18 Oct 2017

La desigualdad pone a las escuelas en peligro de extinción

Tenía 16 años cuando se estrenó la película “Diamante de Sangre”. La productora Warner Bros decidió que el tema del abuso y tráfico de recursos naturales tenía el suficiente gancho como para invertir cien millones de dólares en llevar esta historia la gran pantalla. Con Leonardo DiCaprio al frente, como podemos suponer, daba menos miedo arriesgarse.

Ambientada en Sierra Leona, narra la espiral de violencia vivida en el país tras el estallido de la guerra en 1991. Solomon Vandy, pescador protagonista, se ve obligado a trabajar para un grupo armado en las minas de diamantes en las que, sin descanso, él y el resto de su comunidad buscaban el ansiado recurso que servía a los rebeldes para financiar la guerra. El nudo de la historia llega cuando Solomon encuentra un diamante particularmente grande. “¡Qué suerte!” Podíamos pensar el público desde nuestras butacas. Pero nada más lejos de la realidad, ya que este fue el detonante para el sinfín de calamidades que persiguieron al protagonista en los siguientes 110 minutos de cinta.

Más o menos consciente de lo que hacía, la productora estadounidense ponía el dedo en la llaga de uno de los temas más relevantes de nuestro tiempo. ¿Cómo puede tornarse el encuentro de un humilde pescador con un valioso recurso en su peor pesadilla? ¿Cómo es posible que un país rico en recursos naturales esté sometido a una espiral de pobreza, desigualdad y violencia como la que narra esta película?

Años después, pude comprobar que la respuesta a estas preguntas que me acosaban al salir del cine estaba en la llamada “maldición de los recursos naturales”. En un planeta en el que estos recursos, tan valiosos para fabricar objetos de consumo y recibir buena parte de los servicios de los que hacemos uso en nuestro día a día, son limitados, no es de extrañar que la posesión de estos sea más una maldición que algo de lo que poder alegrarse. La existencia de minerales, petróleo, madera, o terreno para cultivos intensivos en lugares como África Central o la Amazonía, se convierten en el origen de largos conflictos por la posesión y disfrute de estos recursos, que afectan directamente a al ejercicio de los derechos humanos más fundamentales.

No en vano, una buena parte de las personas que viven bajo el umbral de la pobreza se encuentran, paradójicamente, en países ricos en recursos naturales. La mayoría de estos países tienen los índices de pobreza más altos, los niveles de educación y salud más bajos y el mayor número de conflictos violentos. Degradación del entorno natural, destrucción de infraestructuras, explotación laboral, vulneración de los derechos de los pueblos indígenas, desplazamientos forzosos masivos, reclutamiento de menores soldado o violencia sexual a mujeres y niñas como arma de guerra son algunas de las gravísimas consecuencias de estos conflictos https://lasillaroja.org/wp-content/uploads/2017/08/Educacion_en_tierra_de_conflicto.pdf

El derecho a la educación, clave en la configuración de oportunidades de vida y la promoción de una cultura de paz que permita revertir estas dinámicas, se ve a su vez gravemente afectado en estos países. De los 264 millones de menores no van a la escuela, dos tercios viven en países ricos en recursos naturales, como señala Entreculturas en su última campaña educativa “Escuelas en Peligro de Extinción” https://lasillaroja.org/.

Estos datos nos permiten entender por qué para Solomon el encuentro con aquel diamante no fue sino el principio de una persecución que trastocaría todas las facetas de su vida, la de su comunidad y su familia. Tal “paradoja de la abundancia” solo es posible en un contexto de desigualdad global generalizado, en el que hemos aceptado una dinámica en la que 8 grandes fortunas concentran tanta riqueza como la mitad de la humanidad con menos recursos y en la que una parte de la población mundial hemos desarrollado un modelo de consumo para cuyo mantenimiento pronto necesitaremos el equivalente en recursos de dos planetas Tierra.

Ante esta abrumadora realidad, cabe preguntarse, ¿es inevitable? ¿Dónde queda la ciudadanía en este proceso? Quizás concluir que esto nos trasciende puede parecer la opción más cómoda, pero no es la única. Como ciudadanos y ciudadanas, tenemos una gran capacidad de acción, tanto para transitar desde lo personal hacia modelos más sostenibles de relación con nuestro entorno, como para estimular la voluntad política necesaria para la adopción de medidas factibles y concretas capaces de ganarles el pulso a la desigualdad. Ante una Desigualdad Obscena que pone a las escuelas en peligro de extinción, entendemos que debemos movernos contra esta desigualdad si queremos defender el derecho a la educación. Por esto, junto a otras organizaciones, nos unimos estos meses de septiembre y octubre a la Campaña de Pobreza Cero 2017 http://www.pobrezacero.org/. Nos movilizamos para pedir:

  • Regulaciones nacionales e internacionales de obligado cumplimiento para que las empresas multinacionales garanticen en su práctica el respeto a los derechos humanos y el medio ambiente.
  • Medidas normativas y judiciales eficaces contra la evasión fiscal, que permitan liberar el volumen de impuestos necesarios para aumentar el gasto en políticas públicas de protección social para el ejercicio efectivo de los derechos humanos y la lucha contra la desigualdad y la pobreza.
  • Aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Once años después del estreno de “Diamante de Sangre”, este octubre la campaña de Pobreza Cero vuelve a señalar la lucha contra la desigualdad como uno de los retos globales de nuestro tiempo, poniendo a disposición de la ciudadanía una serie de propuestas de cambio, movilización e incidencia para involucrarnos como protagonistas activos de la configuración de nuestra realidad.

No es la Warner Bros y no tiene un Leonardo DiCaprio al frente.

Pero que no se diga.

Clara Maeztu, Entreculturas

 

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4 Mar 2015

No hay mejor política contra la pobreza y la desigualdad que invertir en educación

Si de verdad queremos generar un planeta habitable y construir una ciudadanía global bajo principios éticos, no podemos permitir que aún tengamos 58 millones de niños y niñas que no van a la escuela. Esta cifra es el resultado de múltiples problemáticas pero, sin duda, de la enorme desigualdad entre regiones y países que existe en el mundo. Más de la mitad de estos niños se encuentran en la región del África Subsahariana. Esto nos revela que el hecho de nacer en un determinado lugar y no tener recursos económicos, está condicionando (mucho más que el talento, el esfuerzo o los méritos personales) la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de millones de niños y niñas.

Pese a todo, es verdad que se ha avanzado en este proceso de escolarización y que cuando se fijaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio eran más de 100 millones los niños y niñas en edad escolar que no asistían a la escuela. Pero también debemos señalar que el problema del abandono temprano se ha corregido en menor medida y que todavía es un desafío para muchos países que los niños puedan terminar un ciclo de enseñanza primaria completo. De hecho, la tasa de abandono escolar temprano del 25% se ha mantenido al mismo nivel que en el año 2000. Según datos de la Unesco de 2014, en el África Subsahariana y Asia Meridional y Occidental tan sólo llegarán al último grado uno de cada tres alumnos que iniciaron la enseñanza primaria.

Es importante señalar que la educación para un país no solamente es determinante como herramienta de progreso y crecimiento económico, sino que constituye la mejor política social. Frente al avance de la desigualdad y la exclusión social que señalan los analistas contemporáneos, la educación nos ayuda a construir sociedades más justas y más cohesionadas. Por tanto, el reto del derecho a la educación es un objetivo que debe primar en todas nuestras sociedades sean del norte o del sur, sean ricas o pobres. Desplazar del sistema educativo a niños y jóvenes por falta de recursos o por ausencia de políticas de inclusión, repercutirá en unos años tanto en la economía como en el modelo de sociedad que se pretenda construir.

En la última década la tasa de jóvenes de entre 15 y 19 años que ni estudia ni trabaja en España ha subido del 7% al 13%. Un dato preocupante si pensamos que las sociedades que más han avanzado en lo económico y en lo social son las que han logrado cimentar su progreso en el conocimiento, tanto el que se transmite con la escolarización, como el que se genera a través de la investigación. Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un año adicional de escolaridad incrementa el PIB per cápita de un país entre 4 y 7%. Por tanto la educación no debe ser entendida como un gasto, sino más bien como una inversión muy productiva, estratégica en lo económico y prioritaria en lo social.

