2 Abr 2018

Coincidencias…

El mes de Marzo une el Día Mundial del Clima con el asesinato de Oscar Romero y Berta Cáceres.

Los caprichos del calendario vienen de hacer coincidir el Día Mundial del Clima con el aniversario de la muerte de Oscar Romero y Berta Cáceres. Igualmente reciente es la noticia de la autorización por el Papa Francisco para la próxima canonización de quien, para su gente, ya era “San Romero de América” hace 38 años, cumpliendo sus propias palabras: “si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

Romero, en su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown por su lucha en favor de los Derechos Humanos, denunciaba la deshumanización imperante en nuestro mundo globalizado y defendía la urgencia de una nueva humanización basada en los “valores superiores” tales como el amor, la amistad, la razón y la contemplación. En su libro “San Romero de Los Derechos Humanos”, Luis Aranguren, contrapone estos valores superiores a los valores instrumentales que “prometen falsas salvaciones en la sociedad del mercado y en la era de la técnica y la tecnología”. Junto con esta absolutización de los valores instrumentales, hoy, la deshumanización de la que hablaba Romero, se manifiesta de manera evidente en la injusticia cronificada en las permanentes violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos y en el colapso medioambiental que vive nuestro planeta con la acción del hombre como causa principal.

En esta misma línea reza el enunciado “superarás el paradigma tecnocrático” correspondiente al décimo principio de su Decálogo Verde de la campaña “Si Cuidas el Planeta, Combates la pobreza” de la alianza Enlázate por la Justicia (Cáritas, CEDIS, CONFER, Manos Unidas, Justicia y Paz y REDES). Con él se propone ir más allá de las respuestas inmediatas y cantos de sirena de la curandería propia de nuestra civilización (primacía del mercado, tecnología y desarrollismo) para apostar por un cambio profundo de los modelos de producción y consumo y en las estructuras y los estilos de vida que lo sustentan.

Lamentablemente, no sólo en el calendario se dan estas coincidencias en la conmemoración del Día Mundial del Clima y aniversarios tan sensibles. También la realidad misma muestra al tiempo tres caras de la deshumanización reinante en esta época que Ernesto Sábato calificaba como de “humanismo en quiebra” y que aúna, como decíamos, la falta de sentido profundo de la existencia, el destrozo de La Casa Común y los atentados sistematizados contra los Derechos Humanos y quienes los defienden. Defensores que, al igual que Oscar Romero, Berta Cáceres o los 312 activistas de los Derechos Humanos asesinados en 2017, viven hoy en el corazón y la conciencia de su pueblo…

Jaime Palacio Forcat, REDES es miembro de Enlázate por la Justicia

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11 Oct 2017

Una niña pobre es aquella que no puede soñar

“Mi padre está en el paro porque la fábrica cerró. Mi madre está en casa buscando trabajo. Si mis padres dicen “no” sé que es por algún motivo. Mis padres quieren que seamos felices, si dicen “no” es porque no tienen dinero”. Así de clara se expresa Ana, con sus 12 años recién cumplidos y con ganas de seguir estudiando, aunque sabe que no lo va a tener fácil por la situación económica que vive en casa. Que Ana llegue a la universidad no va a depender de ella.

Titularse en educación secundaria obligatoria y seguir estudiando son dos condiciones imprescindibles para la futura integración laboral y social de los niños y niñas, sobre todo de estas últimas que son las que más sufren la desigualdad. Sin embargo, no todos los niños y niñas están en igualdad de condiciones, ya que acabar los estudios o abandonarlos tiene mucho que ver con el nivel de renta y formación de las familias. Todos sabemos que tener un entorno con contactos profesionales ayuda mucho a prosperar y, por ejemplo, a conseguir unas prácticas laborales o un primer trabajo.

“Una niña pobre es aquella que no puede soñar”, nos cuenta Silvia, otra pequeña que acude a los programas de ayuda de Save the Children para las familias en situación de vulnerabilidad. Una frase que cae a plomo, por la sinceridad de la niña y porque su contenido está ahí pero no lo queremos ver. La palabra “desigualdad” es muy común en titulares de periódicos, en discursos políticos y en un sinfín de artículos académicos e informes de ONG y de organismos internacionales. Es innegable, está ahí y aumenta a buen ritmo, pero es difícil de visibilizar, o no queremos verla. Hablamos de que hemos salido de la crisis económica pero hay muchos niños y niñas que se han quedado atrás.

