5 Dic 2018

Voluntariado: puentes frente a muros

Samanta Fernández-Canillas, Médicos del Mundo e integrante del grupo de voluntariado de la Coordinadora

Cada día de este nuestro calendario occidental nos recuerda que existen 365 causas que como mínimo requieren de nuestra preocupación o interés. A diferencia de una gran parte de ellas, el día 5 de diciembre nos reconcilia con una conmemoración en la que reconocer y agradecer un gesto tan solidario como necesario, una actividad tan comprometida como silenciosa, un modo de vida tan generoso como reconfortante:el voluntariado.

Centrémonos, en este caso, en los miles de personas que de forma desinteresada aparcan por un tiempo su vida familiar, profesional y cotidiana, con el propósito de centrarse en las necesidades de otras personas que viven a miles de kilómetros de sus ciudades de residencia.

*Voluntaria de Médicos del Mundo en los campos Saharauis en Argelia.

El voluntariado internacional mueve al año a un numeroso grupo de personas cuyo objetivo final es el de apoyar conforme a diversos proyectos y acompañar en el plano más humano, a comunidades enteras que resisten a la vulneración constante de derechos, a la carencia de recursos básicos y a la invisibilidad a la que les sometemos desde este mal llamado primer mundo.

¿Son estas personas agentes de cambio?, ¿qué les motiva para emprender un viaje así, tanto el plano geográfico como ideológico? Seguramente cada una de ellas podría aportarnos un enfoque diverso, experiencias heterogéneas incluso opuestas… pero ¿existe un nexo común que englobe a todas estas personas? Las entidades que nos definimos como organizaciones de voluntariado podemos afirmar que ciertamente son muchos los ejes en los que convergen personas de orígenes, culturas e idiomas diferentes, y sin duda uno de ellos es la empatía surgida hacia el malestar y la transgresión ajenos.

Sea como sea, hoy es un día para la celebración de la conciencia en todos sus espacios de calado social, allí dónde miremos, de Burkina a Gaza, siempre nos devolverán historias de una ciudadanía implicada en el cambio, en la metamorfosis más compleja y completa que podamos imaginarnos, potenciando la energía humana como auténtico motor de transformación. El voluntariado construye puentes en un mundo que alza muros, porquelo que nos une como humanidad no sabe de fronteras o distancias.

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5 Dic 2011

5 de diciembre: Día Internacional del #Voluntariado

En 1985 la Asamblea General de las Naciones Unidas decretó el 5 de diciembre como Día Internacional del Voluntariado (DIV) para el Desarrollo Económico y Social. Posteriormente, otras propuestas relacionadas han ido aumentando el interés y la participación respecto al tema. En 1997, por ejemplo, se designó el 2001 como Año Internacional de los Voluntarios (AIV), una iniciativa que fue aprobada por 123 países. Este año 2011, se celebra el Año Europeo del Voluntariado.

Sumarse a esta celebración es reconocer la labor de todas aquellas personas que contribuyen de forma voluntaria y altruista en la mejora de su entorno y de la sociedad. Su implicación favorece la generación de una conciencia solidaria que nos permite involucrarnos en un desarrollo ecuánime y sostenible. La ciudadanía es consciente y asume su capacidad de acción y transformación; un cambio que, tanto individual y como colectivamente, todo el mundo puede –y debe- ejercer.

Un trabajo en equipo.

Las personas no podemos estar ajenas a la comunidad, a la más próxima a nuestra vida cotidiana, y a la comunidad global. La implicación es importante porque cada pequeño gesto cuenta; cada acción contribuye al cambio.

Es bueno salir de la realidad en la que vivimos y aproximarnos a otras muy distintas, con sus características y problemáticas. Así, se aprende a que todo el mundo es vulnerable y se dota al día a día voraz y frenético en el que normalmente nos desenvolvemos, de un matiz de humildad.

El voluntariado existe desde siempre, es algo innato a las sociedades. Es positivo que un organismo internacional le asigne un día en su calendario oficial, pero la  labor de apoyo y ayuda que las personas se prestan entre sí va a continuar, incluso “a pesar” de los reconocimientos institucionales. Porque el voluntariado ha evolucionado; desde unas acciones de apoyo y ayuda ligadas más a la caridad, hasta el voluntariado transformador, revulsivo, que denuncia situaciones de exclusión y trata de cambiar realidades injustas.

Las personas voluntarias prestan sus servicios desinteresadamente a favor de los colectivos más vulnerables, actuando como mediadores entre la ciudadanía y el Estado para canalizar necesidades y demandas que no están siendo totalmente cubiertas por éste. Estas acciones tradicionalmente se han encauzado a través de organizaciones (entidades de voluntariado, ONG, etc.), que se convierten en un instrumento para gestionar esa oferta y demanda de colaboración. Sin embargo, y como dice Jaume Albaigés (@jaume_albaiges) en sublog Tecnolongia: “¿Y si los voluntarios decidieran pasar de las organizaciones?“.

Otro mundo, otro voluntariado.

Una persona voluntaria, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria, altruista, sin recibir remuneración por ello. Pero es precisamente esa elección la que puede llevarle a ejercer su colaboración en lugares y formas que se encuentran fuera de los cauces tradicionales de una organización. En este sentido, tenemos ejemplos claros como el cibervoluntariado o todas las acciones que aparecen desde hace un tiempo relacionadas con las nuevas tecnologías. A esa colaboración, por su planteamiento de “voluntariado online” no se le atribuye el mismo compromiso, constancia, formalidad o poder de cambio que el, digámoslo así, voluntariado de sede. Y es un error.

Los ciudadanos y ciudadanas comprometidos, las personas voluntarias, son capaces de buscar y encontrar cauces de participación distintos a los que habitualmente se venían ofreciendo. Las organizaciones hemos de ser conscientes de que no evolucionamos a la par que esa ciudadanía a la que pretendemos llegar y concienciar. Al igual que el voluntariado, la conciencia solidaria está ahí desde siempre y si esa fuerza transformadora no se ejerce desde una organización, se activará desde otros canales y por otros medios. No es menos válida por ello, simplemente es una alternativa, una vía complementaria y menos formal.

Las maneras de comprometerse han cambiado, porque la sociedad y el mundo han cambiado. Y los espacios donde ofrecer voluntariado han de adaptarse a estos nuevos tiempos y a las nuevas demandas de participación. Comparto la afirmación de Xosé Ramil cuando dice “Esta parte de la sociedad que se compromete, que es solidaria, que es activista en cierta forma, no responde a los códigos tradicionales del compromiso que se han manejado en las ONG, y menos aún de la forma que promueven, en casi todos los casos, las entidades públicas con sus planes de voluntariado”.

Si las personas voluntarias nos están mostrando sus inquietudes, su entusiasmo y compromiso de formas muy diversas, las organizaciones hemos de entenderlo y transformarnos para fomentar y dar valor a la creatividad en esa acción voluntaria.

 

Piedad Martín Sierra

Responsable de Formación

Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España

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