No es momento de callar

Por Francesc Mateu, vicepresidente de la Coordinadora de ONGD

Publicada originalmente en ara.cat el día 1 de agosto de 2017

“No sé si aquello era legal. Pero si lo era, lo que allí pasaba se contraponía con el concepto de humanidad. Lo que hicimos los pasajeros es responder con humanidad”. Estas palabras las dijo Mikel, una de las 11 personas a las que Vueling expulsó de un vuelo a Senegal el viernes 14 de julio, en la rueda de prensa donde lo explicaron unos días después.

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No disparen al pianista

Eso es lo que parecía querer hacer el ministro del Interior cuando hace dos semanas dijo que “hay que concienciar a las ONG de que se está para ayudar y no se está para favorecer o potenciar la inmigración irregular”, acusando a las ONG que salvan vidas en el Mediterráneo de fomentar la inmigración irregular.

El respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de derecho y el respeto de los derechos humanos forma parte de los valores de la Unión Europea, aunque parece que sólo sobre el papel, como se está demostrando con esta crisis de refugio en la que está siendo incapaz de establecer vías seguras para las personas que tienen que huir de sus hogares no arriesguen sus vidas ni sean víctimas de las mafias.

Cada 18 de julio, Naciones Unidas celebra el Día Internacional de Nelson Mandela, un ejemplo de lucha por la justicia, la paz, la libertad y la democracia. Un día que se celebra para recordarnos que cada persona tiene la capacidad y la responsabilidad de forjar un mundo mejor.

En eso estamos miles de personas y de organizaciones en todo el mundo. Aunque las cifras todavía son espeluznantes: En 2016 hubo en el mundo 33 conflictos armados, 87 tensiones y graves desigualdades de género. En el plano positivo, 38 procesos de paz estuvieron en marcha en el mundo durante el año pasado.

Hace unos días volvíamos a mirar con incertidumbre a República Democrática del Congo (RDC) al recibir la noticia de que el gobierno pretende retrasar de nuevo unas elecciones generales que son consideradas como un paso fundamental para que se pueda producir “la primera transición democrática de la RDC”. En respuesta, la oposición está convocando marchas pacíficas para instar al presidente Kabila a dejar su cargo antes de diciembre.

Incertidumbre en un país que parece condenado a la guerra, cuyas consecuencias sufre, como no, la población: 922.000 personas se vieron obligadas a huir de sus hogares en 2016. El mayor número de desplazados internos debido a conflictos en el mundo.

“Que cada vez se den más víctimas civiles en los conflictos, no es un error es un objetivo”, nos decía hace unos meses Carlos Martín Beristain en unas jornadas que organizamos en Burlada. Y es que en los conflictos violentos actuales el control del tejido social se ha convertido en un objetivo militar y la mejor manera de controlar este tejido es controlar la vida de las mujeres.

Como no podía ser de otra manera, en medicusmundi NAM siempre estamos del lado de las víctimas, la población más vulnerable, intentando conseguir mayor justicia social mediante nuestra defensa del derecho a la salud. Esta tarea resulta cada vez más complicada en países como la RDC, donde la inestabilidad afecta a nuestras intervenciones, como comentaba con voz triste nuestro coordinador en RDC. Pero ahí seguimos, intentándolo.

Mandela decía que “la paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la paz es la creación de un entorno en el que todos podamos prosperar, independientemente de raza, color, credo, religión, sexo, clase, casta o cualquier otra característica social que nos distinga”.

Violencia, por tanto, no es solo empuñar un arma. Hay muchas formas de violencia, entre ellas la pobreza y la desigualdad social. En eso, lamentablemente, somos campeones en España: hace poco hemos sabido que nuestro país es el cuarto por la cola dentro de Europa en el Índice de Justicia Social, uno de los indicadores que ha elegido Naciones Unidas para evaluar el ODS 10, el que se refiere a la reducción de las desigualdades.

