.

Gran parte de la ciudadanía, reunida en colectivos y organizaciones feministas, sindicales, de cooperación, ecologistas, mareas, etc., llevamos muchos años de movilización y de denuncia sectorial. No podemos hacerlo solas: si queremos producir un cambio, tenemos que actuar conjuntamente por los principios que queremos.

Este año, una vez más, nos movilizamos y hacemos un llamamiento a la sociedad para que se movilice hasta lograr medidas concretas y efectivas contra la pobreza y la desigualdad. Si nos movemos cambiamos todo.

El próximo 27 de octubre tendrán lugar grandes movilizaciones en todo el Estado, en ocasión del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y la Exclusión Social y sus causas. Queremos que no se quede nadie atrás, y queremos conseguirlo mediante:

  • La redistribución de la riqueza
    La conquista de derechos
    La recuperación del planeta y
    Una vida digna para todas y para todos.

Súmate a las movilizaciones que se convocarán en todo el Estado el próximo 27 de octubre de 2018. En Madrid, la manifestación partirá desde Atocha.

Más información: https://cambiamostodo.wordpress.com/


23 Oct 2018

Romper con la desigualdad para acabar con la pobreza

El acuerdo firmado por el Partido Socialista y Unidos Podemos para aprobar los Presupuestos Generales del Estado incluye una serie de medidas que tratan de paliar la vulnerabilidad económica y las privaciones materiales en las que viven más de la cuarta parte de la población española. Una pobreza que se enquista en España pese a la mejora de la economía: durante los años de crisis, han aumentado los hogares en los que se pasa frío y se consume menos carne de lo necesario para garantizar una correcta alimentación, según recoge el Informe sobre el Bienestar Económico y Material, de la Fundación La Caixa. La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN) profundiza en esta radiografía y señala que 3,2 millones de personas viven en nuestro país con menos de 335 euros al mes, lo que se denomina pobreza severa. Dan también la voz de alerta acerca del aumento de la brecha de pobreza, la cantidad de dinero que tendría que ingresar una  persona pobre para dejar de serlo.

Que se hayan acordado medidas para luchar contra la pobreza en España es, sin lugar a dudas, una buena, muy buena noticia. Ahora bien, entre las medidas acordadas por los partidos progresistas, no se recoge ni una sola que hable de la cooperación para el desarrollo como herramienta para ayudar a reducir la pobreza en otros países. Así lo han puesto de manifiesto varios diputados en la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, en la Comisión de Cooperación del Congreso de los Diputados. Le recordaron las palabras de Pedro Sánchez el pasado 17 de julio cuando, enumerando los retos en el ámbito internacional, afirmó que iba a “fortalecer y recuperar la política de cooperación al desarrollo como elemento definitorio de la política exterior de España”. Obras son amores y no buenas razones sentencia el refranero castellano, lo que traducido al lenguaje político sería que la voluntad se demuestra en los presupuestos, cosa que no ha pasado. Al menos de momento.

Sin recuperar la política de cooperación, la más recortada por las administraciones durante la crisis, será utópico que España contribuya a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que, en su meta 17.2, recuperan la incumplida demanda de Naciones Unidas para que los países más adelantados destinen al menos el 0,7% de su ingreso nacional bruto a la Ayuda Oficial para el Desarrollo. ¿Se acuerdan cómo acampamos a mediados de los noventa en muchas ciudades para pedirlo? Sigue sin cumplirse. A pesar de que, según Eurostat, más del 90% de la ciudadanía española lo reclama.

Paradójicamente, mientras la economía mundial crecía en un 75% en las dos últimas décadas, hay más de 1.300 millones de personas que viven en pobreza y casi la mitad de estas en pobreza severa. Ello significa que se están quedando rezagadas en ámbitos como la salud o la educación primaria y con graves carencias en el acceso al agua potable, el saneamiento, o a una nutrición adecuada. Y lo que es aún más grave, la FAO ha alertado de que, en 2016 y 2017, se han incrementado las personas que pasan hambre en el mundo hasta alcanzar los 821 millones. Este aumento invierte la tendencia de años anteriores.

En los últimos 20 años también siguió creciendo la desigualdad. El 1% de las personas más ricas del planeta han incrementado sus ingresos hasta alcanzar situaciones tan obscenas como que ocho hombres multimillonarios acaparen la misma riqueza que la mitad de la población del planeta (3.600 millones de personas). El 1% más rico de la población mundial tiene ya más riqueza que el 99% restante. Si no rompemos con la desigualdad será imposible revertir la situación de pobreza en el sur global. Y en la mayor parte de los casos, la pobreza y desigualdad tienen caras de mujer.

El sistema no funciona correctamente, de manera magistral lo explica el Papa Francisco con solo tres palabras: “Este economía mata”. Por eso, en torno al Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, el 17 de octubre, las personas, movimientos y organizaciones que impulsamos Pobreza Cero hacemos un llamamiento a la sociedad para que se movilice hasta lograr medidas concretas y efectivas contra la pobreza y la desigualdad. Nos mueve el convencimiento de que si nos movemos, cambiamos todo. Como dice la activista guatemalteca Lolita Chávez, “apostamos por un sistema que defienda un modelo propio de desarrollo que ponga la sostenibilidad vida, la naturaleza y la determinación de los pueblos en el centro frente al modelo neoliberal”. Aspiramos a vivir en un país más decente en un mundo más justo, sostenible, inclusivo y solidario.

Andrés R. Amayuelas, Presidente de la Coordinadora Estatal de Organizaciones de Cooperación para el Desarrollo



8 Sep 2018

Frente a la historia única, letras y voces para configurar el mundo

¿Qué pasaría si estuviéramos condenadas a una existencia de historias únicas, de falta de opciones, de falta de medios para generar y encontrar alternativas? ¿Qué pasaría si careciéramos de la habilidad para leer el mundo?

Contaba Chimamanda Adichie, escritora nigeriana y excelente narradora de historias, en El peligro de la historia única, conferencia que se ha convertido en una charla TED de referencia, que conocer un solo punto de vista, una realidad incompleta, una sola idea de la sociedad o de las personas, nos lleva a ver la realidad deformada desde visiones parciales basadas en estereotipos.

“La consecuencia de la historia única es que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana y enfatiza nuestras diferencias en lugar de nuestras similitudes”.

En el mundo complejo y desigual en el que vivimos, marcado por los discursos sesgados y dominantes que se expanden y erosionan la convivencia, la importancia del acceso a las historias -a la pluralidad de historias, contadas desde diversos y ricos puntos de vista- se ha convertido en una herramienta crucial para ampliar nuestra visión del mundo.

El acceso a la información y la capacidad analítica y crítica que invita a querer conocer más es la clave para conseguir una ciudadanía global consciente y comprometida que amplíe el imaginario colectivo y confronte las historias incompletas. El elemento habilitador de esta tan importante capacidad se encuentra en la educación, una educación de calidad, equitativa, inclusiva y a lo largo de toda la vida, orientada a generar una ciudadanía crítica y transformadora.

Ante la urgente situación de las 750 millones de personas jóvenes y adultas y 250 millones de niños y niñas que no han conseguido adquirir las capacidades básicas de cálculo y lectoescritura, la alfabetización, entendida en su sentido amplio como derecho de las personas y medio de identificación, comprensión, interpretación, creación y comunicación en un mundo cada vez más digitalizado, se erige como primer paso en este camino.

La alfabetización, tal y como defiende la UNESCO, se sitúa como base para alcanzar el desarrollo sostenible mediante la promoción de la participación de las personas en su sociedad, la mejora de la salud y la alimentación de los niños, niñas y familias; la reducción de la pobreza y el incremento de las oportunidades de desarrollo durante toda la vida.

Por todo ello, la Agenda 2030 suscrita por la comunidad internacional para alcanzar el desarrollo sostenible en los próximos años contempla, en su Objetivo 4, la necesidad de garantizar el derecho a esta educación y brinda por ello una excelente oportunidad para que gobiernos y sociedades en todos los países del mundo se orienten a su consecución.

Debemos seguir por tanto trabajando para garantizar que todas las personas que no están ejerciendo este derecho humano básico tengan la posibilidad de acceder a una educación de calidad, que capacite y de acceso a las herramientas necesarias para vivir una vida digna. Tenemos que seguir trabajando para que las historias únicas se conviertan en historias variadas, diversas, amplias y completas a la que todas las personas, por el hecho de serlo, tengan acceso.

Por Clara Senent, Entreculturas


5 Jun 2018

Y a pesar de todo, ¡persistimos!

La cooperación suele ser noticia para desacreditarla, para atribuirle corrupción, por un supuesto escándalo o para justificar su desaparición. Difícilmente encontramos espacios para explicar logros y cambios reales en la vida de millones de personas. La semana pasada Oxfam Intermón publicó los datos oficiales de la cooperación española en su web de la Realidad de la Ayuda. Un año más, podemos certificar lo lejos que estamos de los compromisos adquiridos.

Hace tiempo que la cooperación para la mayoría de ONGs dejó de ser una inyección de dinero en países empobrecidos. Hace tiempo que la cooperación ha dejado de ser sólo transferencia de recursos económicos y humanos entre países ricos y pobres. Las evaluaciones y los datos que continuamente recogemos las entidades nos demostraron hace ya muchos años que la cooperación no puede basarse sólo en proyectos y dinero (aunque son necesarios y que los que hemos gestionado, los hemos utilizado de la mejor manera posible).

Explicar que pasa realmente lejos de casa, pedir cambios en leyes y decisiones políticas e interpretar la realidad pensando en el 99% de la ciudadanía son también decisivos en la labor de las ONG.

Un ejemplo: en el informe “Ilusiones fiscales” de Oxfam Intermón se dice que del 100% del dinero que se “pierde” en África, un 5% es por corrupción, un 30% por negocios ilícitos y un 65% por elusión y evasión fiscal. Este 65%, en volumen, duplica casi toda la ayuda de todos los países del mundo a África. Es decir, lo que deberían tener por justicia, duplica lo que les damos por generosidad.

Este dato y muchos más en el mismo sentido, hace que entidades como VSF por ejemplo, este explicando que consumimos más azúcar de lo que necesitamos, que los ecologistas reclamen más consumo de proximidad y comercio justo, que GRAIN denuncie el acaparamiento de tierras, y que la Mesa por Colombia denuncie las intervenciones de una empresa privada catalana al puerto de Buenaventura. En Oxfam Intermón nos lleva a estar luchando contra los paraísos fiscales, para poder tener una fiscalidad justa como herramienta para luchar contra la desigualdad. No se puede juzgar y seguir recortando y desacreditando la cooperación por sí sola, sin analizar la escena internacional y las injustas y desiguales relaciones mundiales.

A pesar de ello, sólo hablando de Oxfam Intermón, hay 19 millones de personas que en 90 países les ha cambiado la vida. Se ha revertido su situación como un calcetín gracias a que la cooperación, combinada con su iniciativa y su esfuerzo, les ha dado una oportunidad que nunca hubieran tenido. Son 19 millones de personas que no volvieron a acostarse dando vueltas a la idea de emigrar o de ser un refugiado. A escala de todas las ONGs del estado español, son 35 los millones de personas a las que llega la ayuda española en 105 países, a pesar de la ayuda oficial del gobierno entre 2009 y 2015 se haya reducido un 73% y se hayan perdido 2.400 puestos de trabajo.

El gobierno español y sus presupuestos desgraciadamente no están dispuesto ni a los cambios de coherencia de políticas que se necesitan ni a invertir los mínimos imprescindibles y comprometidos. Los datos oficiales dicen que lejos del 0,7%, España dedica un 0,17% con unas décimas de incremento sobre el año anterior y teniendo en cuenta que se incluyen en la cifra los gastos de refugiados en nuestro país, tanto de acogida como de “control de la migración”. Mantenemos la reclamación de que los costes de acogida estén mermando los de ayuda en origen y así no conseguiremos nunca dar suficientes oportunidades a los países para que las personas no tengan que migrar a la fuerza. Al ritmo de crecimiento actual de la ayuda, tardaríamos 38 años en llegar al 0,7%. Hecho el análisis con profundidad, los fondos dedicados realmente a desarrollo y acción humanitaria son realmente ridículos.

Nos duele la dejadez, tanto en la coherencia de políticas como en conseguir el testimonial 0,7%. Nos duele el acoso a activistas como Helena Maleno, a personas y entidades defensoras de los derechos humanos, y la ignorancia de la imprescindible coherencia de políticas. Es decir, que lo que hacemos con una mano no lo desmontemos con la otra.

Dejemos de pensar que la cooperación es un intercambio más o menos generoso o solidario de dinero y recursos. La cooperación es un tema de justicia. La cooperación está intentando ir a las raíces de los problemas. La cooperación continúa haciendo proyectos para seguir cerca de quien sufre estas injusticias. Y por eso precisamente sigue siendo imprescindible. Por eso es ahora una voz molesta para gobiernos y poderes económicos.

Si a pesar de todo, 35 millones de personas han podido tener una oportunidad y seguimos siendo una de las pocas voces que proponen soluciones para el 99%, entenderemos porque es necesario seguir defendiendo la cooperación internacional, a pesar de que hagan lo imposible para decirnos lo contrario y desacreditar a sus verdaderos actores.

El camino para llegar al 0,7%, es llegar al 0,4% en el 2020. ¡Exijámoslo!

¿Supondrá un cambio de actitud y de acciones en este tema la llegada de Pedro Sanchez al Gobierno?

Francesc Mateu, Oxfam Intermón


25 May 2018

Koudiadiene sigue esperando

Los intentos de diálogo de comunidades sengalesas con una empresa con participación española que extrae fosfatos en sus tierras y las consecuencias para sus condiciones de vida.

La población de Koudiadiène y de sus comunidades cercanas, en la región senegalesa de Thiès, convive con la mina de fosfatos colindante, herencia de los tiempos de la colonia francesa, desde hace ya más de 70 años. Las diversas operaciones financieras y cambios de accionariado de la explotación no han modificado significativamente la invisibilidad de las gentes que han cohabitado con el fosfato, el polvo y las distintas empresas que han pasado por la zona.

La alta importancia económica y la dependencia del exterior, hace del fosfato una materia prima estratégica para la Unión Europea[1] y su modelo agroalimentario. Esta importancia estratégica, para esta y otras materias primas, está llevando a grandes empresas multinacionales extranjeras a priorizar el acaparamiento de grandes extensiones de terreno. En este complejo entramado de relaciones e intereses globales se enmarca este caso de la localidad de Koudiadiène y su relación con la empresa de capital español SEPHOS SENEGAL S.A., actual explotadora de la mina.

Desde 2015, la Red África Europa Fe y Justicia (AEFJN) y la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario – REDES vienen realizando el acompañamiento a la población de Koudiadiène, recogiendo testimonios y dando a conocer las consecuencias de la explotación para la gente. Se evidencia la falta de empleo, los problemas de salud derivados del polvo omnipresente y la pérdida de superficie cultivable en el entorno cercano al pueblo con las correspondientes dificultades para el desarrollo de la actividad económica tradicional en la zona. [2]

En mayo de 2017 los representantes del pueblo de Koudiadiène, y los responsables de la explotación minera llegaron a un acuerdo, por el que la empresa, a propuesta de sus directivos, se comprometía a una serie de contraprestaciones que pudiesen aliviar la precaria situación de los habitantes de Koudiadiène por el impacto de la mina. Las medidas acordadas respondían a los ámbitos en los que representantes de la población expresaron las demandas de la comunidad: la salud, el empleo, la formación laboral de los jóvenes, la promoción de microcréditos y proyectos productivos y por último, la concertación de un plan integral de medidas ambientales y socioeconómicas de reducción del impacto durante la explotación y de remediación para la zona al final de los trabajos. Se trataba de una batería de medidas que hacían ver la buena intención de la empresa para el desarrollo de sus actividades con la diligencia debida más allá de lo estipulado por la legislación nacional e internacional.[3]

Sin embargo, pasado un año de aquel compromiso los portavoces de la comisión delegada de la población nos trasladan que nada de lo prometido y de la palabra dada por SEPHOS se ha llevado a cabo. Nada.

De acuerdo con las informaciones aportadas por los representantes de la comunidad, las prácticas de la empresa SEPHOS en la explotación minera de Koudiadiène no se diferencian de las de otras empresas extranjeras en Senegal: el inclumplimiento de las medidas previstas en los planes de Impacto ambiental y socioeconómico para paliar los riesgos detectados o la ausencia de un plan de recuperación tras el cierre de la actividad. Se trata condiciones sin las que la explotación no debía haber comenzado pero las autoridades senegalesas dejan hacer. Por otro lado la prometida disminución de actividad de la explotación sobre la que informó la empresa en nuestra visita en 2017, no se está dando. Hecho que se ha aprovechado para la toma de muestras de polvo para su análisis por expertos universitarios involucrados en el acompañamiento a la zona.

Por parte de AEFJN y REDES, hemos manifestado a SEPHOS en repetidas ocasiones nuestro deseo de continuar con el proceso de diálogo en la línea de búsqueda de un ejemplo de buenas prácticas en el desarrollo de una actividad empresarial respetuosa con los Derechos Humanos. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones iniciales, nuestras comunicaciones no están obteniendo respuesta. No obstante, pedimos a la empresa que cumpla sus compromisos y que más allá de la legalidad vigente adopte un sistema de explotación según la diligencia debida que en todo caso garantice los derechos básicos de los legítimos dueños de la tierra.

 

José Luis Gutiérrez – AEFJN

Jaime Palacio Forcat – REDES

[1] Para entender las políticas de la UE sobre las materias primas ver https://ec.europa.eu/growth/sectors/raw-materials/policy-strategy_en

[2] Para conocer en detalle la evolución de ese caso se puede acceder al informe realizado en 2015 por AEFJN y a distintos artículos que describen con una cronología detallada todas las fases de este caso. O bien estos otros:

https://www.redes-ongd.org/index.php/informate/noticias/986-historia-de-samuel-entorno-la-maldicion-de-los-recursos-naturales-en-africa-25-de-mayo-dia-de-africa

http://www.africacuestiondevida.org.es/las-multinacionales-que-extraen-fosfatos-en-senegal-no-cumplen-la-legalidad/

https://www.youtube.com/watch?v=SHtVg92sAg8

[3] Código minero de Senegal y recomendaciones de la FAO