23 Jun 2015

Financiación al desarrollo y agenda post 2015 #FfD3

El próximo mes de julio, los gobiernos del mundo se reunirán en Abdis Abeba para acordar una nueva agenda de financiación para el desarrollo. Será la III Conferencia Internacional que se tenga sobre esta materia, después de las celebradas en Monterrey (2001) y Doha (2008).  Se trata de una Conferencia en la que se intentará llegar a acuerdos que garanticen que habrá los suficientes recursos financieros y medios de apoyo para cumplir con los compromisos de la Agenda de Desarrollo post-2015, que será aprobada en septiembre de 2015.

Este dossier estudia algunos de los aspectos relevantes de la agenda de desarrollo ya que son de interés para un amplio espectro de sectores sociales interesados en la acción de desarrollo y en la promoción de la equidad internacional.

Todo sugiere que se trata de una agenda universal -con compromisos para todos los países cualquiera que sea su nivel de desarrollo- y ambiciosa –tanto por el espectro de temas que aborda como por los objetivos que se propone-. Por ello, para hacer efectiva esa agenda se requerirá de un importante esfuerzo internacional para movilizar los recursos y las capacidades disponibles y promover los cambios de política necesarios para que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) se logren alcanzar.

De entre todos los temas que se abordan en el estudio de referencia, se han elegido seis de especial relevancia. El artículo 1 elaborado por José Antonio Alonso, donde se plantean alguna de las bases deseables sobre las que hacer descansar la agenda de financiación; el artículo 2, elaborado por Carlos Garcimartín, explora las posibilidades que brinda la fiscalidad en los países en desarrollo; el artículo 3, discute los avances que deben realizarse en el ámbito de la cooperación fiscal internacional para acabar con la evasión, los flujos ilícitos y la opacidad 5 en materia fiscal; el artículo 4, de Verónica López Sabater, estudia las posibilidades asociadas a la cooperación reembolsable de carácter financiero; el artículo 5, de Jorge García Arias, discute la relevancia de los mecanismos innovadores de financiación, con especial atención a los impuestos de carácter global; y, finalmente, el artículo 6, de Iliana Olivé y Aitor Pérez, se dedica a analizar el papel de la inversión directa en la financiación del desarrollo.

Descarga el documento aquí.

 

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7 Abr 2015

¿Es inocua nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema del Día Mundial de la Salud 2015 la inocuidad de los alimentos. En la presentación del DMS se explica que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades diferentes y son responsables de unos 2 millones de muertes cada año.

La inocuidad de los alimentos así entendida, en su sentido estricto, es un tema muy relevante de salud pública. Todavía tenemos en la memoria algunas crisis impactantes, como la del aceite de colza deCartel OMS_alimentos inocuossnaturalizado, la de las vacas locas o la de los pepinos en Alemania hace poco más de tres años. En cada caso se produjeron muertes y mucho sufrimiento asociado a esas situaciones de falta de inocuidad de los alimentos.

La OMS apunta a la “cada vez más evidente necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países”, por lo que el Día Mundial de la Salud 2015 se orienta a “fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato”. Pero, ¿qué ocurre después del plato? ¿Es suficiente con garantizar que los alimentos que llegan al plato no contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas?

Sería conveniente tener una visión más amplia de la inocuidad de los alimentos. Si seguimos la definición que nos da la Real Academia de la Lengua, es inocua aquella alimentación que no hace daño. Y si miramos los daños que está produciendo nuestro sistema alimentario, difícilmente podríamos hablar de inocuidad. La obesidad está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas, hasta el punto de ser catalogada como uno de los grandes problemas actuales de salud pública, una pandemia con un coste asociado de más de dos billones de dólares al año, que se va incrementando año a año.

No es casual que en los últimos cuatro años The Lancet haya publicado dos series dedicadas a la obesidad, una en agosto de 2011 y otra a comienzos de 2015. Los expertos la consideran el mayor factor causal de carga de enfermedades prevenibles en muchas regiones, incluso por delante del tabaco. Los datos que aportan apuntan a unos 1.500 millones de personas con sobrepeso y más de 500 millones con obesidad. Su repercusión en la salud es muy alta, ya que está relacionada con el 80% de los casos de diabetes, con el riego de padecer hipertensión, colesterol alto, diversos tipos de cáncer, etc.