Un día para recordar, pero también para hacer, para recordarnos que la desigualdad es efecto de nuestras acciones y que por eso precisamente podemos darle vuelta y empezar a construir un mundo mejor donde nadie se quede atrás. Es nuestra responsabilidad.

¡Gracias Madiba!

Por Fran Vega, medicusmundi

Solidaridad y concordia

El pasado día 21 de junio se dio a conocer el fallo del Premio Princesa de Asturias a la Concordia y, para sorpresa e indignación de muchos, recayó en la Unión Europea. Una vez conocida la noticia, en las redes sociales, no sólo de nuestro entorno, sino a nivel nacional, hubo una reacción casi unánime de todos los grupos, asociaciones, ONGD y personas particulares manifestando un gran malestar  por la decisión del Jurado. Tan siquiera imaginar que tampoco en estos campos existe la claridad y la trasparencia y que puede haber  intereses de cualquier tipo menos los auténticos, realmente da escalofrío. No puede ser que caigamos tan bajos, que devaluemos tanto la convivencia y la concordia y que en aras de “bienes mayores” sacrifiquemos los valores, que imagino, movieron a la creación de estos premios.

La etimología latina de concordia (con, junto; cor cordis, corazón) un mismo corazón o con un mismo corazón y su significado más conocido como conformidad, acuerdo, convenio,  invitan al trabajo conjunto, a una convivencia agradable, a la búsqueda del bien común con unos mismos objetivos, acordados, conveniados que buscan el bienestar de la mayoría, una sociedad menos injusta, un planeta más habitable, una apuesta por los empobrecidos y menos favorecidos y a favor de los sectores más  vulnerables.

¿Qué tipo de sociedad es la que, en las últimas décadas, nos ha ofrecido la Unión Europea? ¿Qué tipo de sociedad puede ser aquella que llena de “bienestar” y placeres de todo tipo a  unos pocos a costa del malestar, del sufrimiento, de la carencia de casi todo de las inmensas mayorías? Las políticas austericidas de la Gran Estafa (la mal llamada crisis) han causado y continúan causando daños irreparables, en muchos casos, a grandes sectores de la población en la educación, en la salud, en la justicia, en la devaluación de los Derechos, de la política y la democracia. Y esto dentro de las fronteras del mundo occidental cristiano. Si miramos fuera de nuestras fronteras -bunquerizadas-, hasta el Papa Francisco ha calificado las políticas de la UE como de “vergüenza”. ¡Cuánto sufrimiento! ¡Cuántos millones de seres humanos, tratados peor que  animales, han sido abandonados y desposeídos de sus Derechos! No se ha construido la Europa de los ciudadanos. Nos dirán que Europa ha hecho otras muchas cosas en beneficio de la comunidad: paz, seguridad, bienestar y eso será verdad para pequeñas élites y sus palmeros, pero es mentira para la mayoría de los ciudadanos, esa Europa no sólo no nos representa, sino que, incluso en ocasiones, va en contra de los valores de la misma sociedad europea.

Pues bien, con estas credenciales, mínimamente esbozadas, ha sido suficiente para que el preclaro y prestigioso jurado  le haya otorgado el Premio Princesa de Asturias a la Concordia 2017 a la Unión Europea. Sinceramente, creo que es fácil entender el porqué del malestar y la indignación de amplios sectores de la población mundial. ¡Qué descrédito para el Premio! ¡Y qué descrédito para una Institución tan prestigiosa”. Seguro que quien pierde -si es que se puede perder más- es la llamada “Marca España”, la “Marca Europa” hace varios años que se perdió.

Además de la UE había otras 27 candidaturas, entre ellas, ACOES, propuesta por el Embajador de España en Honduras. SOLMAN tiene la suerte de venir trabajando con esta ONGD hondureña prácticamente desde sus inicios, más de veinte años. Su lema es “Colaboración y Esfuerzo”, centrada fundamentalmente en la educación, tanto reglada como informal, pero, de una manera muy remarcada, con la población más desfavorecida y vulnerable de las zonas más empobrecidas y expuestas a la “intemperie”. Toda persona que recibe una ayuda, debe ayudar a otros. Actualmente tiene escolarizados a unos 10.000 alumnos y, en total, reciben apoyo alimentario unas 50.000 personas.

