26 Abr 2018

Los 63 muertos de todos y todas

Cada golpe perpetrado por las fuerzas del Estado nicaragüense es un golpe a los Derechos Humanos del mundo entero.

Estamos siendo testigos y víctimas de una brutal oleada de violencia institucional, desde Venezuela, donde se vive una de las peores crisis de Derechos Humanos de su historia, hasta las detenciones arbitrarias en México, pasando por la pérdida de democracia y el aumento de los homicidios ilegítimos en Brasil y las represiones violentas de Honduras… Por no hablar del Estado español con represiones continuas a la libertad de expresión a través de la Ley Mordaza.

Las bases de la democracia internacional se tambalean cuando las principales violaciones de derechos humanos y cívicos se perpetran desde las fuerzas del Estado. Por eso hoy se hace imprescindible la condena de la comunidad internacional ante lo que está ocurriendo en Nicaragua.

Desde el 18 de abril Estado reprime de forma desproporcionada y violenta la voz de la ciudadanía. Se habla hoy de hasta 63 muertos según la Comisión Permanente de los Derechos Humanos (CPDH). Muchos de ellos estudiantes menores de 24 años. Algunos jóvenes han sido encarcelados y liberados sin ningún proceso legal, de otros aún no se sabe.

No es la primera vez. El año pasado la represión contra las movilizaciones indígenas y de campesinos contra la construcción del Gran Canal Interoceánico dejaron más muestras de la falta de respeto a la libertad de movilización y expresión social por parte del Estado. Al igual que durante las elecciones municipales de noviembre de 2017 que se cobraron seis muertos y decenas de heridos por balas de gomas y balines utilizadas por la Policía Nacional. Tampoco es nuevo. Desde hace ya demasiados años, la Nicaragua libre a la que cantaba Carlos Mejía ha desaparecido. La falta de separación e independencia de los poderes han convertido al Gobierno de Nicaragua en un Estado autoritario y dictatorial basado en el debilitamiento de las instituciones públicas y la obstaculización de la participación ciudadana.

“Hasta hoy, todo es triste y condenable: decenas de muertos, ojos perdidos de estudiantes; incontables heridos, presos y secuestrados; golpizas de adultos mayores; golpes, robos de cámaras a periodistas y de celulares a manifestantes; disparos, piedras y destrucción de recintos universitarios; bombas lacrimógenas afectando a estudiantes, transeúntes y vecinos; turbas orteguistas tomándose lugares públicos para coartar el derecho a manifestarse; varios canales de televisión censurados, y el Canal 63 (100% Noticias) clausurado hasta hoy; saqueos de comercios”. Cuenta nuestro compañero Onofre Guevara en la Revista Confidencial de Nicaragua.

Cada uno de esos muertos, es un muerto de todos y todas. Mueren defendiendo nuestra libertad de expresión, pilar de nuestras democracias.

Pero la historia se presenta de nuevo como esa esa “paradoja andante” de Galeano en la que cuanta más represión recibe el pueblo latinoamericano más se mueve. América Latina sufre un proceso de transformación política y de deterioro de los Derechos Humanos que no puede pasar desapercibido pero también está siendo testigo de las más grandes movilizaciones. Desde las que se han vivido diariamente en Brasil tras el golpe de estado de Temer hasta las movilizaciones internacionales contra el machismo y el patriarcado encabezadas por la campaña Ni una Menos.

Las movilizaciones de hoy en Nicaragua son el resultado de 10 años de decadencia democrática, de decadencia de Derechos y libertades. Una decadencia que tanto por lenta como por teñida de mensajes revolucionarios parecía no estar dejando huella. “Estamos ante un fenómeno político sorpresivo para el gobierno y para muchos nicaragüenses. Para el gobierno, porque confió en su propaganda y en una popularidad de los Ortega-Murillo en encuestas pagadas por ellos mismos; para el resto de los ciudadanos adultos, porque en su mayoría creía que la pasividad de su generación ante los abusos del poder, era compartida por la juventud. Todos nos equivocamos, por no pensar en que no hay proceso de lucha estancado, sino en aparente receso” dice Onofre Guevara en el artículo recién mencionado. Hoy el pueblo nicaragüense es de nuevo “un pueblo sencillo que unido es un volcán” y la comunidad internacional tiene la obligación de condenar la represión del Estado, exigir castigo para aquellos que han ordenado disparar contra los estudiantes y clamar por la vuelta a una Nicaragua libre y democrática.

Cristina Porras, Responsable de comunicación de InspirAction   

 

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22 Mar 2018

Desde el 15M hasta Lavapies

La muerte de Mame Mbaye, el mantero de Madrid, ha sido motivo de polémica. Por la causa de la muerte y por la disputa política de quien dijo primero que. Lo único irrefutable es que ha muerto. La autopsia dice que de un infarto. Médicamente es prácticamente imposible demostrar que un infarto es debido a lo que ha sucedido minutos u horas antes de producirse. Y por lo tanto no podemos afirmar una asociación causa-efecto. Aunque sabemos que las situaciones de estrés son situaciones que estadísticamente preceden a los infartos.

No nos podemos imaginar lo que es vivir continuamente con el miedo de ser detenido, encerrado en un CIE y / o devuelto a tu país sin demasiados cumplidos después del periplo y de las incontables veces que se jugaron la vida para llegar hasta aquí. Descanse en paz Mame, sus ilusiones, sus sueños y sus esperanzas.

Pero este hecho, actúa de cortina de humo sobre un problema de fondo, para mí muy preocupante. El problema no es demostrar la “causa-efecto”, ni saber quién fue el primero en relacionar los dos hechos, ni conocer al detalle lo que sucedió, porque esto ya hemos visto que nos lo podrán terminar disfrazando y vendiendo como quieran.

El problema es que de un tiempo a esta parte hemos visto muchos episodios donde la policía practica una violencia absolutamente desproporcionada, gratuita y lo que es peor dirigida a ciudadanos inocentes y no-violentos. La policía en Murcia, en Cataluña, en Sol, en Lavapies, al 15M, etc. ha dejado de ser el servicio público que da seguridad y protege a los ciudadanos por ser una amenaza contra los ciudadanos y sus derechos. Y ese es el problema. Este es el verdadero y grave problema.

En el vídeo veréis una de las cargas de la policía que se encuentra en Arona Diakhate que está quieto sin ninguna actitud agresiva ni peligrosa y recibe una descarga de golpes (alguno claramente ilegal) hasta hacerle perder la conciencia sin que él haga ningún intento de repeler la agresión. Sinceramente impresiona.

No sé qué genera esta praxis. No sé si estos comportamientos son consecuencia de las órdenes de los superiores, de la sensación de impunidad, de la misma formación o de selección de personal que tienen los cuerpos de policías. O si lo es la “ley de seguridad ciudadana” (conocida como ley mordaza) por la que se protestaba este pasado fin de semana.

Sólo sé que no hay ciudadano de bien que pueda defender una actuación así. Tanto es así, que hemos visto varias veces que los gobiernos optan por negarlas (a pesar de que todo el mundo haya visto las imágenes), vestirlas de eufemismos o directamente invertir el sentido de la violencia, aunque no sea cierto ni haya ninguna imagen que lo acredite.

No podemos generalizar este comportamiento a toda la policía. Todos conocemos actuaciones muy positivas de la policía. Positivas e incluso ejemplares y heroicas a veces. Y eso es lo que me preocupa más. ¿Porque en estos cuerpos hay un silencio cómplice de la mayoría hacia estas actitudes y actuaciones que dañan la imagen de todo el cuerpo? ¿O por qué se silencian las quejas internas y quién lo hace? ¿Qué interés hay en que los ciudadanos sigamos perdiendo la confianza en los servicios públicos que pagamos entre todos?

No lo sé. Sólo sé que esto genera una pérdida de confianza en la ciudadanía y que actúa como una carcoma a los cim

ientos de la sociedad. El resultado es demoledor para la construcción de una sociedad equilibrada y justa. Para la convivencia diaria. Por la paz social.

Me gustaría mucho escuchar a los sindicatos policiales denunciando a los compañeros que están aprovechando su impunidad para hacer este mal. Mal contra los ciudadanos que lo único que hacen es quejarse o expresar ideas diferentes, y contra todo el resto de la ciudadanía, a los ojos de la cual, pierden toda su credibilidad y legitimidad.

Cuando la fuerza del corporativismo es superior a la de los valores, las instituciones están enfermas de un cáncer que acabará con ellas. Y de paso con la sociedad.

Por favor, miembros de la policía, generen los mecanismos y poner en marcha los procedimientos y la transparencia para que los ciudadanos no acabamos viéndoles como una amenaza, en lugar de como un servicio.

 

Francesc Mateu i HostaDirector d’Oxfam Intermón a Catalunya

Información relacionada aparecida en los medios:

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10 Oct 2017

Contra la desigualdad obscena: Resistir, denunciar, sensibilizar y cambiar

Hace casi 20 años preparábamos en medicusmundi una exposición titulada “Salud el derecho de unos pocos”. Su objetivo era mostrar las repercusiones de la pobreza en la salud mundial, también en nuestro país. Su destino rotar por las salas de espera de los Centros de Salud.

Una de las protagonistas de esta exposición era Denis, una mujer peruana de 29 años. Recreábamos su historia en un panel titulado “Cuidadoras sin derecho a ser cuidadas”, Denis trabajaba como interna en casa de María de los Ángeles, una mujer enferma de 82 años a la que cuidaba todo el día excepto los jueves y sábados por la tarde y el domingo. Denis llevaba dos años en España pero no tenía permiso de trabajo, tampoco derecho a asistencia sanitaria.

Cuando estábamos a punto de inaugurar la exposición, en enero de 2000, el Estado Español reconoció este derecho a cualquier persona empadronada en el país, fuese nacional o extranjera (artículo 12. Ley orgánica 4/2000). Un logro social que celebramos al mes siguiente cambiando el nombre al panel expositivo de Denis que pasaría a llamarse: “Cuidadoras con derecho a ser cuidadas”; celebración y reivindicación por unas condiciones de trabajo dignas que aseguren el bienestar y una situación legal.

Pero 12 años después esta situación cambió, y lamentablemente el Gobierno, utilizando una vía legislativa excepcional, aprobó un Real Decreto Ley por el que las personas en situación administrativa irregular que vivían en España se quedaron sin tarjeta sanitaria (RDL 16/2012). El gobierno no solo retrocedió recortando derechos sino que emprendió iniciativas legales, recursos ante el Tribunal Constitucional, para intentar impedir que los gobiernos autonómicos aseguren este derecho en su territorio.

Desde hace 5 años numerosas entidades y movimientos sociales estamos luchando por terminar con esta desigualdad obscena, por la defensa de los sistemas públicos de salud con cobertura universal y exigiendo la reforma de este Real Decreto Ley estatal.

En el mes de septiembre pasado la Red de Denuncia y Resistencia al RDL 16/2012 (REDER) lideró una iniciativa por la que la mayoría de los grupos políticos de oposición en el Congreso de los Diputados firmaron el “Pacto político y social por un sistema nacional de salud público y universal”. Y la semana pasada se presentaba el informe “Defender nuestra sanidad. La sociedad civil frente a la exclusión sanitaria”, articulado en torno a cuatro ejes: “Resistir”, Denunciar”, Sensibilizar” y “Cambiar”, que documenta 3.784 casos de personas excluidas del sistema nacional de salud desde 2014. Una desigualdad, dolorosa y obscena, injusta y evitable, que es fruto de la acción humana y a la que, por tanto, se le puede dar la vuelta.

Hace casi 20 años cambiamos el nombre de aquel panel de Denis; hace 5 años nos lo borraron y desde entonces estamos escribiendo un nuevo cambio.

Jesús Chocarro San Martín, medicusmundi

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9 Oct 2017

La obscenidad de las puertas giratorias

Grandes accionistas, directivos empresariales y políticos giratorios. Si se trata de analizar quiénes son los máximos beneficiarios del actual modelo económico, caracterizado por el papel central que juegan las corporaciones transnacionales en el capitalismo global, no hay duda de que estas tres minorías son las que, con mucha diferencia, más han salido ganando.

Hablamos, sin ir más lejos, de accionistas como Amancio Ortega, que solo en este año se habrá embolsado 1.256 millones de euros en dividendos por sus acciones en la multinacional propietaria de marcas como Zara y Bershka. O de gigantes inversores como BlackRock, que acumula participaciones en cinco de las siete entidades financieras del Ibex-35, así como en otras catorce grandes empresas españolas que cotizan en ese índice bursátil. También de directivos como Rafael del Pino y Pablo Isla, presidentes de Ferrovial e Inditex, que fueron los ejecutivos mejor pagados en España en 2016 con unos salarios respectivos de 15,2 y 10,3 millones. Y, por supuesto, de todos esos políticos y empresarios especializados en dar vueltas a las puertas giratorias, con un listado interminable de miembros del gobierno español y de la Comisión Europea que vienen de estar a sueldo de las grandes corporaciones o que, cuando abandonan el coche oficial, pasan a trabajar para esas mismas compañías.