España está entre los países de la Unión Europea con más desigualdad. Las personas más ricas en nuestro país ganan siete veces más que las más pobres, cuando la media europea es de 5,2 veces. Pero la desigualdad afecta con especial crudeza a los niños y, sobre todo a las niñas: los menores de edad con menos recursos se han empobrecido cinco veces más durante la crisis que los más ricos -un 32% y un 6% respectivamente-. Entre 2008 y 2015 el número de niños y niñas en situación de pobreza severa aumentó en 424.000. Una cifra de la vergüenza y la obscenidad.

En las sociedades más desiguales el éxito de los niños y niñas está condicionado por la herencia económica y social de los padres. En España, un niño que nace en un hogar pobre está condenado de por vida a serlo. El Estado no permite que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades, al contrario, les pone zancadillas a los que peor están.

No son solo números, en Save the Children vemos todos los días cómo muchos hogares, por mucho que se esfuercen, se quedan atrás mientras el resto del mundo avanza. Son las historias de Ana o de Silvia, y de muchas otras niñas que quieren soñar, pero las obligamos a permanecer despiertas.

Susana Hidalgo, Responsable de Comunicación de Save the Children

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19 Ago 2015

Algo más que ayudar en la emergencia

humanitaria ONU19 de agosto Día Asistencia Humanitaria

Desde hace ocho años, la agenda de días mundiales de Naciones Unidas cuenta con una cita el 19 de agosto para “llamar la atención sobre las necesidades humanitarias en todo el mundo y  recordar la importancia de la cooperación internacional para satisfacerlas”.

El día de la Asistencia Humanitaria nos recuerda que son muchas las personas que han sufrido desastres naturales o conflictos que los han alejado de su vida cotidiana y les hace necesitar la solidaridad de todo el mundo para poder seguir viviendo. Desgraciadamente son muchas las personas que en estos momentos precisan de la ayuda humanitaria para mantenerse en pie: millones de personas en Nepal están rehaciendo su vida tras el terremoto de abril, los conflictos armados de Siria, Sudán del Sur, Afganistán, etc. mantienen a la población en situación de emergencia, sin poder recomponer su vida y necesitando el apoyo de las organizaciones humanitarias para cubrir sus necesidades más básicas. Pero también permanece dependiente de la ayuda humanitaria la población saharaui que, sin solución política al conflicto por el territorio, sigue viviendo en precario en lo que fueron campos de refugiados provisionales y hoy son su hogar tras el paso de 40 años, al igual que gran parte de la población palestina.

La ayuda humanitaria es una necesidad inminente, una respuesta de la comunidad internacional ante una situación de emergencia, ante una catástrofe natural, pero también es una acción de contención en medio de un conflicto que no encuentra soluciones y que mantiene a la población en medio del dolor y el sufrimiento, sin acceso al agua, a la salud, a la propia comida que necesita cada día.

Las ONG somos parte de esta respuesta humanitaria, algunas especializadas directamente en la ayuda de emergencia, y otras contribuyendo a la necesaria reconstrucción cuando pasa la primera hora de atención tras el desastre. Pero no podemos dejar que la emergencia se enquiste y se convierta en dependencia permanente, ni que la ayuda solidaria y ciudadana que se gestiona desde organizaciones humanitarias solape la inacción de los estados para resolver las crisis.

Cada vez somos más las organizaciones que nos damos cuenta de la necesidad de presionar, de difundir realidades injustas y de no dejarnos utilizar por quienes toman parte en los conflictos. Detrás de la emergencia humanitaria también hay decisiones políticas que ayudan o entorpecen la recuperación de una vida normal y el adecuado acceso a derechos de una población. En InspirAction combinamos el trabajo de ayuda humanitaria con el trabajo de incidencia porque creemos en una acción integral para luchar contra la pobreza. Como parte de la Fundación Christian Aid Internacional respondemos con agilidad ante situaciones de emergencia, pero de forma continuada trabajamos en redes de incidencia para defender los derechos humanos y tener presente que la respuesta solidaria de la comunidad internacional no puede ser sólo puntual y a medida de los desastres, sino que tiene que ser un clamor de justicia global y plantee los problemas y las soluciones para quienes más sufren.

Este día mundial de la Asistencia Humanitaria también rinde homenaje a quienes han perdido la vida trabajando en la emergencia y el socorro, recordando el atentado terrorista contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad donde, un 19 de agosto de 2003, murieron 22 personas.