Es más fácil ganar peso que perderlo

El análisis del conjunto de factores determinantes de la obesidad es muy complejo, pero las investigaciones señalan que la creciente disponibilidad de alimentos altamente calóricos más baratos junto a las potentes fuerzas económicas que impulsan su consumo –con un marketing más generalizado y persuasivo– conducen inevitablemente hacia el sobre-consumo y la obesidad.

Las campañas de publicidad –incluso dirigidas a público infantil– relacionadas con productos que pueden ser nutricionalmente dañinos parecen no tener límites; los requerimientos a dichos productos desde un punto de vista de salud y nutrición se nos antojan muy laxos. Los poderes públicos responsables deberían analizar el coste humano, de salud e incluso económico que tiene el hecho de no regular adecuadamente la utilización de ingredientes no saludables en la producción de alimentos. No solo deberían pensar cómo estimular a los consumidores hacia dietas más saludables sino también cómo pueden incentivar a la industria alimentaria para que produzca alimentos más saludables (o como desincentivarla para que no produzca tantos alimentos no saludables).

Hace ya varios años, el entonces relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, señalaba que nuestros sistemas alimentarios son “obesogénicos”, generadores de obesidad y que, al ritmo que vamos, en 2030 se producirían 5 millones de muertes de personas menores de 60 años como consecuencia de enfermedades no transmisibles relacionadas con el consumo de una dieta no saludable, es decir, más del doble de las muertes que se producen por el consumo de alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas.

En este Día Mundial de la Salud 2015 convendría que tuviéramos una mirada más amplia, más inteligente, más crítica sobre la inocuidad de los alimentos y que, a partir de ella, se generaran las respuestas políticas adecuadas. La falta de acción de los poderes públicos en este sentido se podría considerar un incumplimiento de sus obligaciones de proteger y garantizar los derechos humanos a la salud y a la alimentación.

José Mª Medina Rey, director de PROSALUS

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18 Mar 2015

2015: un año clave para las mujeres #action2015

En Jordania, una niña siria de 13 años es casada contra su voluntad con un hombre 10 años mayor para aliviar la situación económica de su familia. En Irlanda una mujer muere porque la legislación no le permite interrumpir un embarazo de riesgo. En Bolivia, una indígena camina durante horas para llegar a la clínica más cercana para dar a luz. Y en Camerún, una madre con cinco hijos quiere evitar otro embarazo, pero no tiene acceso a anticonceptivos.  Cuatro historias y cuatro mujeres que representan en carne y hueso el enorme desafío que supone aún garantizar incluso los derechos más básicos de las mujeres.

Claro que sería falso decir que no hemos avanzado. A veces pienso en mi abuela. Aquella mujer de la Suecia profunda que nació unos años antes de que las mujeres de su país consiguieran el derecho al voto y murió poco después de la histórica conferencia sobre la Mujer en Beijing. Ella vivió una verdadera revolución. Un cambio profundo en la familia, en la sociedad y en el mundo. Las mujeres ganaron el derecho al voto. Tomaron las calles para exigir acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones. Exigieron y conquistaron el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Y empezaron a desafiar hasta el propio concepto de ser mujer, aquella categoría que para algunas se había convertido ya en camisa de fuerza.

Las cifras cuentan la misma historia. A nivel mundial, sólo en las últimas décadas más de 500 millones de mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo, se ha reducido la mortalidad materna casi a la mitad y las mujeres han logrado la paridad en la educación primaria en la gran mayoría de los países. Claro que sería falso decir que no hemos avanzado.

Pero sería igual de falso decir que estos avances son suficientes. Seguimos viviendo en un mundo en el que más de 60 millones de niñas están casadas. En el que 47.000 mujeres al año pierden la vida debido a abortos inseguros, la inmensa mayoría en países en los que el acceso a abortos legales está restringido por ley. En el que 800 mujeres siguen muriendo cada día por causas prevenibles durante el embarazo y el parto y 220 millones de mujeres carecen de acceso a métodos anticonceptivos a pesar de querer evitar el embarazo. Si seguimos avanzando al mismo ritmo que ahora, las mujeres lograrán la igualdad en el año 2095, según el último informe del Foro Económico Mundial. Y eso, si sólo entendemos la igualdad en términos económicos.

