16 Oct 2017

Despilfarro de alimentos = hambre

En multitud de ocasiones, la gente nos pregunta qué puede hacer para apoyar nuestro trabajo a favor de la justicia y de un mundo sin hambre. Podemos responder muchas cosas, entre otras, ser más responsables a la hora de consumir. Porque el consumo identifica a esta sociedad en la que vivimos y nos define como personas. El mundo, la economía, la política, las relaciones sociales giran en torno al consumo; la propia realización personal tiene como referente nuestra capacidad para consumir. Este paradigma lleva parejo un alto grado de despilfarro. Para seguir consumiendo, hay que DESECHAR, TIRAR, DESPILFARRAR; no tenemos espacio suficiente para todo al mismo tiempo.

Esta característica de la época en la que nos ha tocado vivir tiene consecuencias nefastas para el medio ambiente, la sociedad y las propias personas, y se vuelve absolutamente dramática cuando lo que despilfarramos es la comida.

Dicen los organismos oficiales (FAO, Banco Mundial, Ministerio de Agricultura de España), que al año en el mundo se tiran unos 1300 millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo. Supone un tercio de la producción mundial. Esos mismos organismos aseguran que con la comida desperdiciada, podrían alimentarse entre 2000 y 3000 millones de personas. Más que suficiente para más del triple de hambrientos en el mundo, 815 millones de personas según datos de 2016. Además, el valor estimado de los alimentos despilfarrados asciende a un billón de dólares; para acabar con la pobreza se calcula que haría falta un billón y medio. Estas cifras nos tienen que hacer pensar, al menos pensar.

Todos sabemos que vivimos en un mundo injusto donde la desigualdad impera dentro y entre los países, y donde unos pocos disfrutamos de todo y más, mientras multitudes no pueden alimentarse dignamente. Comer no es un lujo, es un derecho, pero como otros derechos fundamentales, se vulnera sistemáticamente para más de una décima parte de la población mundial. Es en los lugares donde hay disponibilidad de comida, donde más se despilfarra, aunque las pérdidas y desperdicio de alimentos ocurren a lo largo de toda la cadena alimenticia.

Los países productores que coinciden con los que tienen una mayor proporción de personas hambrientas, tienen las mayores pérdidas de alimentos por problemas relacionados con las condiciones climatológicas, el almacenamiento o la transformación inadecuados. La colaboración se puede concretar, en este caso, en un apoyo a aquellas organizaciones que trabajamos mano a mano con las comunidades y sus asociaciones representantes. Ellos luchan por una producción sostenible social, económica y medioambientalmente, y por unas posibilidades de transformación y/o almacenaje que les permitan conservar alimentos para épocas de sequía o de inundaciones y poder destinar excedentes al comercio local. Los agricultores familiares guardan sus saberes y semillas tradicionales, quieren proteger sus territorios y los recursos necesarios para producir, y evitar así el desperdicio de medios (agua, tierra, abonos orgánicos) y de alimentos cosechados. Necesitan nuestro apoyo tanto para poder seguir preservando su agricultura como para implementar aquellas técnicas de mejora que les permitan seguir cuidando de sus familias y de los ecosistemas en los que viven.

Los países donde más desperdicio de alimentos se produce son los más industrializados, y ahí, los más despilfarradores somos los consumidores, tanto en los hogares como en restaurantes, comedores escolares o instituciones hospitalarias. Es, precisamente en este caso, donde nuestro compromiso, personal y como sociedad, es urgente e imprescindible.

Los estudios encargados por la FAO indican que cada año se pierden y desperdician alrededor de un 30 % de cereales; un 40–50 % de tubérculos, frutas y hortalizas; un 20 % de semillas oleaginosas, carne y productos lácteos; y un 35 % de pescado.

