No es labor para mujeres: defender los derechos humanos en tierra de hombres

AnaGómez Pérez-Nievas, periodista en Amnistía Internacional España

Hace70 años la activista Hansa Mehta logró que en la DeclaraciónUniversal de Derechos Humanos se hablara de la protección de “los seres humanos”, no solo del “hombre”. Tras un año marcado por la resistencia de las mujeres analizamos la importancia de esa particular lucha de Mehta: siete décadas después, la mitad de la población sufre violencia y discriminación por su condición de género. Y son las activistas o defensoras de derechos humanos las que se siguen llevando la peor parte: no solo son hostigadas por su lucha contra el racismo, la represión y las desigualdades,sino, además, por ser mujeres, un factor de riesgo que no sufren los hombres.

“Intentaron intimidarnos y no lo lograron. Sigo de pie”, explica Nonhle Mbuthuma, sudafricana que lidera la lucha de su comunidad contra una empresa minera que quiere extraer titanio en sus tierras ancestrales. Persecución, amenazas, yhasta un intento de homicidio le ha costado esta batalla, pero nada le para porque a pesar de todo sabe que es mucho lo que está en juego: unas 5.000 personas podrían ser desalojadas a la fuerza si se permite a la empresa iniciar operaciones mineras en el terreno.

Defender los derechos humanos en cualquier parte del mundo tiene doble riesgo si eresmujer. Determinadas violaciones de derechos humanos,como la agresión sexual o violación, los ataques a menores o la violencia dentro del ámbito doméstico se infligen de manera específica contra las mujeres. En países donde la desigualdad de género es más visible, las defensoras de derechos humanos también pueden ser sometidas aotras violaciones tales como las restricciones a la libertad de movimiento, o la negación de determinados derechos como la libertad de reunión o participación política.

Silenciar voces

Conocida por el sobrenombre que ella misma escogió, Madre Seta, MeNam es una bloggera en Vietnam que, por criticar la corrupción política fue condenada por las autoridades vietnamitas a una década de prisión. Tras pasar dos años encarcelada fue finalmente liberada con la condición de que saliera deVietnam para ir a Estados Unidos.

También las leyes y prácticas discriminatorias, que a menudohacen uso de ideas sexistas para restringir derechos de las mujeres, determinan la manera en que las mujeres pueden participar en su activismo. No solo de las mujeres, sino que otras personas, como el colectivo LGBTI, puede sufrireste tipo de violencia basada en el género o en la forma de que una persona tiene de percibirlo.

Amnesty International/Sergio Ortiz

Lo sabe bien Vitalina Koval, activista por los derechos LGBTI en Ucrania que ha sufrido violentas agresiones de grupos contrarios a los derechos humanos sólo por alzar la voz contra el odio y la discriminación. En una manifestación pacífica celebrada con motivo del Día Internacional de la Mujer, un grupo profirió insultos y le lanzó pintura roja que le causó quemaduras químicas en los ojos. Pero se niega a rendirse: “Me han agredido muchas veces, pero ya no tengo miedo porque creo que es el miedo lo que lleva al fracaso”.

Estas y otras historias ilustran por qué hablamos de género cuando queremos decir peligro, muerte, ataque, amenaza. De hecho, las técnicas de difamación eintimidación fueron generalmente más utilizadas contra las defensoras que contra sus homólogos masculinos y, a menudo, contienen una dimensión de género: el 23%de los llamados urgentes emitidos por Front Line Defenders en 2017 estuvieron relacionados con amenazas o intimidación a las defensoras por su trabajo, en comparación con el 10% de sus contrapartes masculinos. En algunos casos se trataba de amenazas de violencia sexual, como el caso de Siti Kasim, defensora de derechos humanos y abogada de Malasia, que recibió amenazas online de violación, muerte y agresión con ácido a raíz de unos comentarios que hizo endefensa de los derechos LGBTI.

En determinados contextos está claro que hay que ser muy valiente para protestar. La activista Antena Daemi se manifestó contra las leyes de pena de muerte del país en las redes sociales, así contra otras violaciones de derechos humanos cometidas por Irán, y fue encarcelada. Está cumpliendo una sentencia de siete años de prisión, después de ser recluida en régimen de aislamiento durante dosmeses. A pesar de eso, su sentencia más firme es otra: “Defenderé los derechos de mis hermanas hasta mi último aliento”, le dijo a Amnistía Internacional.

La campañaValiente de Amnistía Internacional tiene por objetivo detener la ola de ataques y acompañar a quienes alzan la voz contra las injusticias, también a todas esas mujeres que a menudo se enfrentan a mayores peligros quesus compañeros. Porque en el 70 aniversario de una declaración sin precedentes, que asentó las bases para que todas las personas sean libres e iguales, no podemos consentir que tengamos tantas historias que se parecen demasiado a las de Nonhle, Me Nam, Vitalina o Antena.

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