Por otro lado, la desigualdad genera inequidad en el acceso a la educación, especialmente cuando no se garantiza que esta sea inclusiva y gratuita, pero también sucede al contrario: la ausencia de educación o una educación de baja calidad es generadora de pobreza y desigualdad. Los niños y niñas que no pueden desarrollar su potencial a través de la educación ven condicionado su futuro, viéndose condenados a una situación crónica de pobreza y exclusión. Son niños, y sobre todo niñas, de familias pobres, en zonas rurales, en países en conflicto, en situación de refugio o desplazamiento, con necesidades educativas especiales o con otros condicionantes que los hacen especialmente vulnerables.

Acaba ya la cuenta atrás que nos habíamos fijado al final de 2015 y desgraciadamente queda mucho por hacer. Por este motivo, debemos pasar de las palabras a los hechos. Existe un consenso internacional y un clamor popular que señala a la educación como el motor de la transformación de nuestras sociedades y de la realidad de nuestro planeta, pero hay que tomar medidas y políticas que se correspondan con esta situación.

Tenemos en este momento una oportunidad única para establecer un marco sólido para la educación mundial que es la aprobación en septiembre de la Agenda de Desarrollo Post-2015, que debería priorizar este tema y comprometer política y económicamente a todos los gobiernos de las Naciones Unidas. De hecho, desde la Fundación Entreculturas hemos puesto en marcha una web para recoger firmas (http://www.lasillaroja.org/firma/) donde los ciudadanos y ciudadanas manifiesten su apuesta por la educación y le pidan al gobierno español que la defienda como prioridad en la nueva Agenda de Desarrollo Global que trazará las políticas de los próximos 15 años.

Tenemos que hacer entre todos una apuesta clara por invertir en la educación que si bien no cambia directamente el mundo sí que cambia, como decía Paulo Freire, a las personas que cambian el mundo.

José Manuel Moreno, Entreculturas

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13 Oct 2014

Educación inclusiva y de calidad: #EstoSiEsRiqueza

No hay mayor riqueza que las oportunidades que te brinda una educación de calidad. Si en el pasado la riqueza y el poder estaban asociados directamente con la acumulación de mercancías y la explotación de recursos, hoy día, todos y todas estamos de acuerdo que la forma más importante de la riqueza en nuestras sociedades es el capital humano: el conocimiento, el esfuerzo, las relaciones, los vínculos, la creatividad, etc.

Sin duda la educación es una fuente de riqueza en la medida en que da mayor acceso al trabajo, permite obtener empleos mejor remunerados y amplía la capacidad económica de familias, comunidades, países, etc. pero, sobre todo, es importante en la medida en que es capaz de cooperar en favor de nuestros derechos y de nuestra calidad de vida.

Por tanto, queremos enfatizar la riqueza de la educación, además de como motor económico, como herramienta de transformación y justicia social. La auténtica vida se escapa a la relación comercial, tiene que ver con los vínculos, con las relaciones humanas, con los lazos comunitarios, con la idea de compartir, con la capacidad de dar sin generar expectativas sobre lo que recibiremos.

Esa educación, la que es transformadora, es la que debemos celebrar y la que debemos demandar para todas las personas del mundo. Hoy día, esta riqueza de la educación está muy mal repartida, y tanto el acceso como la calidad del aprendizaje es muy desigual según zonas, regiones o colectivos a los que nos refiramos. Así lo denuncia el informe de Entreculturas “Equidad e Inclusión: Una educación que multiplica oportunidades”, el cual subraya como todavía 250 millones de niños y niñas ven vulnerado su derecho a recibir una educación de calidad, bien porque no tienen acceso a la escuela o porque la abandonan tempranamente o porque la calidad es tan deficiente que no adquieren los aprendizajes básicos que les permitirán desenvolverse en la vida.

Bien sabemos que existe un camino de doble sentido: la desigualdad genera inequidad en el acceso a la educación, y también la ausencia de una educación de poca calidad es generadora de pobreza y desigualdad. Por ello, creemos que una educación de calidad es una forma de riqueza, que permite a los niños y niñas desarrollar su potencial y, posiblemente, romper con ese círculo de pobreza al que se verían rezagados sin ella.

