7 Oct 2017

Contra la desigualdad obscena, trabajo decente

Conmemoramos, un año más, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Una iniciativa promovida por la Confederación Sindical Internacional (CSI) que, desde 2008, concentra los días 7 de octubre movilizaciones en todo el planeta en defensa de unas condiciones de trabajo dignas.
Este año, Comisiones Obreras sitúa la lucha contra la precariedad laboral en el centro de la reivindicación. El empleo de calidad y con derechos, salarios dignos y un sistema público de pensiones fuerte y sostenible son fundamentales para garantizar al conjunto de la clase trabajadora una vida digna.
Es el momento de intervenir para que el futuro no se construya sobre cimientos de precariedad, para que no se consolide el retroceso en derechos vivido durante la crisis. Una crisis que ha servido de excusa para empeorar las condiciones de trabajo, reducir los salarios y aplicar la receta de la austeridad a los más débiles de la economía, disparando las desigualdades en nuestro país.
Como señala la Confederación Sindical Internacional (CSI), el trabajo decente debe ser un elemento central de las acciones y políticas de los gobiernos para recuperar el crecimiento económico y construir una nueva economía mundial que dé prioridad a las personas. “Los Gobiernos han de prestar atención a las reivindicaciones de los trabajadores y trabajadoras que reclaman salarios decentes, empleos seguros y con derechos, y que deje de ser la codicia corporativa de las empresas la que establezca las reglas de la economía. Esto implica asegurar que los salarios mínimos sean suficientes para garantizar un nivel de vida digno y que todos los trabajadores y trabajadoras tengan derecho a afiliarse a un sindicato y a la negociación colectiva”.
Ya en la primera convocatoria, allá por el año 2008, la Jornada puso el foco en la lucha contra la pobreza y las desigualdades, un objetivo que ha compartido a lo largo de esta década con la campaña mundial contra la pobreza, abordando cuestiones de comercio global, ayuda e inversiones.
Con tan sólo diez días de diferencia, el 17 de octubre, y en este caso junto a la Alianza Española contra la Pobreza y la Desigualdad, volveremos a denunciar la injusticia que encarna un modelo económico que ha propiciado que desde 2015 el 1% acumule más riqueza que el resto del planeta , mientras el 80% de la población mundial considera el salario mínimo de su país demasiado bajo.
Pese a sus distintos orígenes, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza están estrechamente vinculados y nos recuerdan, una vez más, la urgente necesidad de mejorar la distribución de los recursos en este planeta. Porque son inaceptables las altas tasas de pobreza, porque no hay vida digna sin trabajo decente. Es hora de acabar con la #DesigualdadObscena

Paula Guisande, Secretaria de Política Social y Movimientos Sociales, CS CCOO

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7 Abr 2015

¿Es inocua nuestra alimentación?

La Organización Mundial de la Salud ha elegido como tema del Día Mundial de la Salud 2015 la inocuidad de los alimentos. En la presentación del DMS se explica que los alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas causan más de 200 enfermedades diferentes y son responsables de unos 2 millones de muertes cada año.

La inocuidad de los alimentos así entendida, en su sentido estricto, es un tema muy relevante de salud pública. Todavía tenemos en la memoria algunas crisis impactantes, como la del aceite de colza deCartel OMS_alimentos inocuossnaturalizado, la de las vacas locas o la de los pepinos en Alemania hace poco más de tres años. En cada caso se produjeron muertes y mucho sufrimiento asociado a esas situaciones de falta de inocuidad de los alimentos.

La OMS apunta a la “cada vez más evidente necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países”, por lo que el Día Mundial de la Salud 2015 se orienta a “fomentar medidas destinadas a mejorar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena, desde la granja hasta el plato”. Pero, ¿qué ocurre después del plato? ¿Es suficiente con garantizar que los alimentos que llegan al plato no contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas?

Sería conveniente tener una visión más amplia de la inocuidad de los alimentos. Si seguimos la definición que nos da la Real Academia de la Lengua, es inocua aquella alimentación que no hace daño. Y si miramos los daños que está produciendo nuestro sistema alimentario, difícilmente podríamos hablar de inocuidad. La obesidad está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas, hasta el punto de ser catalogada como uno de los grandes problemas actuales de salud pública, una pandemia con un coste asociado de más de dos billones de dólares al año, que se va incrementando año a año.

