«Ni gente sin casa, ni casas sin gente»

Cada vez más y más personas se están mudando a las ciudades porque es donde están las oportunidades de trabajo y de futuro. Cuando llegan a ellas, querer vivir en el centro choca con un gran problema: el alquiler.Con el auge de las viviendas vacacionales en las grandes urbes, los pisos que quedan libres tienen precios desorbitados a pesar de ser viviendas sin amueblar o por pequeños zulos sin luz y con goteras. Esta situación sorprende tanto como cuando conocemos que nos cuenta que está viviendo a turnos entre casas de amigos o familiares, en pensiones de mala muerte, en casas ocupadas o en sus coches, si es que tienen suerte de tener y poder aparcarlo.

Así, resulta imposible que una o uno pueda elegir dónde quiere vivir. Ya sea porque no nos da el dinero para alquilar una habitación, no reunimos los requisitos mínimos para llegar a la entrevista en la que se escoge a la persona inquilina o simplemente porque ya hay un gran grupo de personas que está pujando por ella cuando tan sólo han pasado 5 minutos desde que anunció.

Y es que parece que a ciertas personas se les ha olvidado que la vivienda es un derecho humano y no una mercancía.

Un anuncio en Milanuncios decía lo siguiente: “Me urge encontrar un piso. Somos una pareja con un niño de tres años y otro en camino. Nos conformamos con que tenga sitio donde cocinar, nevera, lavadora y ventilación. Estoy con riesgo de parto prematuro por la ansiedad que me provoca llevar más de año y medio buscando algo y nada. Me veo con un bebé en brazos y una casa donde caen goteras, sin ventanas y humedades. Ya mi hijo estuvo ingresado por infección en los pulmones en invierno. Podemos pagar máximo 400 euros”.

El problema de la falta de viviendas dignas y asequibles ha pasado a ser el pan de nuestro día a día tras el paso de la crisis en nuestro país, donde innumerables familias y personas se han visto en la calle tras una notificación del banco y sin saber qué hacer o que tienen derecho a una reparación efectiva.

Cuestión de derechos

Aunque España tiene la obligación de velar por los derechos de su ciudadanía, la realidad es otra: alta tasa de paro, sueldos y condiciones laborales pésimas que junto con la falta de interés, de cubertura social y de las medidas fiscales apropiadas, nos da como resultado desahucios, albergues a rebosar, casas ocupadas, gente viviendo en la calle, etc. Mientras, algun@s políticos que viven en urbanizaciones de lujo, se toman la licencia de olvidarse del asunto y no cumplir con su deber: proteger y velar por los derechos de sus ciudadan@s. Esto tiene un nombre: desigualdad obscena.

Tenemos derecho a una vivienda digna tal y como dice nuestro artículo 47 de la Constitución. Son muchos los colectivos sociales que así lo reclaman. El Mar de Madres L24, de Cataluña, recuerdan que “Un techo en condiciones es la base de la supervivencia humana. Las vidas de las personas que no pueden pagar valen tanto y merecen ser vividas como las de las demás”. Que haya gente sin casa, y casas sin gentes, y de lo que denunciamos en Pobreza Cero. Además, hay responsables que tienen en su mano cambiar el orden de las cosas y propuestas que como ciudadanía podemos hacer al respecto.

Necesitamos un marco de regularización en las ciudades españolas que marque los límites, concretando los precios por zonas y metros cuadrados de la vivienda y que esté adaptado a los salarios de la mayoría de la población. De este modo, muchas de las personas y familias que se están sobre-esforzando para llegar a fin de mes, puedan dejar de sentir que no les da para más el cinturón y ver garantizados sus derechos.

Wei-Hui Cui, Inspiraction

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