28 Nov 2018

Mujeres que defienden los derechos, el planeta y la vida

Artículo escrito por Mercedes Ruiz-Giménez Aguilar (@Merche_RG ), con motivo del Día Internacional delas Mujeres Defensoras– 29 de noviembre 2018

Mujeres. Miles de defensoras y activistas, articuladas en diferentes plataformas; indígenas, negras, mestizas, campesinas y urbanas, adultas y jóvenes, diversas en todos los sentidos, activistas de América Latina y el Caribe, de África y Asia, de Europa nos unimos en esta fecha para hacer presentes las violencias, muchas veces invisibilizadas, del modelo de desarrollo del capitalismo extractivo y de los fundamentalismos que están matando nuestra dignidad, nuestras vidas y nuestros derechos.

El Día internacional de Mujeres Defensoras nace durante la Primera Consulta Internacional de Mujeres Defensoras que se realizó en Colombo (Sri Lanka), en 2005. La primera resolución adoptada por la Asamblea General de la ONU sobre Defensoras de Derechos Humanos fue aprobada el 18 de diciembre de 2013. Este es un día dedicado al reconocimiento de las mujeres que, a título individual o colectivo, trabajan por hacer realidad sus derechos y/o defienden el derecho a una vida digna para todas las personas. Mujeres que denuncian las múltiples violencias a las que están sometidas en zonas rurales o semi urbanas, en procesos migratorios y/o de refugio, las que denuncian la devastación medioambiental por proyectos extractivos y empresas trasnacionales, las que trabajan por los derechos a una salud sexual y reproductiva, a las que son estigmatizadas por su etnia, discapacidad, o identidad  sexual…

Mujeres con nombres y apellidos, familias y vidas

Recordamos en este día a tantas defensoras anónimas que en todo el planeta con alto riesgo defienden sus derechos y sus libertades. A unas les ha costado la vida, otras siguen luchando en situaciones muy críticas sufriendo ataques permanentes: Bertha Cáceres (Honduras),  Máxima Acuña (Perú), Lolita Chavez (Guatemala), Marielle Franco (Brasil), Silvia Andrea Berrocal (Colombia), Aminatou Haidar (Sahara Occidental), Gloria Capitan (Filipinas), Nicolasa Quintremán (Chile), Amal Fathy (Egipto), Helena Maleno (España) y muchas  otras que siguen alzando sus voces para pedir justicia en contextos racistas, patriarcales, neoliberales, extractivistas y de estigmatización que violan derechos humanos de las mujeres, de sus comunidades y de la vida del planeta.

Las violencias específicas que experimentan las defensoras de los derechos humanos, así como el impacto que tienen estas agresiones en sus vidas y activismo, son cada vez más evidentes. Va en aumento el número de mujeres que son agredidas por la  defensa de la tierra y  sus recursos, seguidas por las que trabajan por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias, particularmente en contra del feminicidio/femicidio, el derecho a la participación política y las que trabajan por los derechos sexuales y reproductivos, incluido el derecho a la diversidad sexual y a la interrupción legal del embarazo.

Cuidado mutuo frente a las violencias 

En palabras de las propias defensoras, “El autoritarismo y el cierre de espacios democráticos, lejos de revertir, se expande en la mayoría de nuestros países, usando la violencia y la discriminación contra las mujeres como mecanismo de control social. Las mujeres nos encontramos en una posición de extrema vulnerabilidad en la que nuestros cuerpos y vidas son objeto de todo tipo de violencias: el cada vez más agravado fenómeno de la feminización de la pobreza, el despojo de las tierras, el espolio de bienes naturales o comunitarios como el agua o la semillas, la explotación laboral, la trata con fines de explotación sexual, las agresiones físicas, la desigualdad, la imposición de roles y mandatos de género, la penalización del aborto y del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y sexualidades, la violación, los crímenes de odio o los femicidios, entre tantas otras. Por ello, al menos en 37% de las agresiones registradas contra las defensoras se ha identificado algún componente de género, es decir, elementos de la agresión que se orientan de manera directa yexplícita al hecho de que la agredida sea mujer.” (Pronunciamiento en el Día Internacional de las Defensoras de Derechos humanos 2017, de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos)

El objetivo de esta jornada internacional de Mujeres Defensoras es apoyar las estrategias de protección integral feminista que se están impulsando desde las propiasdefensoras y sus organizaciones. Iniciativas basadas en la autoprotección colectiva y el autocuidado, esenciales para hacer frente a las violencias. Fortalecer alianzas con estas iniciativas, alimentar complicidades y tejer redes desde lo local hacia lo global es fundamental para hacer realidad que #JuntasConstruimos y que #DefensorasNuncaSolas.