Es verdad que la barra de pan, que yo no tiro a la basura, no va a ir a la mesa de los empobrecidos. Pero una demanda incrementada a base de despilfarrar pan en nuestras mesas, subirá el precio de los cereales en el comercio global y la mesa de los hambrientos no podrá satisfacer sus necesidades nutricionales. Y como “no solo de pan vive el hombre”, lo dicho puede aplicarse a otros alimentos. El consumo excesivo e innecesario de carne provoca el desvío de tierras y de cereal para alimentar al ganado, aumentando su precio en el mercado y restando recursos para la producción de alimentos para las personas. La sobreexplotación pesquera que no respeta los ecosistemas marinos y acaba devuelta al mar por criterios puramente mercantiles o usada como pienso de mascotas, impide a las comunidades litorales en los países en desarrollo vivir de sus recursos marinos.  Las frutas y verduras que los agricultores pobres producen, pero no comen, recorren miles de kilómetros hasta llegar a nuestra mesa a causa de nuestro afán por consumir productos fuera de temporada o son desperdiciados por cuestiones puramente estéticas. El sistema alimentario de producción y consumo debe reestructurarse, hacerse más justo, equitativo y sostenible si queremos que no haya personas que pasen hambre en el mundo.

Comprar lo que necesitamos y comer lo que compramos es vital en la lucha contra el hambre. Tirar alimentos buenos para comer es un escándalo insoportable. Al producir alimentos que acaban en la basura, la contaminación derivada de los propios residuos y del uso de agroquímicos (18% de los gases de efecto invernadero), la sobreexplotación de los recursos (un cuarto del agua dulce del planeta), la vulneración de los derechos de los agricultores pobres al acaparar sus tierras para producir intensiva y extensivamente (1400 millones de hectáreas), resultan inútiles y constituyen en sí mismas obstáculos insalvables en la lucha contra el hambre.

Asumir nuestra responsabilidad como consumidores es la clave y supone un punto de inflexión definitivo que permita a las comunidades rurales y a los agricultores, en cualquier lugar, practicar una agricultura que pueda alimentar al mundo cuidando de la “casa común”.

María José Hernando. Técnica de Estudios. Manos Unidas

Please follow and like us:

18 Sep 2017

Tierra desahuciada

Artículo de María Fernanda Matus para El Heraldo. Publicado originalmente el día 16/09/2017 en este enlace.

Las condiciones atmosféricas sufren transformaciones notorias. Desde los orígenes de la tierra, hace millones de años, el clima ha cambiado. Sin embargo, en la actualidad, el ser humano tiene la capacidad de afectar directamente en el sistema climático. La emisión de gases con efecto invernadero ha crecido masivamente, produce un incremento medio de la temperatura global que influye en diferentes sistemas de la hidrósfera, geósfera y biológicos del planeta. La realidad es que el clima es cambiante y lo ha sido desde siempre, el problema es que las drásticas alteraciones que vive en el presente, en gran parte, son por culpa del hombre.

La conciencia ambiental no es un capricho o una tendencia de moda. Es una urgencia que necesita el planeta. Aunque existe información para tomar medidas y evitar consecuencias irreversibles, el desconocimiento y la indiferencia siguen siendo protagonistas. Aparecen preguntas con respuestas variantes y las investigaciones tienden a dar resultados diferentes. El inconveniente es que algunas discusiones son irrelevantes, mientras que otras se convierten en uno de los mayores riesgos para el presente y el futuro del planeta. Debemos educarnos para poder identificar prioridades y cambiar nuestros hábitos.

Por ejemplo, los desperdicios de alimentos son una voz de alerta. El Dr. Ren Wang, durante el Congreso Internacional Save Food de Düsseldorf, afirmó: “Si la pérdida y el desperdicio mundial de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero y el mayor usuario del agua de riego. La superficie de tierra utilizada para producir alimentos que nadie come, equivaldría al segundo país más grande en el mundo”.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advirtió que más de 1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente. Esto afecta de manera definitiva el planeta, causa daños al clima, el agua, la tierra y la biodiversidad. Un tercio de los alimentos se estropea antes de ser consumido.