No podemos permitirnos ese lujo. El feminismo no es, ni debe ser, el arte de la paciencia. Es el arte de cambiar el mundo. Y hoy, 8 de marzo, es el día de inaugurar la gran exposición que lo ponga en el escaparate mundial.

Este año, tenemos dos oportunidades que no pueden pasarse por alto. Por un lado, los países miembros de la ONU están en plena discusión de lo que podrían ser las negociaciones más importantes de la historia para los derechos de las mujeres: la adopción de los Objetivo de Desarrollo Sostenible, cuya cumbre tendrá lugar en septiembre. Por otro, en noviembre, se celebra la Cumbre contra el Cambio Climático. Son dos ocasiones que deben servir para pisar el acelerador. Lo que allí se decida afectará muy especialmente a mujeres y a las niñas que no pueden esperar otro siglo, que tienen su futuro marcado por la capacidad que tengan nuestros líderes de comprometerse con ellas.

Así lo entienden más de 1.300 organizaciones sociales de 133 países, que nos hemos unido en torno a la plataforma ACTION 2015. Nos hemos organizado porque estamos convencidas de que es imprescindible que en esas dos grandes citas se pongan sobre la mesa compromisos firmes para transformar el mundo.

No puede haber desarrollo real mientras no haya igualdad real; mientras existan leyes que discriminan a la mitad de la población mundial; mientras no se asuma un compromiso global de “tolerancia cero” a la violencia de género; mientras el aborto siga estando penalizado y restringido por las leyes; mientras no se prohíba globalmente el matrimonio de menores; o mientras siga habiendo un solo caso de ablación del clítoris.

Mi abuela, en Suecia, vivió una revolución lenta pero fundamental. Ahora ese país es ejemplo de grandes avances por sus políticas sociales, aunque también con pendientes importantes en materia de igualdad. El reto es  lograr que todas las mujeres y niñas del mundo alcancen la justicia y el pleno ejercicio de sus derechos. 2015 es una oportunidad para ello. No la desaprovechemos.

Sandra Johansson, Responsable del área de Derechos de las Mujeres de Alianza por la Solidaridad

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6 Mar 2015

Año Europeo del Desarrollo: agua, mujeres y niñas #EYD2015

Las personas que residimos en España consumimos una media que se sitúa en torno a los 140 litros de agua diarios. Imagina si para obtenerla, en vez de abrir el grifo, tuvieras que recorrer una distancia con uno o varios cubos para llevarla hasta tu casa.

Evidentemente, cuando existe un condicionante físico para el acceso como éste, el consumo se reduce. En este sentido, los datos globales muestran que las personas que tienen la fuente de agua a más de media hora de su hogar recogen menos agua de la recomendada para cubrir sus necesidades básicas de consumo e higiene. Según el PNUD, esta cantidad debería ser de, al menos, 50 litros diarios.

¿Y por qué os cuento esto hoy?

Por muchos motivos, pero el principal es que, dentro del Año Europeo del Desarrollo, el mes de marzo está centrado en las mujeres y las niñas, porque “En muchas zonas del mundo, el mero hecho de nacer niña constituye una desventaja. Muchas mujeres sufren discriminaciones a lo largo de su vida: no van a la escuela cuando son pequeñas, no pueden encontrar trabajos adecuadamente remunerados cuando son mayores, no tienen acceso a servicios sanitarios básicos para ellas o sus hijos, y no tienen derechos patrimoniales o de protección social cuando llegan a la vejez”.

Dicho esto, vuelvo al agua.

En los países del Sur, las mujeres y las niñas son, habitualmente, las responsables de abastecer de agua al hogar. En África, el 90% de esta tarea es responsabilidad de ellas y hay países en los que las mujeres dedican 4 ó 5 veces más tiempo que los hombres a recoger agua. La distancia media que caminan mujeres y niñas en África y Asia con este objetivo es de 6 km. diarios.

Evidentemente, esto tiene graves consecuencias sobre las opciones de mujeres y niñas de salir del círculo de la pobreza. Por poner sólo tres ejemplos:

  • Tener que ir a por agua impide a millones de niñas ir a la escuela. Los datos muestran que la asistencia a clase se reduce notablemente cuando la fuente de agua está a más de 400 metros o 15 minutos desde el hogar.
  • Cuando las mujeres tienen que recorrer largas distancias para asegurar el suministro de agua, no pueden emplearlo en actividades productivas que les permitan acceder a recursos económicos.
  • Cargar durante largos recorridos con cubos llenos de agua provoca serios problemas de columna en la vejez.