Reconocer así el trabajo de quienes dedican su esfuerzo como cooperantes y profesionales de la ayuda humanitaria es justo ya que esas personas realizan su tarea en las condiciones más difíciles. Aunque sin duda lo importante es que comparten quehacer con quienes sufren directamente las consecuencias de un terremoto o unas inundaciones, o quienes huyen de un conflicto armado dejando atrás todo lo que tenían. Esas personas que hoy en nuestro mundo siguen necesitando ayuda directa para cubrir sus necesidades básicas e indignación y petición de responsabilidades por parte de la ciudadanía ante quienes dirigen nuestros estados para que respondan con diligencia y con solidaridad.

 

Corina Mora Torrero. Incidencia y Comunicación. InspirAction

 

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7 Abr 2015

¿Es inocua nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema del Día Mundial de la Salud 2015 la inocuidad de los alimentos. En la presentación del DMS se explica que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades diferentes y son responsables de unos 2 millones de muertes cada año.

La inocuidad de los alimentos así entendida, en su sentido estricto, es un tema muy relevante de salud pública. Todavía tenemos en la memoria algunas crisis impactantes, como la del aceite de colza deCartel OMS_alimentos inocuossnaturalizado, la de las vacas locas o la de los pepinos en Alemania hace poco más de tres años. En cada caso se produjeron muertes y mucho sufrimiento asociado a esas situaciones de falta de inocuidad de los alimentos.

La OMS apunta a la “cada vez más evidente necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países”, por lo que el Día Mundial de la Salud 2015 se orienta a “fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato”. Pero, ¿qué ocurre después del plato? ¿Es suficiente con garantizar que los alimentos que llegan al plato no contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas?

Sería conveniente tener una visión más amplia de la inocuidad de los alimentos. Si seguimos la definición que nos da la Real Academia de la Lengua, es inocua aquella alimentación que no hace daño. Y si miramos los daños que está produciendo nuestro sistema alimentario, difícilmente podríamos hablar de inocuidad. La obesidad está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas, hasta el punto de ser catalogada como uno de los grandes problemas actuales de salud pública, una pandemia con un coste asociado de más de dos billones de dólares al año, que se va incrementando año a año.

No es casual que en los últimos cuatro años The Lancet haya publicado dos series dedicadas a la obesidad, una en agosto de 2011 y otra a comienzos de 2015. Los expertos la consideran el mayor factor causal de carga de enfermedades prevenibles en muchas regiones, incluso por delante del tabaco. Los datos que aportan apuntan a unos 1.500 millones de personas con sobrepeso y más de 500 millones con obesidad. Su repercusión en la salud es muy alta, ya que está relacionada con el 80% de los casos de diabetes, con el riego de padecer hipertensión, colesterol alto, diversos tipos de cáncer, etc.

Es más fácil ganar peso que perderlo

El análisis del conjunto de factores determinantes de la obesidad es muy complejo, pero las investigaciones señalan que la creciente disponibilidad de alimentos altamente calóricos más baratos junto a las potentes fuerzas económicas que impulsan su consumo –con un marketing más generalizado y persuasivo– conducen inevitablemente hacia el sobre-consumo y la obesidad.

Las campañas de publicidad –incluso dirigidas a público infantil– relacionadas con productos que pueden ser nutricionalmente dañinos parecen no tener límites; los requerimientos a dichos productos desde un punto de vista de salud y nutrición se nos antojan muy laxos. Los poderes públicos responsables deberían analizar el coste humano, de salud e incluso económico que tiene el hecho de no regular adecuadamente la utilización de ingredientes no saludables en la producción de alimentos. No solo deberían pensar cómo estimular a los consumidores hacia dietas más saludables sino también cómo pueden incentivar a la industria alimentaria para que produzca alimentos más saludables (o como desincentivarla para que no produzca tantos alimentos no saludables).

Hace ya varios años, el entonces relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, señalaba que nuestros sistemas alimentarios son “obesogénicos”, generadores de obesidad y que, al ritmo que vamos, en 2030 se producirían 5 millones de muertes de personas menores de 60 años como consecuencia de enfermedades no transmisibles relacionadas con el consumo de una dieta no saludable, es decir, más del doble de las muertes que se producen por el consumo de alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas.

En este Día Mundial de la Salud 2015 convendría que tuviéramos una mirada más amplia, más inteligente, más crítica sobre la inocuidad de los alimentos y que, a partir de ella, se generaran las respuestas políticas adecuadas. La falta de acción de los poderes públicos en este sentido se podría considerar un incumplimiento de sus obligaciones de proteger y garantizar los derechos humanos a la salud y a la alimentación.