No es casual que en los últimos cuatro años The Lancet haya publicado dos series dedicadas a la obesidad, una en agosto de 2011 y otra a comienzos de 2015. Los expertos la consideran el mayor factor causal de carga de enfermedades prevenibles en muchas regiones, incluso por delante del tabaco. Los datos que aportan apuntan a unos 1.500 millones de personas con sobrepeso y más de 500 millones con obesidad. Su repercusión en la salud es muy alta, ya que está relacionada con el 80% de los casos de diabetes, con el riego de padecer hipertensión, colesterol alto, diversos tipos de cáncer, etc.

Es más fácil ganar peso que perderlo

El análisis del conjunto de factores determinantes de la obesidad es muy complejo, pero las investigaciones señalan que la creciente disponibilidad de alimentos altamente calóricos más baratos junto a las potentes fuerzas económicas que impulsan su consumo –con un marketing más generalizado y persuasivo– conducen inevitablemente hacia el sobre-consumo y la obesidad.

Las campañas de publicidad –incluso dirigidas a público infantil– relacionadas con productos que pueden ser nutricionalmente dañinos parecen no tener límites; los requerimientos a dichos productos desde un punto de vista de salud y nutrición se nos antojan muy laxos. Los poderes públicos responsables deberían analizar el coste humano, de salud e incluso económico que tiene el hecho de no regular adecuadamente la utilización de ingredientes no saludables en la producción de alimentos. No solo deberían pensar cómo estimular a los consumidores hacia dietas más saludables sino también cómo pueden incentivar a la industria alimentaria para que produzca alimentos más saludables (o como desincentivarla para que no produzca tantos alimentos no saludables).

Hace ya varios años, el entonces relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, señalaba que nuestros sistemas alimentarios son “obesogénicos”, generadores de obesidad y que, al ritmo que vamos, en 2030 se producirían 5 millones de muertes de personas menores de 60 años como consecuencia de enfermedades no transmisibles relacionadas con el consumo de una dieta no saludable, es decir, más del doble de las muertes que se producen por el consumo de alimentos que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas nocivas.

En este Día Mundial de la Salud 2015 convendría que tuviéramos una mirada más amplia, más inteligente, más crítica sobre la inocuidad de los alimentos y que, a partir de ella, se generaran las respuestas políticas adecuadas. La falta de acción de los poderes públicos en este sentido se podría considerar un incumplimiento de sus obligaciones de proteger y garantizar los derechos humanos a la salud y a la alimentación.

José Mª Medina Rey, director de PROSALUS

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20 Oct 2014

La maldición de los recursos naturales #RiquezaqueEmpobrece

África pierde cada año 39.000 millones de dólares en impuestos que las compañías operadoras de petróleo y minerales dejan de pagar principalmente mediante los precios de transferencia entre sus filiales. Si este dato escalofriante del Africa Progress Report 2013, lo comparamos con la Ayuda Oficial al Desarrollo destinada al continente en 2014, que es de unos 55.200 millones de dólares, podríamos preguntarnos si ¿explotamos o expoliamos los recursos naturales de África?     

Ese mismo informe denuncia que en solo cinco contratos de explotación de minerales, la República Democrática del Congo dejó de percibir un precio justo por sus recursos por valor de 1.400 Millones de dólares, el doble de su inversión anual en salud y educación. ¿Quién se beneficia de la riqueza natural africana?

Para la Campaña África cuestión de vida, cuestión debida, este expolio es una causa principal de empobrecimiento del continente africano, que hunde sus raíces en los patrones de producción y consumo occidentales que sustentan nuestro estado del bienestar.  Queremos contribuir a que la maldición de los recursos se convierta en una bendición para las poblaciones africanas.

