Madrid, 21 de julio de
2011. En
los dos últimos años y con la excusa de la crisis, estamos asistiendo a un
debilitamiento progresivo de las políticas públicas de solidaridad que las
Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos realizan desde la década de los 90.
Bajo la consigna de ?cumplir con la normativa en materia de estabilidad
presupuestaria y déficit público?, se están realizando recortes sociales que
afectan directamente a las personas más vulnerables. Desde que se
celebraron las elecciones autonómicas en mayo, esta situación está tomando
dimensiones preocupantes, que nos llevan a alertar sobre peligro de
desmantelamiento de este tipo de políticas.
Históricamente la
lucha contra la pobreza ha sido un objetivo compartido por la ciudadanía y
gobiernos que ha dado buenos resultados gracias al diálogo y al trabajo
conjunto. El compromiso de las ONGD en este sentido es indudable y confiamos en
que todas las fuerzas políticas mantengan de manera unitaria la defensa de la
cooperación descentralizada. En una situación compleja como la que vivimos, esa
fortaleza común debe mantenerse de manera firme; sólo así podremos alcanzar
soluciones conjuntas que sean lo más acertadas posibles y eviten lo que está
ocurriendo.
La reducción de los
fondos para cooperación llevada a cabo representa una media del 0,2% de los
presupuestos autonómicos, una cantidad insignificante que poco contribuye a
tapar los agujeros en las administraciones y que, sin embargo, pone en grave
peligro la realización de proyectos de salud, educación o alimentación en
países empobrecidos y de iniciativas que fomentan la sensibilización de una
ciudadanía comprometida con la justicia internacional y la defensa de los
derechos humanos.
Entre los hechos más
recientes, a finales de mayo, con la excusa del déficit Catalunya anunció un
recorte del 55% de los fondos destinados a cooperación para 2011, pasando de 49
millones de euros en 2010 a 22, en 2011. Resulta cuanto menos llamativo que de
manera paralela se disminuya el impuesto de sucesiones dejando de ingresar una
importante cantidad de dinero imprescindible en un momento de crisis. Por su
parte, La Xunta de Galicia recortó en un solo día 2,2 millones de euros, es
decir, el 45% de la ayuda destinada a desarrollo y eliminó las subvenciones a
proyectos de acción humanitaria y de emergencia.
Denunciamos, además,
?otras nuevas formas de recortes? que ponen en peligro el sistema de
cooperación descentralizada: desde retrasos de hasta dos daños en pagos de
subvenciones ya concedidas, a la negativa de abonar segundos plazos de
proyectos aprobados. Se ha llegado, incluso a requerir la devolución de fondos
ya concedidos. Este tipo de prácticas tienen consecuencias muy graves para
miles de personas porque se traducen en la paralización de proyectos de
desarrollo y también en la suspensión de acciones que fomentan una ciudadanía
crítica y comprometida en nuestros pueblos y ciudades.
Alertamos
también sobre el debilitamiento que están sufriendo las estructuras de algunas
Administraciones Públicas Autonómicas: la supresión de Consejerías y
Direcciones Generales responsables de la cooperación descentralizada es una
pieza más del grave y alarmante retroceso al que estamos asistiendo.
La
crisis no puede ser una excusa y no puede serlo por varias razones. En primer lugar,
por el impacto que estos recortes tienen sobre las personas más vulnerables del
planeta que están sufriendo directamente las graves consecuencias de la crisis
sin haberla generado; hablamos de acceso al agua, salud, educación, alimentación?
derechos humanos básicos que están en peligro. En segundo lugar, supone un
retroceso enorme en la política de cooperación española, -que no lo olvidemos,
debería ser una política de Estado-, poniendo en peligro todo lo conseguido en
los últimos años gracias a la labor de los actores de la cooperación y el apoyo
ciudadano.
La
clase política no debería olvidar que la ciudadanía, a pesar de la crisis,
continúa apoyando la ayuda al desarrollo y que muchas de las
reivindicaciones sociales de carácter global e internacional que estamos
escuchando en estos días en nuestras calles y plazas, son demandas que las ONGD
venimos reclamando hace mucho tiempo.
Reivindicamos
la obligación política de garantizar la solidaridad entre los pueblos a través
de la cooperación descentralizada porque esta no es más que la manifestación
del compromiso de una ciudadanía global comprometida. Este tipo de cooperación
garantiza la participación desde abajo hasta arriba, de un lado al otro,
de personas e instituciones del Sur y del Norte que trabajan mano a mano por un
mundo justo. En una realidad interconectada como la actual no entender
que esta es una forma esencial de trabajar supone tener miras muy cortas y
alejarse de las políticas de cooperación internacionales construidas y
comprometidas durante muchos años.
Las
Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos tienen en su mano la posibilidad de
continuar apostando por las políticas de solidaridad y no dejar en el camino
todo lo que tanto cualitativa como cuantitativamente hemos avanzado en las
últimas décadas. Confiamos en que sean capaces de ello.
Este
comunicado está firmado por la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España y
las 17 Coordinadoras Autonómicas de ONGD.
Más información: Yolanda Polo
Tejedor: yolanda.polo@coordinadoraongd.org
(91 523 4905)