La comida que desperdiciamos es responsable de añadir 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta. “54% del desperdicio de alimentos en el mundo se produce en las etapas iniciales de la producción, manipulación y almacenamiento poscosecha. El 46% restante ocurre en las etapas de procesamiento, distribución y consumo de los alimentos”, según el informe anual de la FAO (Food and Agriculture Organization).

Malgastar alimentos es un problema grave que se encuentra fuera de control. Las desproporciones son injustas. África atraviesa una de las peores crisis de hambruna en la historia reciente. A nivel global, se produce suficiente comida para alimentar a todas las personas en el mundo e ilógicamente millones mueren de hambre. El tercio de los alimentos que se desperdician cada año bastaría para que todos los seres humanos comieran.

Es importante entender la complejidad del problema y tratar de solucionarlo. Debemos comprar los alimentos necesarios y ser conscientes del daño que sufre la atmósfera cada vez que despilfarramos lo que dejamos de consumir.

Recordar que el hambre en el mundo podría desaparecer si supieras distribuir los alimentos y no los desperdiciáramos.

El planeta no está bien. Negarlo es justificar la destrucción. Actuar, nuestro deber.

@MariaMatusV
maria.matus.v0@gmail.com

Please follow and like us:

19 Dic 2011

#DerechoaSoñar: El mundo que queremos

En estas fechas en las que tendemos a soñar con más ganas, la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España ha animado a empezar con la “ilusión” de ser agentes de cambio en un año que “va a ser complicado” por la coyuntura económica y muestra su convicción de que “el cambio es necesario y es posible” porque “todas y todos contribuimos a construir una mejor sociedad”.

Durante la producción del “Derecho a Soñar”, la Coordinadora ha afirmado que “no todo se consigue con dinero”, y que “hay muchos sueños que están ahí y que se pueden cumplir”.

“El Derecho a Soñar” es un conjunto de vídeos de la sociedad civil que recoge una parte de esos sueños y propuestas de cambio y cuyo resultado muestra el optimismo, la ilusión, el compromiso y la exigencia del mundo que queremos y por el que apostamos.

La campaña Pobreza Cero nos invita a soñar con un mundo posible: el mundo que queremos. Esta iniciativa parte del proverbio africano “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, y se enmarca en una iniciativa global que coincide con el lanzamiento del informe del Llamado Mundial de Acción contra la Pobreza (GCAP[1] por sus siglas en inglés) sobre “El Mundo que Queremos”.

“Los sueños son más necesarios”

En un momento en el que parece que la sociedad civil no tiene nada que decir, y en el que el individualismo parece haberse apoderado de todo, el “derecho a soñar” intenta demostrar que estamos interconectados como ciudadanía y que, a través de nuestras acciones cotidianas y nuestras reivindicaciones políticas podemos contribuir a cambiar el rumbo de las cosas.

Tal y como Francisco Segarra, psicólogo clínico y coordinador general de la Clínica del Sueño Estivil, ha afirmado “todos soñamos, pero la mayoría de las veces lo hacemos dormidos, sin embargo, en estas fechas soñamos despiertos”, ha señalado, a la vez que insiste en que “es el momento de soñar con lo que cada uno quiere y desearlo con todas las fuerzas”.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=nZ66HNkD9Jo&hd=1]


[1] The Global Call to Action Against Poverty began as a movement to bring civil society together, across specific areas of thematic, geographic, or constituency focus, to unite diverse actions against poverty and inequality.

Please follow and like us:

3 Nov 2011

Cumbre del #G20: ¿Qué puede hacer el G20 contra el hambre?

Cumbre del G20: ¿QUÉ PUEDE HACER EL G20 CONTRA EL HAMBRE?

03/11/2011 – Tomado de Acción contra el Hambre

ImagenLa crisis financiera y de la zona euro amenaza con apartar de la agenda de la cumbre uno de los temas principales: la seguridad alimentaria mundial.

Acción contra el Hambre, parte de la coalición FeedinG20, propone siete medidas concretas a los países del G20 para trabajar por la seguridad alimentaria y nutricional.

