Frente a la historia única, letras y voces para configurar el mundo

¿Qué pasaría si estuviéramos condenadas a una existencia de historias únicas, de falta de opciones, de falta de medios para generar y encontrar alternativas? ¿Qué pasaría si careciéramos de la habilidad para leer el mundo?

Contaba Chimamanda Adichie, escritora nigeriana y excelente narradora de historias, en El peligro de la historia única, conferencia que se ha convertido en una charla TED de referencia, que conocer un solo punto de vista, una realidad incompleta, una sola idea de la sociedad o de las personas, nos lleva a ver la realidad deformada desde visiones parciales basadas en estereotipos.

“La consecuencia de la historia única es que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana y enfatiza nuestras diferencias en lugar de nuestras similitudes”.

En el mundo complejo y desigual en el que vivimos, marcado por los discursos sesgados y dominantes que se expanden y erosionan la convivencia, la importancia del acceso a las historias -a la pluralidad de historias, contadas desde diversos y ricos puntos de vista- se ha convertido en una herramienta crucial para ampliar nuestra visión del mundo.

El acceso a la información y la capacidad analítica y crítica que invita a querer conocer más es la clave para conseguir una ciudadanía global consciente y comprometida que amplíe el imaginario colectivo y confronte las historias incompletas. El elemento habilitador de esta tan importante capacidad se encuentra en la educación, una educación de calidad, equitativa, inclusiva y a lo largo de toda la vida, orientada a generar una ciudadanía crítica y transformadora.

Ante la urgente situación de las 750 millones de personas jóvenes y adultas y 250 millones de niños y niñas que no han conseguido adquirir las capacidades básicas de cálculo y lectoescritura, la alfabetización, entendida en su sentido amplio como derecho de las personas y medio de identificación, comprensión, interpretación, creación y comunicación en un mundo cada vez más digitalizado, se erige como primer paso en este camino.

La alfabetización, tal y como defiende la UNESCO, se sitúa como base para alcanzar el desarrollo sostenible mediante la promoción de la participación de las personas en su sociedad, la mejora de la salud y la alimentación de los niños, niñas y familias; la reducción de la pobreza y el incremento de las oportunidades de desarrollo durante toda la vida.

Por todo ello, la Agenda 2030 suscrita por la comunidad internacional para alcanzar el desarrollo sostenible en los próximos años contempla, en su Objetivo 4, la necesidad de garantizar el derecho a esta educación y brinda por ello una excelente oportunidad para que gobiernos y sociedades en todos los países del mundo se orienten a su consecución.

Debemos seguir por tanto trabajando para garantizar que todas las personas que no están ejerciendo este derecho humano básico tengan la posibilidad de acceder a una educación de calidad, que capacite y de acceso a las herramientas necesarias para vivir una vida digna. Tenemos que seguir trabajando para que las historias únicas se conviertan en historias variadas, diversas, amplias y completas a la que todas las personas, por el hecho de serlo, tengan acceso.

Por Clara Senent, Entreculturas

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