Dice la sabidura popular que toda crisis supone una oportunidad.
Tal vez esta sentencia pueda parecernos manida pero, sin lugar a dudas,
lleva consigo una importante carga de razn.
A estas alturas nadie duda que la crisis est afectando a todos los
sectores de nuestra sociedad ? incluidas las ONG de Desarrollo, algunas
de las cuales
han anunciado recortes de personal en las ltimas semanas. Nadie
debera dudar tampoco, que ese impacto est siendo mucho ms agresivo y
dramtico para las personas ms vulnerables del planeta: hay ms de
1.500 millones de personas que sufren pobreza extrema en el mundo.
El Plan Anual de Cooperacin Internacional aprobado por el Consejo de Ministros
el pasado 4 de marzo, consolida una preocupante tendencia que rompe con
los compromisos asumidos por el gobierno en materia de cooperacin al
desarrollo y que, en ltima instancia, impedir que los objetivos
marcados en la lucha contra la pobreza para 2015 puedan alcanzarse. Los
recortes de ms de 1.000 millones de euros recogidos por este Plan,
conllevan la disminucin de la ayuda en sectores tan importantes como la
educacin, la salud o el acceso al agua y al saneamiento y abren la
puerta a que la cifra de 1.500 millones de personas extremadamente
pobres se incremente.
En los ltimos tiempos estamos asistiendo a un giro en la poltica
de cooperacin al desarrollo que pone en cuestin el papel de las ONGD,
hasta el punto de que, desde diferentes sectores, se insina que
tendramos que pedir a las empresas los recursos para poder desarrollar
nuestro trabajo. Supone esto que en un
futuro dejaremos de ser un actor relevante en la planificacin,
ejecucin y fiscalizacin de la poltica pblica de cooperacin?
Significa que los objetivos de desarrollo humano deben financiarse, por
ejemplo, con fondos privados provenientes de empresas que ejercen su
trabajo en dudosas condiciones ticas? Realmente se cree que la forma
ms eficiente de combatir la pobreza es que las empresas dediquen una
cantidad de sus beneficios a financiar a las ONG? Sern, entonces, los
consejos de administracin o las juntas de accionistas quienes
decidirn qu se financia en el mbito de la cooperacin al desarrollo?
La deriva de la poltica de cooperacin y cuestionamiento del papel
de las ONG empieza a recordarnos la situacin vivida hace diez aos,
frente a la que ms de 100 organizaciones y varios cientos de personas
comprometidas con el desarrollo respondieron suscribiendo el manifiesto
?Ante la contrarreforma en el sistema de ayuda: por una poltica de
cooperacin efectivamente orientada a combatir la pobreza? donde se
sealaban las incoherencias y escasos compromisos de nuestro sistema
de cooperacin, as como con ineficacia en la gestin de los recursos de
cooperacin.
En este contexto, no debemos olvidar que desde su surgimiento,
cuando agrupaciones locales comenzaron su apoyo solidario a pases
centroamericanos, la cooperacin al desarrollo ha estado directamente
vinculada a la sociedad
civil organizada. Las ONGD son en esencia manifestaciones de una
ciudadana global y responsable. La canalizacin de la ayuda al
desarrollo a travs de ellas ha potenciado la participacin ciudadana
en la construccin de la poltica pblica y el fortalecimiento del
tejido social. El papel que estas organizaciones juegan en la
fiscalizacin y transparencia de la accin de las administraciones y
los gobiernos, es determinante para el ejercicio pleno de la
democracia.
Las ONG no son un fin en s mismo; son representantes de una
sociedad comprometida que trabaja con otras sociedades en la defensa de
los Derechos Humanos
y en el establecimiento de unas relaciones equitativas entre los
pases. Nuestro objetivo es la erradicacin de la pobreza en sus
mltiples y diversas manifestaciones; ste debera ser tambin el
objetivo de las polticas pblicas, pero lamentablemente no es el de
las empresas cuya lgica de actuacin es muy distinta. En una
democracia consolidada, una poltica pblica se construye y se pone en
prctica de manera compartida e incorpora a todos los actores
implicados en la consecucin del mismo objetivo. Esto supone
necesariamente la gestin conjunta de los recursos pblicos. No
perdamos el foco, los fondos pblicos son de la ciudadana, no de los
gobiernos.
La situacin econmica internacional y el papel de las instituciones
financieras mundiales, la debilidad de muchas de las polticas
pblicas en el interior de los pases donde trabajamos o la falta de
financiacin para el desarrollo, son factores que condicionan de manera
determinante el trabajo que realizamos las ONG. Pero ello no supone,
en ningn caso, una excusa para rebajar nuestras exigencias, compromiso
y trabajo para que el desarrollo pase necesariamente por una
transformacin social. Alcanzar el desarrollo exige una serie de
condiciones imprescindibles sobre las que, como ONG, podemos actuar tan
solo de manera limitada. La primera de
esas condiciones es la existencia de una poltica pblica que por un
lado proponga el desarrollo y, por todo, lo haga posible a travs de
recursos y actuaciones coherentes. El ejercicio de esa responsabilidad
de los gobiernos no debe disociarse del papel de la sociedad civil en
la promocin del desarrollo, dentro y fuera de un Estado. Los niveles
de exigencia deben ser para ambos igualmente firmes.
Estos planteamientos deberan suponer un punto de inflexin para
todos y cada uno de los actores del desarrollo. Deberamos revisar
nuestros aciertos y errores, buscar nuevas frmulas de trabajo,
novedosas estrategias que nos permitan afrontar de manera efectiva los
grandes retos de un mundo complejo e interdependiente. Slo as
podremos hacer realidad la sentencia popular que une crisis a
oportunidades.