Mientras el mundo tiene sus ojos puestos en la crisis financiera europea y el rescate de la zona euro, no hay que olvidar que el sistema financiero no es lo único que puede salvar el G-20. “La seguridad alimentaria en los países más vulnerables” está oficialmente en la lista de las prioridades de la cumbre.

El G-20 fracasará si en este momento, con una crisis sin precedentes en el Cuerno de África, los líderes no toman las medidas necesarias a su alcance para asegurar que a ningún ser humano le falte alimento.

Acción contra el Hambre ha contestado a tres preguntas clave:

1) ¿Es capaz el G-20 de poner en marcha iniciativas en materia de seguridad alimentaria? ¿Está en su mandato?
Por supuesto, tiene la capacidad, pero también tiene la responsabilidad y el deber, por dos razones:
• En primer lugar, porque ha sido la propia presidencia francesa del G-20 la que ha situado la cuestión de la seguridad alimentaria como una prioridad del G-20. Es su deber. Los sobresaltos financieros internacionales no deben eclipsar este requisito.
• En segundo lugar, el G-20 tiene el objetivo oficial de “asegurar el crecimiento mundial sobre una base fuerte y sólida”. Pero esto es imposible sin la aplicación de políticas que garanticen la seguridad alimentaria. No se construye el crecimiento global con el estómago vacío. Por otra parte, la desnutrición no sólo se traduce en un drama humano: se mide en dólares. Afecta al desarrollo y al éxito profesional, es un flagelo económico para los países que puede llevar a pérdidas de hasta un 6% del PIB al año.
• Finalmente, si los líderes de las principales economías no ejecutan las medidas apropiadas, ¿quién lo hará?

2) Dado que la crisis está inquietando a todos los países, incluyendo la zona del euro, ¿no es más urgente asegurar la estabilidad financiera?
Se habla mucho del peligro de la zona euro. Sin embargo, en la zona euro viven 332 millones de personas, casi tres veces menos que el número de personas que padecen hambre en el mundo. La crisis alimentaria en el Cuerno de África, el horror vivido por tantos hombres y mujeres, muestra que es necesario tomar medidas urgentes para evitar nuevas hambrunas, ya que los problemas de inseguridad alimentaria no se van a resolver en un solo día: las políticas agrícolas necesitarán años para garantizar el acceso a los alimentos para todos. Si queremos evitar nuevas crisis en 5-10 años, ahora es el momento de actuar. El mundo no puede permitirse el lujo de esperar a la próxima reunión del G20 para adoptar medidas enérgicas.

3) ¿Qué se espera del G-20?

• Acción contra el Hambre, desde la coalición de ONG internacionales FeedinG20, propone una serie de siete medidas a los líderes del G-20:

  • Asegurar que las políticas agrícolas y de desarrollo garantizan el equilibrio nutricional de las poblaciones, no sólo el aumento cuantitativo de la producción agrícola.
  • Cumplir las promesas de los compromisos financieros. Hasta ahora, sólo el 22%, de los cerca de 22 millones de dólares prometidos a tres años en la Cumbre del G8 en 2009 para la seguridad alimentaria, se ha hecho efectivo. Es prioritario reforzar la inversión en una agricultura sostenible y familiar.
  • Tomar medidas inmediatas para controlar los precios de los alimentos. Actualmente, las técnicas agrícolas son cada vez más eficientes, pero los avances en la lucha contra el hambre se han reducido por el alza de los precios de los alimentos.
  • Apoyar la implementación de reservas alimentarias
  • Fortalecer los programas de protección social que apoyan a la población en tiempos de crisis
  • Aumentar la capacidad de los más afectados para hacer frente al cambio climático. Fortalecer las iniciativas de los Estados contra el cambio climático y apoyar a los países en desarrollo a hacer frente a sus efectos.
  • Apoyar totalmente al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas y promover un mandato ampliado para responder rápidamente y tomar las medidas apropiadas cuando los precios de los alimentos aumenten.
Please follow and like us: