Madrid, 18 de enero de 2010.- La Coordinadora ONGD-España
agradece las numerosas muestras de apoyo de la ciudadanía española
durante los primeros días tras el terremoto de Haití. Sin embargo,
también debe seguir apelando a su solidaridad y a la responsabilidad
del gobierno con las víctimas puesto que la situación en el país, lejos
de mejorar, empeora con el paso de los días. Según las autoridades
haitianas ya son más de 100.000 los muertos, aunque podrían ser muchos
más, y las ONGD que trabajan en la zona apenas dan abasto para intentar
mitigar algunas necesidades básicas de los millones de afectados. Haití
es un país literalmente devastado y su reconstrucción no se llevará a
cabo en los pocos días que los medios de comunicación mantengan su
interés informativo.
Las
consecuencias de un seísmo no vienen determinadas sólo por la escala
Richter sino por la vulnerabilidad de la zona afectada. En ese sentido,
la precariedad en las condiciones de vida de los haitianos, la
histórica devastación de su medio ambiente, la inexistencia de
infraestructura y planes preventivos adecuados a pesar de encontrarse
en una zona de alto riesgo, la violencia endémica del área y la
tradicional inacción de su propio estado y de la comunidad
internacional para fortalecer este debilitado territorio, tienen buena
parte de responsabilidad, aunque no del temblor, sí de su tremendo
impacto.
Esta
catástrofe natural debe, al menos, servir para extraer lecciones
aprendidas y, en este caso concreto, como punto de inflexión en la
historia del país más pobre de Latinoamérica. Es imperativa la
anulación de su deuda y la revisión de políticas comerciales y
económicas que vienen asfixiando el país durante décadas, impidiendo su
desarrollo. Ahora los recursos destinados para la
reconstrucción en ningún caso deben ser condicionados ni generar nuevos
endeudamientos. Más aún, sería momento de que la comunidad
internacional cumpliera con su deber de reparar las deudas históricas,
sociales, ecológicas y climáticas que se han venido acumulando durante
décadas en el país. Estamos oyendo estos días a gobernantes de medio
mundo decir que "estamos con los haitianos" y es momento de demostrarlo atacando no sólo las consecuencias de un episodio dramático sino las causas de su vulnerabilidad.
El
trabajo que las ONGD están llevando a cabo en Haití y en otros
desastres está sujeto a controles para garantizar su transparencia. De
la misma manera, hay que exigir que los bancos que gestionan las
cuentas bancarias de ayuda no realicen ningún tipo de cobro por las
transacciones y garanticen la total transparencia en la canalización de
los fondos.
Desde
la Coordinadora ONGD-España queremos por último agradecer la
colaboración de todas las personas que, de una manera desinteresada y
responsable, están cooperando con todos los afectados del terremoto y
les animamos a continuar haciéndolo (www.coordinadoraongd.org)