Reconocemos y valoramos la importante participación de las defensoras en la lucha por los derechos humanos universales. Instamos a la comunidad internacional y a los gobiernos para que pongan fin a tanta impunidad y se implementen políticas públicas que garanticen el ejercicio de un derecho tan importante como es defender nuestros derechos.

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19 Nov 2018

Desmontar leyendas urbanas para #cooperarmejor

Por Coordinadora Valenciana de ONGD

Es real, nos ha ocurrido. A veces más de una vez. Una persona que llama por teléfono a la Coordinadora Valenciana de ONGD para contarnos que se acaba de separar, que no sabe qué hacer con su vida y está pensando en irse “de cooperante” a algún país donde le “necesiten”. O el caso de un empresario del calzado que no sabe qué hacer con los zapatos de su muestrario -todos del pie izquierdo- y que, como le “da pena tirarlos” quiere saber si lo puede enviar a “algún sitio”. Ya sabéis, el típico país en el que la gente solo tiene pies izquierdos.

Aparte de lo que tienen de sorprendente y cómico, estas situaciones nos demuestran algo que ya sabemos: los seres humanos llevamos muy dentro la cooperación, es nuestra naturaleza, lo que nos hace evolucionar como especie. También nos demuestra que las ONGD no hemos conseguido explicar muy bien hasta ahora qué es la cooperación internacional y cómo se puede participaren ella.

Por eso, desde la Coordinadora Valenciana de ONGD hemos lanzado la campaña “Cooperar está dentro de ti. Mira cómo podemos hacerlo mejor”, con la web www.cooperarmejor, una exposición itinerante y muchas cosas más. Lo hemos hecho con humor porque queremos pasarlo bien, y sabemos que pocas cosas hay más sanas y poderosas que la risa. Con la campaña queremos desmontar algunas “leyendas urbanas” en torno a la cooperación, y ofrecer herramientas para que la ciudadanía pueda conocer mejor cómo trabajamos, para que pueda hacer frente a la desconfianza y las dudas que tengan, y participe de forma más activa.

De hecho, creemos que a nuestra clase política, en todos los niveles de la Adminitración -y en particular a nivel estatal-, le vendría muy bien echar un vistazo a esta campaña en estos momentos en los que desde la Coordinadora de ONG de Desarrollo, se exigen unos presupuestos decentes para la cooperación, con los que superar los niveles ridículos del 0,19% de la Renta Nacional Bruta.

Podrían, entre otras cosas, darse cuenta de que lacooperación no es cuestión de caridad, sino de justicia y que, por lo tanto, no se trata de dar (tampoco en los presupuestos) lo que nos sobra, sino de generar políticas y hacer inversiones en la erradicación de las causas de la pobreza y la desigualdad global.

Porque cuando escuchamos la frase hecha de que “primero hay que atender lo de aquí”, tendremos que recordar que cuando pedimos el 0,35% de la Renta nacional Bruta en los presupuestos de este año, el 99,65% de la riqueza ya se queda “aquí”.

O porque sabemos que hay recursos de sobra, porque la cooperación es eficiente, porque empodera y genera derechos, por corresponsabilidad en una situaciones de pobreza que no caen del cielo, sino que tienen mucho que ver con nuestra forma de vivir y de consumir. Porque cooperar es parte de lo que somos, está dentro de nosotras y nosotros, y queremos demostrarlo (y celebrarlo).

Uno de los carteles de la campaña
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5 Jun 2018

Y a pesar de todo, ¡persistimos!

La cooperación suele ser noticia para desacreditarla, para atribuirle corrupción, por un supuesto escándalo o para justificar su desaparición. Difícilmente encontramos espacios para explicar logros y cambios reales en la vida de millones de personas. La semana pasada Oxfam Intermón publicó los datos oficiales de la cooperación española en su web de la Realidad de la Ayuda. Un año más, podemos certificar lo lejos que estamos de los compromisos adquiridos.

Hace tiempo que la cooperación para la mayoría de ONGs dejó de ser una inyección de dinero en países empobrecidos. Hace tiempo que la cooperación ha dejado de ser sólo transferencia de recursos económicos y humanos entre países ricos y pobres. Las evaluaciones y los datos que continuamente recogemos las entidades nos demostraron hace ya muchos años que la cooperación no puede basarse sólo en proyectos y dinero (aunque son necesarios y que los que hemos gestionado, los hemos utilizado de la mejor manera posible).

Explicar que pasa realmente lejos de casa, pedir cambios en leyes y decisiones políticas e interpretar la realidad pensando en el 99% de la ciudadanía son también decisivos en la labor de las ONG.

