9 Oct 2017

La obscenidad de las puertas giratorias

Grandes accionistas, directivos empresariales y políticos giratorios. Si se trata de analizar quiénes son los máximos beneficiarios del actual modelo económico, caracterizado por el papel central que juegan las corporaciones transnacionales en el capitalismo global, no hay duda de que estas tres minorías son las que, con mucha diferencia, más han salido ganando.

Hablamos, sin ir más lejos, de accionistas como Amancio Ortega, que solo en este año se habrá embolsado 1.256 millones de euros en dividendos por sus acciones en la multinacional propietaria de marcas como Zara y Bershka. O de gigantes inversores como BlackRock, que acumula participaciones en cinco de las siete entidades financieras del Ibex-35, así como en otras catorce grandes empresas españolas que cotizan en ese índice bursátil. También de directivos como Rafael del Pino y Pablo Isla, presidentes de Ferrovial e Inditex, que fueron los ejecutivos mejor pagados en España en 2016 con unos salarios respectivos de 15,2 y 10,3 millones. Y, por supuesto, de todos esos políticos y empresarios especializados en dar vueltas a las puertas giratorias, con un listado interminable de miembros del gobierno español y de la Comisión Europea que vienen de estar a sueldo de las grandes corporaciones o que, cuando abandonan el coche oficial, pasan a trabajar para esas mismas compañías.

“El capitalismo de los últimos treinta años, y muy en particular el español, ha estado dominado por el lumpenempresariado”, afirma el filósofo César Rendueles: “Personas y empresas que han amasado gigantescas fortunas estafando, saqueando los recursos públicos, utilizando toda clase de ayudas y privilegios de la clase política”. Son esos supermillonarios que concentran en sus cuentas en paraísos fiscales los beneficios empresariales mientras demandan austeridad a sus conciudadanos y exigen el pago de las deudas ilegítimas a las administraciones públicas. Son esos inversores que antes engordaron sus fortunas con sus acciones en constructoras y petroleras y hoy hacen negocio con los alquileres y la turistización de las grandes ciudades. Son esos ejecutivos que, a la vez que los trabajadores con rentas más bajas no han dejado de ver cómo se depreciaban sus salarios, han incrementado sus retribuciones un 63% en los últimos años. Son esos políticos que tienen un asiento asegurado en los consejos de administración de las compañías del Ibex-35 cuando decidan retirarse de la vida pública y quieran pasar a recoger los frutos del trabajo que previamente han hecho desde los gobiernos.

“Basta de complejos. No creo que por ser rico nadie deba sentirse culpable ni ocultarse. Dejémonos de prejuicios”, decía hace unos años el director de la edición española de la revista Forbes. Pero el caso es que, como se puede demostrar al analizar el caso de los mayores millonarios españoles, la explotación laboral, la corrupción y la evasión fiscal, lejos de ser un cliché, son las prácticas que constituyen el modus operandi habitual del capitalismo español desde sus inicios.

Pedro Ramiro (@pramiro_) y Erika González, del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)Paz con Dignidad.

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4 Oct 2017

Contra la desigualdad obscena: una economía al servicio de las personas y del planeta

En las últimas décadas se ha dado una intensificación del proceso de globalización neoliberal. Las interacciones tanto económicas, sociales, medio-ambientales, como culturales han aumentado en número y en velocidad, y esto ha supuesto que la dependencia entre países haya crecido, haciendo que las fronteras entre los mismos se vuelvan más difusas: lo que ocurre en un país tiene consecuencias en otros territorios y al revés, lo que sucede más allá de sus fronteras también les afecta. Podemos pensar por ejemplo en el recorrido geográfico de la última crisis financiera o el cambio climático.

A su vez, vemos cómo el mantra de esta globalizalización es «crecer para desarrollarse», dando por hecho que el crecimiento económico generará desarrollo y que el aumento de la riqueza se irá filtrando en beneficio de todas la personas. Pero la evidencia demuestra lo contrario.