José Mª Medina Rey, director de PROSALUS

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18 Mar 2015

2015: un año clave para las mujeres #action2015

En Jordania, una niña siria de 13 años es casada contra su voluntad con un hombre 10 años mayor para aliviar la situación económica de su familia. En Irlanda una mujer muere porque la legislación no le permite interrumpir un embarazo de riesgo. En Bolivia, una indígena camina durante horas para llegar a la clínica más cercana para dar a luz. Y en Camerún, una madre con cinco hijos quiere evitar otro embarazo, pero no tiene acceso a anticonceptivos.  Cuatro historias y cuatro mujeres que representan en carne y hueso el enorme desafío que supone aún garantizar incluso los derechos más básicos de las mujeres.

Claro que sería falso decir que no hemos avanzado. A veces pienso en mi abuela. Aquella mujer de la Suecia profunda que nació unos años antes de que las mujeres de su país consiguieran el derecho al voto y murió poco después de la histórica conferencia sobre la Mujer en Beijing. Ella vivió una verdadera revolución. Un cambio profundo en la familia, en la sociedad y en el mundo. Las mujeres ganaron el derecho al voto. Tomaron las calles para exigir acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones. Exigieron y conquistaron el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Y empezaron a desafiar hasta el propio concepto de ser mujer, aquella categoría que para algunas se había convertido ya en camisa de fuerza.

Las cifras cuentan la misma historia. A nivel mundial, sólo en las últimas décadas más de 500 millones de mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo, se ha reducido la mortalidad materna casi a la mitad y las mujeres han logrado la paridad en la educación primaria en la gran mayoría de los países. Claro que sería falso decir que no hemos avanzado.

Pero sería igual de falso decir que estos avances son suficientes. Seguimos viviendo en un mundo en el que más de 60 millones de niñas están casadas. En el que 47.000 mujeres al año pierden la vida debido a abortos inseguros, la inmensa mayoría en países en los que el acceso a abortos legales está restringido por ley. En el que 800 mujeres siguen muriendo cada día por causas prevenibles durante el embarazo y el parto y 220 millones de mujeres carecen de acceso a métodos anticonceptivos a pesar de querer evitar el embarazo. Si seguimos avanzando al mismo ritmo que ahora, las mujeres lograrán la igualdad en el año 2095, según el último informe del Foro Económico Mundial. Y eso, si sólo entendemos la igualdad en términos económicos.

No podemos permitirnos ese lujo. El feminismo no es, ni debe ser, el arte de la paciencia. Es el arte de cambiar el mundo. Y hoy, 8 de marzo, es el día de inaugurar la gran exposición que lo ponga en el escaparate mundial.

Este año, tenemos dos oportunidades que no pueden pasarse por alto. Por un lado, los países miembros de la ONU están en plena discusión de lo que podrían ser las negociaciones más importantes de la historia para los derechos de las mujeres: la adopción de los Objetivo de Desarrollo Sostenible, cuya cumbre tendrá lugar en septiembre. Por otro, en noviembre, se celebra la Cumbre contra el Cambio Climático. Son dos ocasiones que deben servir para pisar el acelerador. Lo que allí se decida afectará muy especialmente a mujeres y a las niñas que no pueden esperar otro siglo, que tienen su futuro marcado por la capacidad que tengan nuestros líderes de comprometerse con ellas.

Así lo entienden más de 1.300 organizaciones sociales de 133 países, que nos hemos unido en torno a la plataforma ACTION 2015. Nos hemos organizado porque estamos convencidas de que es imprescindible que en esas dos grandes citas se pongan sobre la mesa compromisos firmes para transformar el mundo.

No puede haber desarrollo real mientras no haya igualdad real; mientras existan leyes que discriminan a la mitad de la población mundial; mientras no se asuma un compromiso global de “tolerancia cero” a la violencia de género; mientras el aborto siga estando penalizado y restringido por las leyes; mientras no se prohíba globalmente el matrimonio de menores; o mientras siga habiendo un solo caso de ablación del clítoris.

Mi abuela, en Suecia, vivió una revolución lenta pero fundamental. Ahora ese país es ejemplo de grandes avances por sus políticas sociales, aunque también con pendientes importantes en materia de igualdad. El reto es  lograr que todas las mujeres y niñas del mundo alcancen la justicia y el pleno ejercicio de sus derechos. 2015 es una oportunidad para ello. No la desaprovechemos.

Sandra Johansson, Responsable del área de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad

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