Las claves para lograr este cambio son:

  1. Cambiar nuestro modelo de consumo y producción occidental que está detrás de los mecanismos de expolio de los recursos naturales. Desde la Unión Europea, que solo produce el 3% de los minerales estratégicos para su producción industrial y tecnológica, la explotación de los recursos naturales de Africa, es una cuestión prioritaria de seguridad que asegura nuestras sociedades del bienestar. Como consumidores tenemos que ser conscientes de la relación directa entre la extracción de coltán por niños en la República Democrática del Congo y nuestro uso y consumo de teléfonos móviles. Igual ocurre con el petróleo, el aluminio, etc.
  2. El consentimiento previo, libre e informado de las poblaciones es imprescindible. Se trata de extender y asegurar para todas las poblaciones, algo que el derecho internacional ya reconoce para las poblaciones indígenas.
  3. Pago de los impuestos debidos por los beneficios de la explotación. El combate de la evasión y elusión fiscal es fundamental.
  4. La responsabilidad social efectiva de la Empresa: transparencia, información no financiera, el reporte integrado de las empresas incluyendo su cadena de valor y la sostenibilidad empresarial.  

 

Saludamos las recientes iniciativas legislativas de la Unión Europea dirigidas a fomentar y mejorar la transparencia de las empresas: la directiva de transparencia, que genera la obligación para las empresas con actividades de industria extractiva y forestal de realizar un informe por país sobre los pagos realizados a gobiernos. La directiva de información no financiera que obliga a las empresas de más de 500 trabajadores a informar sobre impacto ambiental de sus actividades; impacto social y sobre aspectos laborales; respeto DDHH, anticorrupción y sobornos; composición de órganos de gobierno. La propuesta de directiva sobre explotación de minerales en zona de conflicto.

 

Son pasos en la buena dirección, que aún están lejos de concretarse. Desde la Campaña “Africa cuestión de Vida, cuestión Debida”, trabajaremos para que estas legislaciones sean realmente efectivas y contribuyan a incrementar la transparencia en la explotación de los recursos naturales de África, que producirá una mejor gobernanza en los países africanos y una mejora en las condiciones de vida de su población.

 

Javier Sánchez Portela, Coordinador de la Campaña África cuestión de vida, cuestión debida

 

 

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17 Oct 2014

La ruleta de la salud #17O

Ya lo dijo Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, ante la Asamblea Mundial de la Salud en 2001: “En el mundo en desarrollo, el mayor enemigo de la salud es la pobreza”. Lo sabemos todos los que trabajamos diariamente en cooperación y también desde la campaña Pobreza Cero que no ceja en su empeño denunciando todas las situaciones de injusticia a nivel global (http://pobrezacero.wordpress.com).

Las personas en situación de pobreza tienden a padecer mayor número de enfermedades y problemas de salud. Si una persona enferma, su economía familiar se resiente, no puede trabajar, estudiar, cuidar de los suyos… Y quienes menos recursos tienen, a su vez, sufren una mayor exposición a las enfermedades al no tener acceso a la atención primaria básica y a los medicamentos. Siendo la salud un factor determinante en el crecimiento social económico y de desarrollo de las poblaciones, estar enfermo es al mismo tiempo causa y efecto de la pobreza. Estamos entonces ante un círculo vicioso.

A esta cruel suerte de ruleta también se han sumado colectivos de personas en riesgo de exclusión en España. Sí en España (considerado ya el segundo país de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil, superado sólo por Rumanía, según datos de 2013 de Eurostat), como las más de 800.000 personas que perdieron el derecho a la asistencia sanitaria desde que hace dos años el Gobierno aprobara el Real Decreto Ley (RDL) 16/2012, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones.

Con este decreto la asistencia sanitaria dejó de ser un derecho de todas las personas, y pasó a ser una prestación vinculada a la condición administrativa de asegurado, donde no solo se ha aumentado la carga económica directa para las personas, sino que se han restringido ciertas prestaciones a  los ciudadanos que han contribuido a su financiación mediante los impuestos.

Por ello, muchas organizaciones sociales hemos unido fuerzas en una marea blanca para pedir la derogación del Real Decreto Ley 16/2012 y que se restablezcan las condiciones para mantener un Sistema Nacional de Salud, universal y de calidad que garantice el derecho a la protección y promoción de la salud de todas las personas. No juguemos con la salud, ni pongamos a los ciudadanos en el punto de mira de esta cruel y fatal ruleta.

Ocupemos pacíficamente y todos juntos las calles de nuestras ciudades hoy 17 de octubre, por la erradicación de la pobreza y por una sanidad pública, gratuita, universal y de calidad. Súmate a nuestro lema en la Semana contra la Pobreza y contra la #riquezaqueempobrece.

Yolanda Ansón, Farmamundi

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16 Oct 2014

La desigualdad no es inevitable #Bad2014

Hablar de igualdad es hablar de las oportunidades que debe tener toda persona de vivir una vida digna, de escoger su futuro, de ser dueña de su destino, independientemente de dónde haya nacido, sin que el país, el barrio, el hogar, la raza, la religión o el sexo sean un freno a su libertad. La desigualdad restringe esas oportunidades, y hace que las personas que viven en situaciones de pobreza y vulnerabilidad necesiten ayuda para vivir. En ausencia de políticas de educación, salud y protección social que actuen como palanca para garnatizar la igualdad de oportunidades, la sociedad no sólo abandona a las personas que viven en pobreza hoy, sino que además condena a los niños y las niñas que nancen en hogares pobres a crecer en la misma situación.

Detrás de casi todas las desigualdades – de género, de etnia, etc.-, suele haber una componente de desigualdad económica que es determinante. Esta desigualdad económica, de ingresos y de riqueza, entre personas muy ricas y personas con pocos recursos, ha aumentado de manera exponencial en las útlimas décadas. Ya antes de la crisis, el grueso de los beneficios del crecimiento económico fueron a parar a manos de las personas más ricas de planeta, mientras que las personas con menos recursos se llevaban una porción cada vez menor de la riqueza generada. Hoy en día, 7 de cada 10 personas en el mundo viven en un país donde la desigualdad económica es mayor ahora que hace 30 años. La mitad de la riqueza mundial está en manos de tan sólo el 1% de la población o, dicho de otra manera, las 85 personas más ricas del planeta (según la lista Forbes) tienen tanta riqueza como la que se reparte la mitad más pobre de la población, esto es, 3.500 millones de personas. Estos niveles de desigualdad no son sólo éticamente cuestionables, sino que también suponen un lastre para el crecimiento económico, para la capacidad que tiene dicho crecimiento de servir para reducir la pobreza y para el buen funcionamiento de los sistemas democráticos. Es imposible seguir avanzando en la lucha contra la pobreza si no se aborda el problema de la desigualdad. Por su parte, es muy difícil que los sistemas democráticos sean verdaderamente representativos y defiendan los intereses de la mayoría de la población, cuando los niveles de desigualdad son tan elevados; cuando unas pocas personas acumulan tanta riqueza y poder.

La buena noticia es que la desigualdad extrema no es inevitable. Una ciudadanía activa y unos Estados eficaces, con Gobiernos que respondan a las necesidades de sus ciudadanos, pueden y deben actuar para revertir la desigualdad actual. Es posible haverlo si los Gobiernos ponen en marcha sistemas fiscales justos, donde todas las personas y empresas contribuyan en función de su capacidad y riqueza real, y que recauden de manera sostenible lo suficiente para financiar las políticas públicas que garantizan los derechos sociales y la igualdad de oportunidades: la educación y la asistencia sanitaria universales, gratuitas y de calidad para todas las personas, y la protección social para aquellas personas que no pueden valerse por sí mismas en plenitud. La ciudadanía debe implicarse en los procesos políticos, que nos afectan a todos, cumplir con sus obligaciones para hacer valer sus derechos, y exigir a las instituciones públicas y privadas una gestión y una rendición de cuentas transparente. Son necesarias políticas urgentes que equilibren la situación, a través de la aplicación de políticas que redistribuyan el dinero y el poder de manos de las élites a las de la mayoría de la población.

La extrema desigualdad actual perjudica a todos. Es hora de adoptar medidas para crear un sistema económico y político más justo. La ciudadanía debe exigir a sus Gobiernos que adopten políticas que favorezcan la redistribución de riqueza y el poder, que sienten las bases de una nueva sociedad más justa.

Teresa Cavero, Oxfam Intermón

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