En este vídeo que editamos hace unos meses en ONGAWA os contamos con más detalle sobre esta problemática:

Este año, además del Año Europeo del Desarrollo, es el último del Decenio Internacional para la acción “el agua fuente de vida” de Naciones Unidas y es, también, el último año de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No perdamos la oportunidad de poner nuestro granito de arena para que todos (y sobre todo todas) tengan garantizado el Derecho Humano al Agua.

Si quieres, por ejemplo, te animo a sumarte a la marcha y el selfie por el Derecho al Agua que organizamos conjuntamente ONGAWA, Oxfam Intermón y Prosalus el próximo 15 de marzo.

Jorge Castañeda, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

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18 Oct 2014

Derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos #EstoSiEsRiqueza

El mundo 2014. En Jordania, una niña siria de trece años es casada contra su voluntad con un hombre diez años mayor que ella para aliviar la situación económica de su familia. En Irlanda una mujer muere porque la legislación no le permite interrumpir un embarazo de riesgo. En Bolivia una mujer indígena camina durante horas para llegar a la clínica más cercana para dar a luz. Y en Camerún una mujer con cinco hijos quiere prevenir el siguiente embarazo pero no tiene acceso a anticonceptivos.

La pobreza no es sólo, o incluso principalmente, un concepto económico. La pobreza está íntimamente relacionada con la falta de poder de decisión sobre nuestras propias vidas y cuerpos. Es no tener oportunidades ni poder elegir. En este sentido, la violación de los derechos sexuales y reproductivos es a la vez causa y consecuencia de la pobreza y su pleno ejercicio un requisito indispensable para poder acabar con ella.

Las cifras, aunque conocidas, no pueden dejar indiferente a nadie. Más de 60 millones de niñas en el mundo están casadas, 1 de cada 3 contra su voluntad. 47.000 mujeres al año pierden la vida debido a abortos inseguros – la inmensa mayoría de ellas en países donde el acceso a abortos legales y seguros está restringido por ley. 800 mujeres mueren cada día por causas prevenibles durante el embarazo y el parto y 220 millones de mujeres carecen de acceso a métodos anticonceptivos eficaces a pesar de querer evitar el embarazo.

Lo que se esconde detrás de estas cifras tiene consecuencias económicas y sociales incalculables, no sólo a nivel individual, sino para la sociedad en su conjunto. Una niña que se hace madre a los 14 años difícilmente puede seguir con los estudios o incorporarse al mercado laboral. Una pareja pobre con más hij@s de l@s que desea tener no logra hacer frente ni a los gastos más básicos y aún menos invertir en la educación y salud de l@s niñ@s. Y una mujer que muere en el parto es, sencillamente, irremplazable.

Se han hecho avances significativos durante las últimas décadas, pero  la realidad es que son insuficientes y la agenda de la salud y los derechos sexuales y reproductivos sigue siendo en gran medida inacabada, con serias amenazas de retrocesos por parte de los fundamentalismos más recalcitrantes. Ahora es el momento de actuar. Estamos ante una oportunidad única. El año que viene los gobiernos del mundo se reúnen para definir la nueva agenda post-2015 y si queremos lograr un desarrollo justo, equitativo y sostenible una de las prioridades tiene que ser  garantizar la salud y los derechos sexuales y reproductivos para tod@s.

Esperemos que los gobiernos estén a la altura del reto. Porque yo sueño con otro mundo. Un mundo en el que una niña de trece años acaba sus estudios y tiene libertad para decidir si quiere casarse o no. Un mundo en el que una mujer tiene derecho al aborto legal, seguro y accesible. Un mundo en el que una mujer indígena acude al centro de salud de su comunidad para dar a luz de la forma más cómoda. Y un mundo en el que una madre de cinco hijos tiene acceso fácil a métodos anticonceptivos si no quiere aumentar la familia. Porque poder decidir sobre nuestros propios cuerpos: #EstoSiEsRiqueza.

 Sandra Johansson, Coordinadora de Derechos de las Mujeres en Alianza por la Solidaridad

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