Los ricos son cada vez más ricos

El neoliberalismo y sus políticas de desregulación y liberalización económica, han contribuido a la expansión de las grandes corporaciones y élites económicas que cada vez tienen más poder y contribuyen a que la desigualdad se incremente a niveles obscenos. Así, los ricos son cada vez más ricos. Tan sólo 8 hombres concentran tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad y el 10% más rico de la población se queda hasta con el 40% del ingreso mundial total. A su vez, el 10% más pobre obtiene sólo entre el 2 y el 7% del ingreso total.

La reducción de la desigualdad exige un cambio transformador, y esto sólo será factible a través de la transformación del modelo económico actual. Así pues, se hace imprescindible un modelo económico que ponga a las personas y al planeta en el centro y que garantice la redistribución de la riqueza a través de una política fiscal internacional justa, la lucha contra los paraísos fiscales y creando  organismos y mecanismos de control para la gobernanza global.

Es precisamente en este cambio de modelo donde la economía social y solidaria (ESS) puede jugar un papel relevante. Más allá de que la ESS haga referencia a organizaciones y empresas con objetivos sociales y medioambientales explícitos, su importancia radica en que constituye un enfoque transformador del desarrollo que implica patrones de producción, consumo, distribución de los ingresos y los excedentes, y relaciones sociales y laborales diferentes, que da a las personas, sus necesidades, capacidades y trabajo un valor por encima del capital y de su acumulación, y propone un modelo socioeconómico más redistributivo y equitativo.

Economía Social y Solidaria como alternativa

La ESS como movimiento social se construye sobre la relación entre lo local y lo global y su principal reto es tratar de que diferentes experiencias logren contribuir a la transformación social. Así, la ESS, junto con las aportaciones de otros movimientos sociales y económicos críticos, busca construir un modelo social, económico y político alternativo, post-capitalista.

Además, desde la economía social y solidaria se trata de incidir sobre la comunidad internacional para que, frente a la lógica del capital, la mercantilización creciente de las esferas públicas y privadas y la búsqueda del máximo beneficio, se construyan relaciones de producción, distribución, consumo y financiación basadas en la justicia, la cooperación, la reciprocidad y la ayuda mutua, tratando de conseguir una mayor justicia global.

Eba Armendáriz Echániz y Freest Saralegui Harries, de Econosmistas sin Fronteras

 

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23 Jun 2015

Financiación al desarrollo y agenda post 2015 #FfD3

El próximo mes de julio, los gobiernos del mundo se reunirán en Abdis Abeba para acordar una nueva agenda de financiación para el desarrollo. Será la III Conferencia Internacional que se tenga sobre esta materia, después de las celebradas en Monterrey (2001) y Doha (2008).  Se trata de una Conferencia en la que se intentará llegar a acuerdos que garanticen que habrá los suficientes recursos financieros y medios de apoyo para cumplir con los compromisos de la Agenda de Desarrollo post-2015, que será aprobada en septiembre de 2015.

Este dossier estudia algunos de los aspectos relevantes de la agenda de desarrollo ya que son de interés para un amplio espectro de sectores sociales interesados en la acción de desarrollo y en la promoción de la equidad internacional.

Todo sugiere que se trata de una agenda universal -con compromisos para todos los países cualquiera que sea su nivel de desarrollo- y ambiciosa –tanto por el espectro de temas que aborda como por los objetivos que se propone-. Por ello, para hacer efectiva esa agenda se requerirá de un importante esfuerzo internacional para movilizar los recursos y las capacidades disponibles y promover los cambios de política necesarios para que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) se logren alcanzar.

De entre todos los temas que se abordan en el estudio de referencia, se han elegido seis de especial relevancia. El artículo 1 elaborado por José Antonio Alonso, donde se plantean alguna de las bases deseables sobre las que hacer descansar la agenda de financiación; el artículo 2, elaborado por Carlos Garcimartín, explora las posibilidades que brinda la fiscalidad en los países en desarrollo; el artículo 3, discute los avances que deben realizarse en el ámbito de la cooperación fiscal internacional para acabar con la evasión, los flujos ilícitos y la opacidad 5 en materia fiscal; el artículo 4, de Verónica López Sabater, estudia las posibilidades asociadas a la cooperación reembolsable de carácter financiero; el artículo 5, de Jorge García Arias, discute la relevancia de los mecanismos innovadores de financiación, con especial atención a los impuestos de carácter global; y, finalmente, el artículo 6, de Iliana Olivé y Aitor Pérez, se dedica a analizar el papel de la inversión directa en la financiación del desarrollo.

