27 Sep 2016

Agenda 2030 contra la pobreza: un año de luces y sombras

Artículo de Marco Gordillo publicado en ElDiario.es

Los cumpleaños se celebran… o no. Hace un año, 192 Estados daban el pistoletazo de salida de la conocida como Agenda 2030 – con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Entonces se comprometieron a cumplir con una serie de objetivos que garantizarían que en 15 años el mundo en el que vivimos sería mejor para todas las personas que lo habitamos. El acuerdo al que se llegó fue un importante paso; principalmente porque -bajo el principio de universalidad- responsabiliza a todos y cada uno de los países; y porque -gracias al principio de integralidad-, sitúa a la lucha contra la pobreza y la desigualdad, y al respeto por el medio ambiente como caras de una misma moneda. Hasta aquí, los motivos para la celebración.

Hoy, 12 meses después de la firma de la Agenda, el Overseas Development Institute (ODI) nos dice que si proyectáramos hasta 2030 lo que las políticas existentes darían de sí, no alcanzaríamos mucho. Cinco de los objetivos -entre ellos los avances contra la desigualdad, la lucha contra el cambio climático o la reducción de suburbios en las ciudades- serían inalcanzables. Nueve de ellos, se conseguirían de manera parcial: acceso universal a la energía y saneamiento o acabar con el hambre, entre otros. Y sólo tres podrían tener un cierto grado de éxito -acabar con la extrema pobreza o reducir la deforestación a la mitad. Honestamente, no estamos para tirar cohetes.

Las sombras de la Agenda van apareciendo aquí y allá. Algunas con la lentitud de su puesta en marcha y con el riesgo de que el acuerdo se convierta en una especie de cajón de sastre del que salen trajes a medida adaptados a los intereses de cada cual sin que se consiga el cambio deseado.

Lo cierto es que, entre luces y sombras, hay un faro que debería guiar todos los avances que se vayan dando en la construcción de esta Agenda 2030: nadie debe quedar atrás. Este concepto –leitmotiv de la primera revisión de la Agenda en el Foro de Alto Nivel de Nueva York del pasado julio– lleva a sus espaldas un contenido político trascendental. Significa que las personas más vulnerables –independientemente de su procedencia, género, etnia, edad u opción sexual– deberían mejorar sus vidas gracias a políticas públicas que así lo garanticen. Y esto pasa, necesariamente, por su incorporación en las estrategias de desarrollo sostenible de cada país; pasa por contar con información sobre su situación; exige el fortalecimiento de políticas sociales –educación, sanidad o  cooperación–; y, en última instancia, requiere que las políticas –comerciales, económicas, migratorias, medioambientales…– sean coherentes entre sí y contribuyan al buen desarrollo del planeta y sus pueblos.

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Más ruido que nueces

Como suele ser habitual en estos acuerdos internacionales, hasta ahora los avances tienden a la lentitud o incluso al estancamiento. En el caso de España, el paso parece de tortuga. En el recientemente presentado Índice sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, España ocupa el puesto número 30 por debajo de países como la República Checa o Eslovenia.

Está claro que ya no podemos perder más tiempo. Debemos acelerar la acción política en varios frentes. Los retos son múltiples y diversos, y eso exige estrategias transversales que empapen todas las políticas. ¿Por dónde empezar? España debe elaborar un Plan de Desarrollo Sostenible en el que se defina qué leyes deben adecuarse, qué gobernabilidad se necesita construir, qué indicadores y sistemas de rendición de cuentas se van a aplicar, qué recursos van a destinarse y cómo se va a informar a la sociedad de todo el proceso. Todo esto implica no solo a la política de cooperación, sino también a la política económica, ambiental, educativa, comercial o energética. Y no solo al gobierno central, sino también a las autonomías y las grandes ciudades. La coherencia política es esencial para alcanzar los objetivos; de forma que lo que se avance por un lado en términos de desarrollo sostenible no se socave por otro.

Si no la podemos bailar no será nuestra Agenda

Más allá de las decisiones políticas tomadas (o no) hasta la fecha, el cumpleaños que ahora celebramos nos invita a bailar con otras. La ciudadanía debe apropiarse de la propuesta. Y para ello, debemos salir de nuestros espacios tradicionales y tender puentes que nos permitan ir mucho más allá de nuestros propios espacios. Solo así podremos impulsar cambios realmente transformadores.

Como organizaciones sociales, ya hemos comenzado el baile. Hemos iniciado un proceso llamado Futuro en Común en el que, de la mano de organizaciones feministas y medioambientales, con sindicatos, organizaciones de base, universidades y centros de estudios, afrontamos los enormes retos que la Agenda nos pone por delante. Nuestro objetivo común es asumir responsabilidades colectivas y exigir que los políticos hagan los deberes a los que se comprometieron hace un año. Tenemos certeza de que este trabajo colectivo será un importante valor añadido para impulsar leyes, pactos y reformas que garanticen que el proceso camina por la senda adecuada.

Nuestra generación y la que le sigue deberán construir la Agenda 2030. La implicación de las personas más jóvenes será esencial que la construcción sea robusta. El planeta y sus gentes se juegan mucho en este camino. La piñata que construyamos para fiesta de los 15 años de la Agenda dependerá fundamentalmente de la implicación colectiva y política que consigamos. Esperemos que entonces podamos tirar confeti y serpentinas.