“El capitalismo de los últimos treinta años, y muy en particular el español, ha estado dominado por el lumpenempresariado”, afirma el filósofo César Rendueles: “Personas y empresas que han amasado gigantescas fortunas estafando, saqueando los recursos públicos, utilizando toda clase de ayudas y privilegios de la clase política”. Son esos supermillonarios que concentran en sus cuentas en paraísos fiscales los beneficios empresariales mientras demandan austeridad a sus conciudadanos y exigen el pago de las deudas ilegítimas a las administraciones públicas. Son esos inversores que antes engordaron sus fortunas con sus acciones en constructoras y petroleras y hoy hacen negocio con los alquileres y la turistización de las grandes ciudades. Son esos ejecutivos que, a la vez que los trabajadores con rentas más bajas no han dejado de ver cómo se depreciaban sus salarios, han incrementado sus retribuciones un 63% en los últimos años. Son esos políticos que tienen un asiento asegurado en los consejos de administración de las compañías del Ibex-35 cuando decidan retirarse de la vida pública y quieran pasar a recoger los frutos del trabajo que previamente han hecho desde los gobiernos.

“Basta de complejos. No creo que por ser rico nadie deba sentirse culpable ni ocultarse. Dejémonos de prejuicios”, decía hace unos años el director de la edición española de la revista Forbes. Pero el caso es que, como se puede demostrar al analizar el caso de los mayores millonarios españoles, la explotación laboral, la corrupción y la evasión fiscal, lejos de ser un cliché, son las prácticas que constituyen el modus operandi habitual del capitalismo español desde sus inicios.

Pedro Ramiro (@pramiro_) y Erika González, del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad.

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18 Sep 2017

Tierra desahuciada

Artículo de María Fernanda Matus para El Heraldo. Publicado originalmente el día 16/09/2017 en este enlace.

Las condiciones atmosféricas sufren transformaciones notorias. Desde los orígenes de la tierra, hace millones de años, el clima ha cambiado. Sin embargo, en la actualidad, el ser humano tiene la capacidad de afectar directamente en el sistema climático. La emisión de gases con efecto invernadero ha crecido masivamente, produce un incremento medio de la temperatura global que influye en diferentes sistemas de la hidrósfera, geósfera y biológicos del planeta. La realidad es que el clima es cambiante y lo ha sido desde siempre, el problema es que las drásticas alteraciones que vive en el presente, en gran parte, son por culpa del hombre.

La conciencia ambiental no es un capricho o una tendencia de moda. Es una urgencia que necesita el planeta. Aunque existe información para tomar medidas y evitar consecuencias irreversibles, el desconocimiento y la indiferencia siguen siendo protagonistas. Aparecen preguntas con respuestas variantes y las investigaciones tienden a dar resultados diferentes. El inconveniente es que algunas discusiones son irrelevantes, mientras que otras se convierten en uno de los mayores riesgos para el presente y el futuro del planeta. Debemos educarnos para poder identificar prioridades y cambiar nuestros hábitos.

Por ejemplo, los desperdicios de alimentos son una voz de alerta. El Dr. Ren Wang, durante el Congreso Internacional Save Food de Düsseldorf, afirmó: “Si la pérdida y el desperdicio mundial de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero y el mayor usuario del agua de riego. La superficie de tierra utilizada para producir alimentos que nadie come, equivaldría al segundo país más grande en el mundo”.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advirtió que más de 1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente. Esto afecta de manera definitiva el planeta, causa daños al clima, el agua, la tierra y la biodiversidad. Un tercio de los alimentos se estropea antes de ser consumido.

La comida que desperdiciamos es responsable de añadir 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta. “54% del desperdicio de alimentos en el mundo se produce en las etapas iniciales de la producción, manipulación y almacenamiento poscosecha. El 46% restante ocurre en las etapas de procesamiento, distribución y consumo de los alimentos”, según el informe anual de la FAO (Food and Agriculture Organization).

Malgastar alimentos es un problema grave que se encuentra fuera de control. Las desproporciones son injustas. África atraviesa una de las peores crisis de hambruna en la historia reciente. A nivel global, se produce suficiente comida para alimentar a todas las personas en el mundo e ilógicamente millones mueren de hambre. El tercio de los alimentos que se desperdician cada año bastaría para que todos los seres humanos comieran.

Es importante entender la complejidad del problema y tratar de solucionarlo. Debemos comprar los alimentos necesarios y ser conscientes del daño que sufre la atmósfera cada vez que despilfarramos lo que dejamos de consumir.

Recordar que el hambre en el mundo podría desaparecer si supieras distribuir los alimentos y no los desperdiciáramos.

El planeta no está bien. Negarlo es justificar la destrucción. Actuar, nuestro deber.

@MariaMatusV
maria.matus.v0@gmail.com

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