Y lo mismo que ACOES las otras candidatas al prestigioso Premio desarrollan actividades dignas de reconocimiento y merecedoras del mencionado galardón. Por supuesto que sólo una puede ser la elegida, pero qué pena que no haya sido con criterios de objetividad. Desde la humildad de nuestra ONGD pedimos a la organización del Principado que esté más atenta a las realidades del mundo y a tantas personas e instituciones no politizadas y sin intereses que no respondan realmente a los valores de humanidad, solidaridad, empatía y Concordia. Esa es la Europa y el mundo que queremos los ciudadanos.

Lucio García, Presidente de Solman

¿Qué quiere esconder, Sr. Zoido?

Francesc Mateu (@frmat) – Vicepresidente de la Coordinadora de ONGD – Artículo publicado originalmente en Ara

Conocemos sobradamente la capacidad de algunos políticos de dar la vuelta a la realidad. Lo vemos a menudo y especialmente en según qué temas. Pero a pesar de que esta práctica es habitual y diaria (que no normal), las declaraciones de hoy del ministro Zoido, han traspasado los límites de la lógica y de la vergüenza. Basta!

El ministro ha afirmado: ” Hay que concienciar a las ONG que se está para ayudar y no está para favorecer o potenciar la inmigración irregular “. Y se ha quedado descansado. Lo ha dicho entrando a una reunión en Bruselas y por tanto no son declaraciones improvisadas.

¿Que deja en el subconsciente esta frase?

Lo primero que deja en el subconsciente es que son irregulares. No Sr. Zoido, NO. La gente que huye de un conflicto o una guerra estando amparados por la convención de Ginebra y no son irregulares. Otro tema es que España no cumpla sus obligaciones legales y no respete la legislación internacional. Pero NO son irregulares.

La segunda es que insinúa que las ONGs potencian la inmigración porque ayudan a los que vienen. Dicho así ignora y oculta deliberadamente la multiplicidad de causas que generan el desplazamiento humano para dejar como causa principal a las ONG. Y eso es una falacia. Detrás la afirmación esconde todas las causas y esconden también todas las responsabilidades directas de España entre las que se encuentra la venta de armas a países que no respetan los derechos humanos, el efímero y discreto paso español por el Consejo de Seguridad, la dejadez de política internacional, el nulo trabajo por un mundo en Paz y un largo y triste etcétera de razones.

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¿Y que más esconde esta frase?
Oculta el flagrante incumplimiento de los compromisos de acogida de personas refugiadas que tenía el Gobierno Español. España ha acogido sólo un 8,6% de las personas refugiadas comprometidas y sólo faltan 81 días para que se cumpla el plazo de los dos años que tenía. Y esconde los esfuerzos que hacen para que la UE les rebajen la cuota con la excusa de que no es posible. Canadá en tres meses reasentó a 32.000 personas. Por tanto es evidente que las excusas no se aguantan por ningún lado. Son exactamente los tres meses que le quedan al gobierno, y la demanda concreta que hacen 280 entidades con el contador de #VenidYa

Lo segundo que oculta son todas las trabas legales que pone el Estado español para que lleguen las personas. Es prácticamente imposible llegar legalmente en España. Y así como las causas que provocan el desplazamiento son multifactoriales, las causas de “como” viajan son todas imputables a esta razón. Y este es el verdadero motor de todas estas aventuras inhumanas que vemos. Y es el talón de Aquiles que les quita cualquier legitimidad a la hora de defender la legalidad. Si la legalidad la tienen secuestrada, no podemos exhibirla como bandera de igualdad y exigencia.