Un ejemplo: en el informe “Ilusiones fiscales” de Oxfam Intermón se dice que del 100% del dinero que se “pierde” en África, un 5% es por corrupción, un 30% por negocios ilícitos y un 65% por elusión y evasión fiscal. Este 65%, en volumen, duplica casi toda la ayuda de todos los países del mundo a África. Es decir, lo que deberían tener por justicia, duplica lo que les damos por generosidad.

Este dato y muchos más en el mismo sentido, hace que entidades como VSF por ejemplo, este explicando que consumimos más azúcar de lo que necesitamos, que los ecologistas reclamen más consumo de proximidad y comercio justo, que GRAIN denuncie el acaparamiento de tierras, y que la Mesa por Colombia denuncie las intervenciones de una empresa privada catalana al puerto de Buenaventura. En Oxfam Intermón nos lleva a estar luchando contra los paraísos fiscales, para poder tener una fiscalidad justa como herramienta para luchar contra la desigualdad. No se puede juzgar y seguir recortando y desacreditando la cooperación por sí sola, sin analizar la escena internacional y las injustas y desiguales relaciones mundiales.

A pesar de ello, sólo hablando de Oxfam Intermón, hay 19 millones de personas que en 90 países les ha cambiado la vida. Se ha revertido su situación como un calcetín gracias a que la cooperación, combinada con su iniciativa y su esfuerzo, les ha dado una oportunidad que nunca hubieran tenido. Son 19 millones de personas que no volvieron a acostarse dando vueltas a la idea de emigrar o de ser un refugiado. A escala de todas las ONGs del estado español, son 35 los millones de personas a las que llega la ayuda española en 105 países, a pesar de la ayuda oficial del gobierno entre 2009 y 2015 se haya reducido un 73% y se hayan perdido 2.400 puestos de trabajo.

El gobierno español y sus presupuestos desgraciadamente no están dispuesto ni a los cambios de coherencia de políticas que se necesitan ni a invertir los mínimos imprescindibles y comprometidos. Los datos oficiales dicen que lejos del 0,7%, España dedica un 0,17% con unas décimas de incremento sobre el año anterior y teniendo en cuenta que se incluyen en la cifra los gastos de refugiados en nuestro país, tanto de acogida como de “control de la migración”. Mantenemos la reclamación de que los costes de acogida estén mermando los de ayuda en origen y así no conseguiremos nunca dar suficientes oportunidades a los países para que las personas no tengan que migrar a la fuerza. Al ritmo de crecimiento actual de la ayuda, tardaríamos 38 años en llegar al 0,7%. Hecho el análisis con profundidad, los fondos dedicados realmente a desarrollo y acción humanitaria son realmente ridículos.

Nos duele la dejadez, tanto en la coherencia de políticas como en conseguir el testimonial 0,7%. Nos duele el acoso a activistas como Helena Maleno, a personas y entidades defensoras de los derechos humanos, y la ignorancia de la imprescindible coherencia de políticas. Es decir, que lo que hacemos con una mano no lo desmontemos con la otra.

Dejemos de pensar que la cooperación es un intercambio más o menos generoso o solidario de dinero y recursos. La cooperación es un tema de justicia. La cooperación está intentando ir a las raíces de los problemas. La cooperación continúa haciendo proyectos para seguir cerca de quien sufre estas injusticias. Y por eso precisamente sigue siendo imprescindible. Por eso es ahora una voz molesta para gobiernos y poderes económicos.

Si a pesar de todo, 35 millones de personas han podido tener una oportunidad y seguimos siendo una de las pocas voces que proponen soluciones para el 99%, entenderemos porque es necesario seguir defendiendo la cooperación internacional, a pesar de que hagan lo imposible para decirnos lo contrario y desacreditar a sus verdaderos actores.

El camino para llegar al 0,7%, es llegar al 0,4% en el 2020. ¡Exijámoslo!

¿Supondrá un cambio de actitud y de acciones en este tema la llegada de Pedro Sanchez al Gobierno?

Francesc Mateu, Oxfam Intermón

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10 Ene 2018

¿Qué son los Presupuestos Generales del Estado?

Un concepto que suena abstracto, pero que repercute en los 365 días que el 2018 nos pone por delante. Acudir al médico, utilizar el transporte, estudiar una carrera o hacer la compra, son algunas de las tareas cotidianas que se verán afectadas negativamente, si los Presupuestos Generales del Estado apuestan de nuevo por un recorte en temas sociales. Para saber y tener conciencia de lo que en unos días se va a debatir y que marcará la senda de este nuevo año, rescatamos un artículo de Ana Clara Padilla y Jose Alfonso Delgado de la  Fundación PROCLADE e integrantes del Grupo de Pobreza Cero que explican de forma clara estas palabrejas. Leer el artículo completo aquí.