Descarga el documento aquí.

 

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5 Dic 2014

#ITF para Salud, Educación y lucha contra el Cambio Climático

Y sin embargo

PROYECCION SKS

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16 Oct 2014

La desigualdad no es inevitable #Bad2014

Hablar de igualdad es hablar de las oportunidades que debe tener toda persona de vivir una vida digna, de escoger su futuro, de ser dueña de su destino, independientemente de dónde haya nacido, sin que el país, el barrio, el hogar, la raza, la religión o el sexo sean un freno a su libertad. La desigualdad restringe esas oportunidades, y hace que las personas que viven en situaciones de pobreza y vulnerabilidad necesiten ayuda para vivir. En ausencia de políticas de educación, salud y protección social que actuen como palanca para garnatizar la igualdad de oportunidades, la sociedad no sólo abandona a las personas que viven en pobreza hoy, sino que además condena a los niños y las niñas que nancen en hogares pobres a crecer en la misma situación.

Detrás de casi todas las desigualdades – de género, de etnia, etc.-, suele haber una componente de desigualdad económica que es determinante. Esta desigualdad económica, de ingresos y de riqueza, entre personas muy ricas y personas con pocos recursos, ha aumentado de manera exponencial en las útlimas décadas. Ya antes de la crisis, el grueso de los beneficios del crecimiento económico fueron a parar a manos de las personas más ricas de planeta, mientras que las personas con menos recursos se llevaban una porción cada vez menor de la riqueza generada. Hoy en día, 7 de cada 10 personas en el mundo viven en un país donde la desigualdad económica es mayor ahora que hace 30 años. La mitad de la riqueza mundial está en manos de tan sólo el 1% de la población o, dicho de otra manera, las 85 personas más ricas del planeta (según la lista Forbes) tienen tanta riqueza como la que se reparte la mitad más pobre de la población, esto es, 3.500 millones de personas. Estos niveles de desigualdad no son sólo éticamente cuestionables, sino que también suponen un lastre para el crecimiento económico, para la capacidad que tiene dicho crecimiento de servir para reducir la pobreza y para el buen funcionamiento de los sistemas democráticos. Es imposible seguir avanzando en la lucha contra la pobreza si no se aborda el problema de la desigualdad. Por su parte, es muy difícil que los sistemas democráticos sean verdaderamente representativos y defiendan los intereses de la mayoría de la población, cuando los niveles de desigualdad son tan elevados; cuando unas pocas personas acumulan tanta riqueza y poder.

La buena noticia es que la desigualdad extrema no es inevitable. Una ciudadanía activa y unos Estados eficaces, con Gobiernos que respondan a las necesidades de sus ciudadanos, pueden y deben actuar para revertir la desigualdad actual. Es posible haverlo si los Gobiernos ponen en marcha sistemas fiscales justos, donde todas las personas y empresas contribuyan en función de su capacidad y riqueza real, y que recauden de manera sostenible lo suficiente para financiar las políticas públicas que garantizan los derechos sociales y la igualdad de oportunidades: la educación y la asistencia sanitaria universales, gratuitas y de calidad para todas las personas, y la protección social para aquellas personas que no pueden valerse por sí mismas en plenitud. La ciudadanía debe implicarse en los procesos políticos, que nos afectan a todos, cumplir con sus obligaciones para hacer valer sus derechos, y exigir a las instituciones públicas y privadas una gestión y una rendición de cuentas transparente. Son necesarias políticas urgentes que equilibren la situación, a través de la aplicación de políticas que redistribuyan el dinero y el poder de manos de las élites a las de la mayoría de la población.

La extrema desigualdad actual perjudica a todos. Es hora de adoptar medidas para crear un sistema económico y político más justo. La ciudadanía debe exigir a sus Gobiernos que adopten políticas que favorezcan la redistribución de riqueza y el poder, que sienten las bases de una nueva sociedad más justa.

Teresa Cavero, Oxfam Intermón

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