Ocultan también la valla de Ceuta y Melilla, las cuchillas, los probables acuerdos con Marruecos para que aleje las personas de la valla, las devoluciones en caliente, los tiros a inmigrantes desde la playa del Tarajal, las condiciones en el CETI, .. y una inacabable lista de vulneraciones de la legalidad internacional (que parecen ignorar sin problemas)

Y esconde también que con el recorte de los fondos de cooperación un 70% ya no trabajan para combatir las causas. Y menos cuando dicen que quieren dedicar una parte importante de lo poco que queda el control de fronteras. Control de fronteras, ni es cooperación ni es trabajar para evitar las causas que generan la pobreza.

Pero no quiero terminar el artículo sin hablar sobre una expresión en concreto, a la que probablemente no damos importancia y nos infiltran hasta el subconsciente. La tenemos interiorizada y ya ni nos escandaliza. Es el término: “Migración irregular”. Estas dos palabras encierran una realidad muy peligrosa. Cuando hemos declarado a alguien como irregular y/o ilegal, hemos conseguido que deje de ser problema nuestro. Nos podemos desentender humana y políticamente de alguien si está al margen de la ley. No se necesitan esfuerzos ni un trabajo extra. Pero no olvidemos de que ese “alguien” es una persona. Y ese alguien es humano y tiene unos derechos por muy “irregular” que sea su llegada. Derechos que le da la legislación internacional y derechos inherentes por el solo hecho de ser persona.

Nuestra dignidad y la suya están íntimamente ligadas. En el mismo instante que ellos pierden la dignidad porque no se respetan sus derechos, nosotros la perdemos si no hemos hecho todo lo posible para que esto no ocurra. No lo olvidemos. Muchos ciudadanos no queremos perder la dignidad como la perdida el ministro.

 

 

Nosotras, personas que habitamos el planeta

Publicado originalmente en futuroencomun.net

El sábado 22 de abril de 2017, Día de la Tierra, se celebró en Madrid el II Encuentro Intersectorial: Pobreza, Desigualdad, Insostenibilidad. El encuentro reunió a distintas organizaciones sociales que trabajan a favor de los derechos humanos y la protección del planeta. La jornada permitió intercambiar análisis, propuestas y enfoques. Pudimos comprobar que existen numerosas experiencias que están construyendo otros modelos de vida que respetan a las personas y a nuestros entornos. Experiencias que tiene mucho en común y que demuestran que juntas somos más fuertes.

En el Día de la Tierra, nosotras, personas que habitamos en ella, nos comprometemos a cuidarnos las unas a las otras y a proteger el hogar común en el que vivimos. Exigimos que las leyes que rigen el mundo se sumen a esta apuesta y garanticen otros modelos de desarrollo, producción, consumo y acción colectiva.

Tomamos conciencia del papel que jugamos para conseguir el “buen vivir” –es decir, una vida digna y en plenitud que se desarrolle en armonía con el planeta que habitamos. Seguimos avanzando para lograr ese buen vivir que garantice la vida digna en cualquier lugar del mundo.

Apostamos por abandonar este mundo de dos velocidades en el que una minoría avanza a costa de dejar atrás a la inmensa mayoría de la población y sus derechos.

Promovemos un modelo basado en las redes de colaboración, solidaridad y cooperación entre los pueblos. Respetamos los territorios y los protegemos; exigimos el fin del uso de los recursos del planeta como si fueran infinitos y estuvieran a libre disposición de una minoría privilegiada.

Reivindicamos el papel de las mujeres en la construcción de otros modelos de colaboración posibles y reales; su contribución diaria al buen vivir, a los cuidados colectivos y al sostenimiento de la vida es crucial.

Prometemos hablar alto y claro para difundir nuestras propuestas y denunciar la violación de los derechos humanos y las agresiones a la naturaleza.

En el Día de la Tierra, nosotras y nosotros, sus habitantes, nos comprometemos a intentar “vivir bien”, sin hacer daño al resto de compañeras de viaje ni al hogar que nos cobija. Y exigiremos que los poderes que rigen el planeta cumplan su parte.