Por este motivo, desde Entreculturas apostamos por una educación pública y al servicio del bien común, inclusiva, universal, gratuita, abierta a todos y a todas, por su valor en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y apostamos porque la nueva agenda internacional del desarrollo post 2015 la considere como una prioridad, como la mayor riqueza que podemos ofrecer a la ciudadanía de nuestro planeta.

José Manuel Moreno, Fundación Entreculturas

 

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19 Ene 2012

Las Niñas a Clase. Una cuestión de justicia #igualdad. por Valeria Méndez de Vigo

“Mi nombre es Kaltume. No sé mi edad. Nunca he ido a la escuela. Mi madre hace y vende wara (un aperitivo local hecho con semillas de soja) Yo ayudo a la familia vendiendo ‘wara’ durante el día en el mercado. Mi hermano pequeño, Abah, va a la escuela. Siempre que mi madre despierta a Abah por la mañana para prepararle para la escuela, desearía estar en su lugar” . Kaltume (Nigeria)(1)

A pesar del reconocimiento universal del derecho a la educación de calidad de todas las personas, recogido en numerosísimas convenciones internacionales y en las legislaciones internas, se da en la práctica una vulneración sistemática del mismo. Las niñas y las mujeres siguen sufriendo fuertes discriminaciones que influyen tanto en su acceso a la educación como en su permanencia en los diferentes niveles de la enseñanza.

Un total de 67 millones de menores están sin escolarizar en la actualidad. De ellos, el 53% son niñas. En la mayoría de los países africanos, menos de un tercio de los estudiantes universitarios son mujeres. Y es que a pesar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y todos los acuerdos internacionales firmados, 69 países del mundo no han logrado la paridad de género en educación. Para lograr que todos y todas las niñas en edad de educación primaria puedan ir al colegio, se necesitarían casi dos millones de docentes más, la mitad de ellos en África Subsahariana.

Roxana Quispe y Rosa María Mujica. Foto de Ana Gómez (Entreculturas)

Los beneficios en la educación de las niñas y mujeres están ampliamente demostrados, mejoran su calidad de vida, la de sus hijos e hijas y su familia. Frente a la feminización de la pobreza, los beneficios de la educación son indudables, pero también lo es el que los esfuerzos deban ampliarse más allá de garantizar el acceso a la educación. Una educación de calidad, inclusiva y transformadora es esencial para vencer los comportamientos discriminatorios, los roles estereotipados y la imagen que aún se tiene de las mujeres.

Entreculturas  ha publicado en recientemente el informe Las niñas a clase. Una cuestión de justicia, que  parte de conceptos básicos sobre género y hace un breve análisis de la situación de la educación de las niñas y las mujeres. Aborda las causas y consecuencias de la desigualdad en la educación, así como los beneficios que la educación comporta para las niñas y las mujeres, y presenta políticas y estrategias encaminadas a lograr políticas educativas orientadas a la equidad. El Informe incluye un estudio de caso sobre los seis años de andadura del proyecto “Construyendo relaciones de equidad en la escuela: las escuelas rurales de Quispicanchi en el Perú”, coordinado desde Fe y Alegría Perú, la contraparte de Entreculturas en el país, y el IPEDEHP. Finaliza con algunas conclusiones y recomendaciones.

El pasado mes de noviembre de 2011 Entreculturas contó para la presentación del informe con la presencia de su autora, Rosa María Mujica, miembro del Consejo Ejecutivo del Instituto Peruano de Educación en Derechos Humanos y la Paz (IPEDEHP) y con Roxana Quispe, una líder campesina peruana que ha conseguido alfabetizarse. El Informe fue presentado en Madrid, Murcia, Elche, Valencia y Badajoz, gracias al apoyo de las respectivas Delegaciones de Entreculturas.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=tPWj4iWDILs]

Para leer el informe complero http://www.entreculturas.org/files/documentos/estudios_e_informes/Las nin%C2%A6%C3%A2as a clase.pdf?download

Valeria Méndez de Vigo, Responsable del Departamento de Estudios e Incidencia de Entreculturas

(1) Campaña Mundial por la Educación (CME) Testimonio CME 2011. http://www.cme-espana.org/sites/default/files/kakume.pdf Este testimonio pertenece al proyecto transformador para la educación de las niñas en Tanzania que está dirigido por CAPP y respaldado por Action Aid, Comic Relief y el Tubney Charitable Trust.

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