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7 Oct 2017

Día del trabajo decente para una filosofía de transformación

 

Conmemorar el día del trabajo decente

Lo bueno que tienen las conmemoraciones de día internacional de esto o de lo otro es que nos sirven para hacer una reflexión del porqué del día y, además, motivarnos para actuar por  el motivo señalado.

Este puede ser el caso del 7 de octubre, Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Fue la Organización Internacional del Trabajo, un organismo tripartito donde como elemento singular se sientan en igualdad de condiciones los sindicatos, empresarios y los gobiernos (aunque muchas veces hay una coalición entre los dos últimos), la que acuñó el concepto de trabajo decente. Con esto, querían definir trabajo con derechos, con ingresos suficientes para mantener un hogar y a una familia, con seguridad y protección social, ello en una sociedad inclusiva y democrática.

En este mundo, con una inmensa capacidad de transmitir mensajes y con múltiples canales informativos y de entretenimiento, hay un interesado olvido de entender que el trabajo es forma parte central de la sociedad. El trabajo es el que crea la riqueza que hay en este mundo. Nos procura rentas, redefine nuestros intereses e inquietudes.

Siendo esto cierto, al mismo tiempo, asistimos a debates sobre robotización y a un futuro de cambio tecnológico donde se minimiza la “fuerza de trabajo”. Se habla también de cambios profundos en la relación con la naturaleza, nuestra vida cotidiana y el cambio de pautas de consumo.

Además,  está pendiente de resolver la problemática de cómo y cuánto en la isla europea se mantendrá un sistema de prestaciones sociales universales, que hasta ahora está ligado, en buena parte, a los impuestos procedentes de las rentas de trabajo. Unas rentas procedentes del trabajo que menguan con respecto a los beneficios del capital en una globalización que está produciendo una desigualdad obscena.

Una desigualdad obscena tanto de riqueza, como de flujos de renta. Riqueza de unos pocos cientos de personas frente a millones o ante miles de millones de personas. No es baladí la existencia de los paraísos fiscales y de su mantenimiento gracias a los gobiernos que dicen que quieren combatirlos. Diferencias de ingresos laborales, que antes eran de 1 a 4, después 1 a 10, ayer de 1 a 100, y sigue creciendo la desigualdad de la valoración del trabajo según sean unas tareas u otras, eso sin entrar en el significado moral de unos u otros trabajos.

La desregulación laboral, las cadenas de valor de multinacionales que conducen el 60 por ciento del comercio mundial, la tercerización planteada por plataformas digitales de prestación de bienes y servicios, que quieren escaparse de realizar su actividad con una relación laboral típica y también de una fiscalidad sobre sus ingresos, etc., producen una vuelta a una informalidad económica, fomenta unas devaluaciones laborales que ayudan a la extensión del trabajador pobre, aquel que aún trabajando no obtiene unas rentas suficientes para salir de ese estadio de precariedad.

Frente a estos fenómenos hay reacciones. No suficientes, pero hay que acrecentarlas.

Desde el plano discursivo y también desde el lado normativo. Bien está que el trabajo decente y su extensión universal estén incorporados dentro del Objetivo octavo del Desarrollo Sostenible que todos los gobiernos del mundo se comprometieron a cumplimentar,  reordenando sus políticas para lograrlo, formando parte de la Agenda 2030. También el Gobierno de España viene obligado por ese compromiso y a otros que debieran ser el eje de la política y de los presupuestos. Está en nuestra mano, paso a paso, el modificar una política económica y ambiental, reorientándola, poniendo como horizonte esos Objetivos universales.

También, hay que resaltar, se puede alcanzar en los próximos meses un acuerdo jurídicamente vinculante sobre el respeto de los derechos humanos y las transnacionales y otras empresas. Hay un foco, que esperemos continúe, sobre la elusión fiscal de grandes empresas transnacionales y esperemos que concluya haciéndolas pagar en la misma proporción que las pymes,…

Nadie tiene muchas respuestas. Sabemos que hay que cambiar de sistema productivo, abogar para que haya más investigación, cambiar las pautas de consumo, rechazando la obsolescencia programada; ir hacia una transición energética, mejorar la redistribución y el tiempo de trabajo para lograr una sociedad más inclusiva. Es imprescindible vencer las desigualdades y crear una economía sostenible, con un trabajo decente para una vida digna.

Estos axiomas son vectores de cambios. Son esas respuestas. Y son las que nos deben llevar a  exigirnos una coherencia entre lo que racionalmente creemos que es lo mejor para nosotros y  nuestros hijos y nuestro comportamiento individual y también colectivo para rechazar la miseria que sufre mucha parte de la humanidad y lograr una filosofía de la transformación.

Santiago González Vallejo, USO – SOTERMUN

 

 

 

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