 

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1 Abr 2015

#Salud: 445 millones de entradas en 0,45 segundos #AED2015 #EYD2015

Atención sanitaria operativos Mosctha 2013 web¿Qué significa salud? Su búsqueda arroja 445 millones de entradas en 0,45 segundos

  • En el Año Europeo del Desarrollo no podemos olvidar que más de la tercera parte de la población mundial no tiene todavía acceso regular a medicamentos esenciales para salvar su vida.
  •  Se ha logrado que 2.300 millones de personas tengan acceso a agua potable pero aún hay 2.500 millones que carecen de servicios sanitarios básicos.
  •  Los datos de la OMS y la ONU reflejan ciertas mejoras logradas, a pesar de ello, sólo uno de los ocho objetivos fijados se ha cumplido hasta la fecha.

Hablar de salud, y más de salud mundial, es un tema amplio y complejo, abarcable desde muchas vertientes. ¿Qué significa salud? Si tecleamos la palabra en Google su búsqueda arroja 445 millones de entradas en  tan sólo 0,45 segundo.

 

Este 2015 ha sido designado por la Unión Europea como el Año Europeo del Desarrollo y abril el mes dedicado a la salud. Con esta iniciativa se pretende evaluar y hacer un mayor hincapié en la cooperación internacional, implicar y demostrar a los ciudadanos que es posible cambiar la situación actual y resaltar que todos debemos tener un papel importante en este logro.

Más allá de esta iniciativa, el 2015 es un año importante porque se cumple el plazo de vencimiento -y no con los mejores resultados- de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). Los ODMs se establecieron en el año 2000 por los 189 países miembros de las Naciones Unidas durante la Declaración del Milenio. Las metas planteadas incluían aspectos como la erradicación de la pobreza extrema, la igualdad en la educación, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente o la reducción de la mortalidad materno-infantil y de enfermedades como VIH/Sida y Malaria, entre otras.

Los datos de la OMS y la ONU reflejan que solo se había cumplido en el año 2000 el objetivo de cumplir al 50% el número de personas que pasan hambre en el mundo. Sin embargo, 1.200 millones de personas siguen viviendo en situación de pobreza y una de cada nueve pasa hambre.

El cuarto ODM tenía como meta reducir en un 75% la mortalidad de los niños menores de 5 años. Los indicadores demuestran que la mortalidad infantil ha disminuido pero no lo suficiente como para que este objetivo se pueda cumplir a tiempo. Hasta el momento, 6 millones de niños menores de 5 años mueren anualmente, siendo la diarrea una de las causas evitables más comunes.

La mejora de la salud materna constituyó el quinto ODM y con él el propósito de reducir dos tercios la tasa de mortalidad materna. Desde 1990 hasta hoy se ha reducido en un 45%, pero según datos de UNICEF, cada año siguen muriendo unas 529.000 mujeres por complicaciones en el parto. La falta de atención durante el embarazo y la amenaza que siguen sufriendo muchas niñas debido al matrimonio infantil son algunos puntos que todavía faltan por mejorar.

El sexto ODM, comprometido en combatir tanto el VIH/SIDA como la Malaria y otras enfermedades infecciosas, ha sido uno de los que más se han comentado en los últimos años. A pesar de querer detener y reducir la propagación del VIH/SIDA, aún hoy el número de infectados es bastante superior al número de tratamientos disponibles. Los casos mundiales de mortalidad por Malaria se han reducido un 47% entre el año 2000 y 2013, valores muy esperanzadores, aunque todavía inaceptables, para una enfermedad que tiene curación si es detectada y tratada a tiempo.

El séptimo ODM se centró de un lado en la sostenibilidad del medioambiente y en el acceso al agua potable. La conservación del medioambiente es un aspecto esencial para garantizar la salud mundial y al que se le está prestando demasiada poca atención. Evaluando este objetivo podemos comprobar que las actuales tasas de deforestación son alarmantes y con ello la pérdida de diversidad biológica. Por otro lado, el acceso a servicios básicos de saneamiento está muy relacionado con las muertes por diarrea y otras enfermedades causadas por aguas contaminadas. Se consideran esperanzadores los avances conseguidos en el acceso al agua potable pues hasta la fecha se ha logrado que 2.300 millones de personas dispongan de agua potable, pero aún hay 2.500 millones que carecen de servicios sanitarios básicos.

En el Año Europeo del Desarrollo no podemos olvidar que todavía más de la tercera parte de la población mundial no tiene acceso regular a medicamentos esenciales para salvar su vida. Faltan objetivos más concretos, datos fiables de control y seguimiento de los mismos, así como un mayor esfuerzo de los países miembros. Invertir más en salud materna, aumentar la financiación de campañas de vacunación infantil y de diagnóstico de enfermedades o garantizar el acceso a agua potable, son algunas de las propuestas para mejorar la salud global y reducir el número de muertes evitables.

Desde Farmamundi, esperamos que este Año del Desarrollo 2015 sea un año de reflexión y de trabajo para mejorar y demostrar que es posible un mundo mejor donde la igualdad, la salud y la dignidad sean valores que primen. También exigimos la responsabilidad y el cumplimiento de los objetivos por parte de los diferentes países, crear nuevas medidas realistas de actuación e implementar sistemas de evaluación para no tener que posponer los objetivos 15 años más.

Núria Llurba MontesinoFarmacéutica y voluntaria de Farmamundi

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